¡¿Qué?!

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Narra Meliodas

Fuimos por las montañas hasta que llegamos a un claro.

-Qué raro. No había visto este claro desde lejos-. Dijo Diane.

-Debe ser por la espesura del bosque-. Dijo King intentando tranquilizarla.

-Puede-. Respondió no muy convencida.

 Empezamos a buscar. Sin duda estaba aquí lo presiento. Igual que los demás.

-Eh chicos, mirad aquí-. Nos señaló Gowther un montón de hojas. -Parece que se mueve-. Dijo con su típico rostro serio.

Todos nos acercamos a ese montón de hojas y las quitamos. Debajo de ellas había una hermosa chica con el pelo negro como la noche esparcido sobre las hojas.

-¿Es una chica?-. Preguntó King. Empecé a observarla.

-Buena cara. Buenos pechos-. Se los toqué. -Buena cadera. Sí, es una chica.

-¡Sólo con mirarla sabes que es una chica!-. Me replicó Hawk.

-Sí sí.

-Como sea, llevémosla a la taberna. Parece herida-. Nos dijo Merlín señalando una fea herida en su hombro. Y no parece de aquí-. Nos señaló su extraña ropa.

-¿Cómo narices se ha hecho eso?-. Preguntó Elisabeth algo preocupada por ella.

-No lo sé. Cuando se despierte se lo preguntaremos-. Dije alzándola y cargándola. Llegamos a la taberna y la dejé en mi habitación.

-Ya me ocupo de ella. Ahora todos fuera-. Nos dijo Merlín. Nos fuimos a la planta baja y esperamos a ver cómo le iba.

P.o.v. Tn

No sé cuánto tiempo llevo dormida, pero noté cómo me alzaban y rato después me tumbaban en una cama. Abrí los ojos lentamente.

-¿D-dónde estoy?-. Dije con voz cansada.

-Estás en una taberna-. Me dijo una mujer de pelo azul y labios carnosos.

-¿Taberna?-. Pregunté confundida.

-Sí. Se llama ''El sombrero del jabalí''-. Me dijo amablemente. -Yo soy Merlín, un gusto-. Me extendió la mano.

-El gusto es mío-. Le dije sonriendo mientras le extendía mi mano derecha. Ella al ver mi tatuaje se sorprendió. -¿Ocurre algo?

-Sí. Ese tatuaje te nombra como uno de nosotros.

-¿Y quiénes sois vosotros?

-Somos los siete pecados capitales.

Había oído hablar de ellos. Incluso a mi reino lejano su mala fama les precedía. Peo me habían rescatado. No eran tan malos como pensaba.

-Por cierto...

-¿Sí?-. Le pregunté.

-Noto algo distinto en ti. ¿Qué eres?-. Eso me dolió. Me estaba tratando como una cosa. -Perdón si te ofendí.

-No pasa nada-. Sonreí para tranquilizarla. Le mostré mis alas. Sorprendida se acercó.

-Guau-. Dijo tocándolas.

-Soy un ángel caído. Vengo de un reino lejano. Pero, ¿te puedo pedir un favor?

-El que sea.

-¿Podrías no contar esto?-. Señalé mis alas. -No me gusta halar de ello.

-Tranquila. Sin tu consentimiento no lo haré.

-Gracias-. Le estreché la mano.

-Ahora bajemos. Todos están preocupados por ti-. Me indicó que bajara por las escaleras. Cuando llegué a la planta baja había bastantes chicos que me observaban detenidamente.

La triste pantera (nanatsu no taizai y tu)¡Lee esta historia GRATIS!