Capítulo 31

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Una decisión precipitada


Los pasos de Madison eran amortiguados por la hierba alta que creía cerca del lago. Por más que lo intentaba, no podía alejarse lo suficiente de las palabras que le había dicho Nix, y mucho menos comprendía por qué la había tratado así al final de su conversación. Era como si algo se hubiera apoderado de ella al último momento.

Con esa certeza sobre sus hombros, la muchacha se detuvó frente al lago y tomó asiento con cuidado, procurando no tocar las aguas ni parte del césped a su alrededor. Aun y con esos intentos, pronto la hierba bajo ella comenzó a tornarse amarillenta y seca, al mismo tiempo que el agua cercana se movía creando ondas ininterrumpidas.

Si no creía en lo que le había dicho la álfyr, aquello era suficiente prueba como para comprobar sus palabras.

Ya no era un narendäe.

Ni siquiera se acercaba un poco a su antigua naturaleza.

Oidilian. Esa era la palabra que había usado Nix para hablar de ella, y por más que lo intentaba no conseguía recordar un momento en el que Anna le hubiera hablado de esa raza en específico.

No quería preguntarle. Tenía miedo de escuchar lo mismo que le había dicho la álfyr, o peor, que se comportara igual que como lo había hecho.

"No le diré nada. Tengo que esconderlo a todos... Incluso a mis amigos, que... ¡Carter! Es cierto. Me he tardado más de la cuenta, y si descubren que salí sin permiso me va a ir muy mal"

Despertando de sus ensoñaciones, Madison se puso de pie y volvió a la casa de Nix, en donde se encontró con un irritado Ninfer.

— ¡Con que hay estas! Por un momento creí que no cumplirías tu promesa, niña.

—Lo siento, es que me sorprendió un poco lo que me dijo...

— ¿Sorprender? Si vi cuando saliste corriendo... ¿Fue muy malo lo que te dijo Nix? Ella suele ser sincera en su forma de hablar, pero a mí me sirvió mucho lo que en su momento me dijo.

—Sí. Supongo que tienes razón en eso... Y claro que me sirvió lo que me dijo; aun así duele la verdad.

El gato asintió y le señaló el palacio con una pata.

—Bueno. Ya hablaste, así que creo que es tiempo de que vuelvas a Elid —, tras aquellas palabras, el animal se relamió los bigotes. —Además, no sé tú pero yo tengo mucha hambre.

Con una cabezada desganada, la joven le dio la razón y ambos emprendieron el camino de regreso a su destino. En esta ocasión, Madison se permitió poner a prueba sus músculos. Quería comprobar que tanto podía resistir a una carrera con todas sus fuerzas.

Cuál fue su sorpresa cuando sus piernas tomaron un desenfrenado paso, mucho más rápido del que nunca había conseguido antes.

—Oye, ¿Cuál es la prisa?... Ve despacio.

La voz de Ninfer devolvió a la joven a la realidad. Poco a poco fue reduciendo sus pasos hasta convertirlos en un andar pausado y constante, a lo que el gato lanzó un suspiro y agregó.

— ¡Increíble! Pocas veces había visto a alguien correr así de rápido... Ya hasta llegamos.

— ¿Qué?

La morocha le dedicó una mirada confusa a su entornó, encontrándose con la sorpresa de que el animal tenía razón. Ya estaban frente al palacio.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!