Capítulo 31 (II)

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Abrumada como estaba, a la joven solo se le ocurrió una forma de no escuchar los pensamientos de todos. Tenía que salir de ese lugar y pronto, antes de que los secretos de sus habitantes fueran de su conocimiento.

El problema era que no podía irse de Elid, ni siquiera para tomar algo de aire en los jardines.

— ¿Qué hago? No... El balcón del último piso. Nunca van a ese y está lejos de la sala de reuniones...

Sin importarle lo que tuvieran que decir sobre la guerra, la morocha subió a una velocidad impresionante. Plantándose frente al balcón en cuestión de un par de minutos.

Para su fortuna, no se había encontrado con nadie durante el trayecto, así que no tuvo que dar explicaciones ni nada. No se sentía con ánimos de estar hablando, y mucho menos sobre algo tan privado.

Madison cerró la puerta del balcón y, a paso lento, se acercó a la baranda y se sentó frente a ella, apoyando su rostro contra los ornamentados barrotes de metal.

"¿Por qué? Yo no quería oír eso, y aun así... Eres una tonta, ¿Por qué querría estar Carter contigo, si apenas y lo conoces? Eres de otra raza. Otro mundo. Tú no puedes darte el lujo de querer a nadie, y menos con lo que dijo Nix... Esos poderes que mencionó, se están mostrando más rápido de lo que creí. Ni siquiera cuando volvimos pude hacer uso de las sombras; no al principio... No lo quiero. Yo soy un narendäe y quiero poder viajar de la tierra a este sitio cuantas veces quiera... Todavía hay muchas cosas que no pude hacer halla, y también deseo ver este mundo."

—No quiero ser una esclava...

Con esas palabras, la joven cerró los ojos y dejo salir un suspiro. Un repentino cansancio se había apoderado de ella, llevándose su conciencia al olvido, así como las recientes revelaciones que había presenciado.

—No puede ser. ¡En verdad que esto es inaudito!... Stella, ¿Estas segura de que viste a Madison hace unos momentos?

La mencionada asintió y dio un par de pasos al frente.

—Sí, y le dije que tenía que venir, pero ella insistió en ir primero a su cuarto; creo que por algo que se le había olvidado.

—No puede ser... Bithër, ¿Podrías hacerme el favor de ir por tú alumna?

—En seguida.

—Y lleva a más para que puedan encontrarla rápido... Este asunto no puede esperar más. Es muy importante.

Tras señalar a unos cuantos seres y a tres de los chicos, la mujer salió con todos ellos de la sala de reuniones y comenzó a dividirlos para que pudieran buscar a la joven por todo el palacio.

Al terminar, todos sin expresión se pusieron en marcha. Los ánimos de Yuhëen se estaban calentando mucho más rápido de lo que esperaba, y si no aparecía la morocha pronto, era seguro de que el regaño iba a ir hacia todos ellos.

—Lënn, ¿Qué se supone que estás haciendo? No...

—No hables, Elliot. Necesito concentrarme para que esto funcione. — La morfe cerró los ojos y una vez más intentó dibujar el rostro de Madison en su cabeza. El ojiazul no comprendía lo que estaba haciendo, pero cuando la mujer señaló un punto por delante de ambos, permitió que hablara. — Siento una presencia desconocida en el último piso de Elid... No entiendo, ¿Cómo es que no sonaron las alarmas de la barrera? Tendrían que haber saltado y... ¡Elliot! ¡Espera!

El chico no hizo caso a las palabras de Lënn y siguió con su camino, con los puños listos por si se encontraba con algún enemigo.

Podía escuchar a la morfe justo detrás de él, así que parte de su confianza permaneció hasta que llegaron al último piso; en donde se detuvó para que esta le dijera el punto exacto donde se hallaba la presencia.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!