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YONGGUK POV

El muchacho de la isla había regresado ese mismo día. Apareció ante sus compañeros con el rostro escondido en la gorra de su chaqueta y los bolsos que se había llevado consigo la última vez. Lo recibieron como a un héroe de guerra, pero él no parecía tan feliz como los demás. Se notaba cómo sus ojos se movían alrededor de la habitación, intentando encontrar a su compañero de habitación pero, aquel día Junhong había estado demasiado ocupado con sus clases y me pidió permiso para ausentarse de las prácticas. Al darse cuenta de la ausencia del otro muchacho, dejó sus cosas en una de las esquinas de la habitación y comenzó a ensayar en silencio. Durante el tiempo que estuvimos todos en ese lugar, no me dirigió la palabra ni atinó a mirarme, su expresión se mantenía oscura y esa voz estruendosa que tenía no se hizo presente en ningún momento. En cambio yo, cada vez que tenía la oportunidad, lo examinaba intentando comprender qué era lo que me hacía distinto. Quería comprender qué lo hacía merecedor de esos privilegios que Alena le había dado.

Mis manos se movían sobre la computadora portátil pero en realidad no le prestaba atención a nada más que a los movimientos de Daehyun, ahora lleno de energías y ansías de pararse en un escenario. Un ínfimo escalofrío atravesó mi espalda.

"Ella está aquí en el apartamento. ¿Podrías venir antes? No creo que quiera quedarse demasiado tiempo si no le doy explicaciones, y la verdad es que tampoco sé qué decirle."

Mis manos no sentían el peso del teléfono mientras mis ojos leían el mensaje que Junhong me había enviado. Todo parecía flotar. Ella estaba en mi casa en esos momentos y yo podía tomar mi auto y dirigirme a ese lugar sin ningún problema, podría ver su cara y sentir su aroma. Ella estaba en mi casa ¡Dios!

Alena, necesito decirte tantas cosas. Tienes que saber que por ti todo es diferente, que el resto del mundo no significa nada para mí, pero tú... tú haces mis días más coloridos aún con sólo pensarte. No necesito de nadie más, sólo de ti, y aunque jamás haya tenido la oportunidad de dejar que mis sentimientos se fundan en palabras para hacer eco en tus oídos, todo esto existe, el anhelo de tu cercanía y la necesidad de tu compañía. Sé que no fue la manera correcta, intercambiar los sueños de otra persona por tu presencia en ese lugar, pero ¿qué otra cosa podía hacer? Si todavía hay en ti eso que no me permite moverme cuando estoy cerca, que a veces nubla mis pensamientos también... ¿Qué eres?

Viajar al mundo de las fantasías se me había hecho tan común que podía hacerlo sin que los demás lo notaran. Así fue como me devolví a la realidad cuando ya estaba dentro del auto, conduciendo a casa. El resto estaba conmigo también. La electricidad que inundaba mi cuerpo cuando me ponía a pensar en esa mujer, me sobrepasaba. Salí disparado del auto y casi corrí hacia el elevador. Parado frente a la puerta del apartamento, mi corazón parecía ya no existir. Mis manos temblorosas tomaron el picaporte y antes de que pudiera develar mi figura ante ella, el resto de los chicos me alcanzó. Los escuchaba hablar, sabía que estaban siendo demasiado ruidosos, pero mis oídos permanecían sordos. Sólo percibían el silencio que emanaba de mi pecho, vacío.

Sentada en el sillón, ella y esos ojos enormes que me miraron cuando nos conocimos, me esperaban. La saliva no cruzaba por mi garganta, aunque hacía el intento porque tenía que hablarle. Dolía. Aquella mujer era tan hermosa que tenerla frente a mí era doloroso. Sentí de a poco, cómo cada parte de mi cuerpo se alejaba del suelo y el aire se volvía ligero. Tuve por fin el valor de liberar esos prisioneros sentimientos, de amarla sin límites, de ser sólo para ella.

Mis ojos se dirigieron a los suyos pero no la encontré allí. Aunque me encontraba frente a ella, no era yo a quien miraba, no era para mí ese brillo. Sus ojos estaban en él, desesperados, portadores de una intensidad incomparable. Jamás había visto a esos círculos negros prenderse de la manera en que lo hacían por él, nunca me miró así a mí ¿Por qué?

Tuve que adelantarme al escuchar a Junhong, y la luz de la lámpara a mi lado iluminó mi rostro. Alena no podía olvidarse de mi existencia, no podía dejarme caer así. ¿Qué había pasado con aquella mujer que se acercó a mí con ojos suplicantes, la que tenía en su rostro las intenciones de develar todos mis misterios? ¿Dónde estaba ahora?

Me disculpé con los demás y me dirigí hacia ella para tomarla de la mano y llevarla a mi habitación, pero terminé parado a un costado, con la mano estirada mientras Daehyun la escoltaba. Quería tanto que fuera solamente mía, quería sacar el dolor de su pecho y hacerle sentir esa misma felicidad que ella me hacía sentir a mí. Éramos opuestos, ella luz y yo oscuridad, y era esa misma oposición la que pensaba como nuestro lazo más poderoso. Ambos nos necesitábamos y no podríamos continuar sin el otro...pero ese era yo.

El camino hacia la habitación, que usualmente era de unos cinco pasos desde el living, se hizo eterno. Observaba su espalda, su caminar apesadumbrado y temblor desde la poca distancia que nos separaba. Dentro De mi habitación, la invité a sentarse a orillas de mi cama con señas. Daehyun ocupó el lugar a su lado. Cada segundo que pasaba confirmaba que lo perdía todo, que ella no sería mía nunca.

Nada más que silencio quedó entre esas cuatro paredes. La mirada de Daehyun perforaba mi frente, pero no me importaba, mis ojos solamente se ocupaban de ella. En frente de ambos, mi cuerpo que ya estaba dominado por la rigidez típica de mis encuentros con Alena, se apoyaba contra la pared más cercana a la puerta. Él tomaba su mano disimuladamente.

-¿De qué se trata todo esto?

Ella no decía nada, era el muchacho moreno quien preguntaba, con ese tono desagradable que había terminado por contagiarle a Junhong. No sabía qué decirle, me negaba a hacerle conocer de esa mágica historia que atesoraba junto a la silenciosa mujer a su lado. Así como él tenía ciertos privilegios, aquellos encuentros con Alena eran los míos, entonces no debía darle explicaciones de ningún tipo. Era ella quien tenía que escucharme, a quien debía decirle acerca de mis sentimientos, no entendía por qué éramos tres en la habitación. Daehyun se mantenía mirándome, esperando que le respondiera.

-¿En serio no vas a decir nada? ¿Por qué la trajiste?

¿Qué tenía que decirle? No tenía idea que las cosas iban a resultar así. Cuando escuché de Junhong que apenas Daehyun volviera, él cumpliría con su parte, no esperaba que fuera tan eficiente. Todavía me parecía irreal tenerla sentada en la cama a la que yo casi nunca regresaba a dormir. Temía asustarla, que escuchar cómo era que había terminado en nuestro apartamento fuera demasiado extraño para ella y escapara otra vez. No iba a permitirlo. Había sufrido su ausencia en el pasado, no iba a hacerlo de nuevo, de ninguna manera.

Finalmente se paró. Su paciencia se había colmado y decidió que era momento de terminar con aquel insoportable silencio de mi parte. No me daba miedo, es más, sentía que era posible recuperar el movimiento de mis extremidades si aquel muchacho lograba acercarse más. La ira se acumulaba en mi frente mientras mis manos se cerraban en puños. Lo que necesitaba para que mi cuerpo retornara a la normalidad, aconteció.

-¿Qué es lo que quieres? ¿No fue suficiente mandarme a esa isla otra vez? Te pregunté para qué la trajiste y todavía te dignas a quedarte petrificado como si nada. ¿Te ha importado algo alguna vez?

Sus palabras salían como las balas de un tiroteo cuyo único objetivo era yo. Mi vista desenfocada intentaba ahora escapar de aquellos ojos furiosos a centímetros mío.

-En realidad no me importa escucharte, sólo quiero dejarte en claro que no es por ti que regresé. Estoy aquí por ella, porque ella no merece tener al lado suyo una persona cobarde como yo, porque quiero que pueda mirarme como alguien que nunca se rindió, porque lo único que quiero en esta vida es hacerla feliz, porque la amo...

Sabía que iba a suceder, que tendría que escucharlo decir aquello en algún momento. Que supiera no quería decir que iba a soportarlo. Los tensos músculos que habían recuperado su movimiento y se mantenían quietos mientras Daehyun hablaba, tomaron posición y se prepararon para atacar. Lo tomé por la chaqueta y lo acorralé contra la pared detrás de mí. Poco a poco, mi brazo fue descendiendo y cuando lo vi cerrando los ojos, anticipando el golpe, sentí su mano en mi hombro. Por fin habló. La desesperación con la que sus palabras se dirigían a mí, atravesaron mi espalda. Me pidió que me detuviera, dijo que podíamos hablar pero que no lo lastimara.

Alena, si supieras que aquello me hacía querer destruirlo aún más. 

I'm gonna make you love me  [BangYongguk]¡Lee esta historia GRATIS!