El encuentro - Javier Del Ponte

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La oscuridad reinaba en la pequeña habitación

La oscuridad reinaba en la pequeña habitación. No había ventanas, el ambiente se sentía frío y húmedo. Apenas unos pequeños soniditos provenían del interior de la misma. Una luz blanca y fuerte irradiaba desde la fuente misma de los pequeños toqueteos rítmicos.

Fabián se sentía observado. Miró hacia a sus espaldas dejando que la luz del ordenador iluminara lo suficiente para verificar si esa mirada que sentía tenía ojos o no. Nada.

Dos tecleteos más y tuvo la sensación de que la mirada provenía desde su izquierda. Temeroso, con los labios secos y con un escalofrío que le recorrió toda la columna vertebral giró lento y plagado de miedo en su cuerpo. La abrazadora oscuridad no pudo ser quebrada por la poca iluminación interior. Todo era negro, sin embargo Fabián continuaba mirando fijamente hacia el mismo lugar. Estaba sudando cuando sintió como cada uno de sus vellos se erizaban dejando su piel porosa por unos instantes.

Su respiración se incrementaba estrepitosamente. Mientras su cuerpo parecía haber sido esculpido en esa posición. El único movimiento que se podía percibir eran los golpes de su miocardio, que a cada segundo arremetía con más fuerza.

Fabián tragó con dificultad y volvió su vista al ordenador para escribir unas líneas más. No tenía el valor de levantarse y correr hasta el interruptor de la habitación.

<Solo existen en tu cabeza...> —se dijo intentando convencerse. Respiró hondo intentando borrar sus atemorizantes pensamientos y volvió a teclear.

"Todo estaba oscuro cuando. La muerte caminaba a paso firme y lento dejando mover su túnica al capricho del viento. Disfrutaba cada instante previo sabiendo que llevarse a alguien consigo constituía una preciosa fugacidad. Era placer en extremo, pero, como todo placer, resultaba ser tan transitorio que podría dar la sensación no haber acaecido."

Fabián esperó unos segundos hasta escribir el punto del párrafo mientras evaluaba su producción. Sonrió en la negrura satisfecho de sus palabras.

Una brisa lo arrebató de su momento de satisfacción.

—Ciertamente resulta algo efímero, Fabián —escuchó casi en susurro a una voz que le dirigía sus palabras desde la lejanía.

La muerte había movido su túnica y se acercaba.

El corazón se aceleró a un ritmo cercano al infarto, las pupilas, aunque dilatadas, no podían ver absolutamente nada que no fuera en la pantalla del ordenador. Nuevamente su piel sudaba al ritmo de varios escalofríos que lo recorrían en locas direcciones. Respiraba fuerte y podía escucharse pero hablar resultaba imposible. Su boca estaba seca al igual que su lengua. Inmóvil, mudo y deseando estar delirando permaneció Fabián con las manos tomadas entre sí.

—No temas, Fabián. Estoy halagado por la descripción que has hecho de mí.

Nuevamente la voz que a duras penas logró escuchar. Cosa curiosa, porque la muerte estaba a su lado leyendo aquello que la pantalla permitía ver.

La muerte lo miró y suspiró, deseando por primera vez no realizar su trabajo para que Fabián pudiera realizar el suyo. Pero, como era la muerte, no tenía jurisdicción sobre la vida.

—Lo siento... —escuchó Fabián decir a la voz desde una extraña lejanía. El ritmo cardíaco continuó aumentando hasta ese momento en el que no pudo comprender como un sonido tan lejano podía haber desprendido aliento tan cerca de su oreja.

Nadie muere de susto, pero sí de un infarto.

El corazón de Fabián se detuvo con dolor estremeciendo todo su cuerpo. Cuando la sangre dejó de correr por sus venas la mano derecha se aflojó y dejó de tomarse el pectoral izquierdo.

—Hola, Fabián —saludó cordialmente la muerte, siendo oída con toda claridad.

Él estaba frente a ella, sin miedo, sin dolor y mirándola en el mismísimo lugar a donde debería haber unos ojos. Sintió su mirada e imaginó –nunca supo por qué- que la muerte le regaló una sonrisa de bienvenida en el momento que estiró la mano para guiarlo a través de un camino que solo ella podía recorrer.

De esa manera la historia de Fabián llegó a su punto final, al igual que este breve relato que les legó como el último.

La muerte espera paciente a mi lado hasta este punto final.


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