Capítulo 20 - Sobrevive (Final)

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Cole

Me detuve en una casa en medio de la nada sintiendo como el efecto dejavú me embargaba. Dejé mi auto cerca de la autopista con la esperanza de tener alguna posibilidad de huida y me encaminé hacia el interior de la caza con mi arma arriba y yo, en guardia.

Analicé la casa: dos entradas, varias ventanas (cuatro abajo, tres arriba) un terreno amplio y desolado. Este en definitiva no sería el lugar de mí muerte.

— ¡Cole! —gritó la voz de Emma. Me giré y bajé mi arma desesperado, intentando localizar el lugar proveniente de su voz. — ¡COLE! —escuché esta vez con más fuerza. Subí por las escaleras rápidamente y mis piernas actuaron por sí solas al entrar a una habitación de la que provenía su voz y no me equivoqué.

Ahí estaba ella. Amarrada de brazos y piernas, con lágrimas en la cara y sangre en uno de sus brazos. Corrí hacia ella y me lancé para verla. Sentí mi pulso acelerarse. Oh, Jesús, ella estaba bien.

—Cole... no debiste venir. —lloró mirándome— lo siento.

—Shh, está bien Emma, está bien. —la consolé mientras limpiaba sus mojadas mejillas y me deshacía de los nudos de las sogas que la retenían. En cuanto la liberé, saltó a mis brazos y cuando por fin la tuve alrededor mío, pude respirar.

Estaba a salvo sólo conmigo, en mis brazos.

—Veo que los trágicos enamorados al fin se encontraron...—canturreó una voz atrás nuestro. Me giré y cubrí a Emma con todo mi cuerpo.

—Basil. No tienes que hacer esto ahora. Déjame llevarla a un lugar seguro.

El hombre sonrió. Maldito infeliz.

— ¿En serio piensas que dejaré que te lleves a la única debilidad y oportunidad que tengo sobre ti? —sonrió con sorna— veo que no me conoces tan bien...

—Bien, habla. ¿Qué quieres?

Su mirada se heló y su semblante se tornó a uno serio por completo.

—Verte morir.

Alcé el mentón. Él no me intimidaría.

—Bien, pero haremos esto fuera de los ojos de Emma.

— ¡No! —gritó ella atrás mío.

Me giré a observarla.

—Está bien, —la tomé de las mejillas— estaré bien.

—Tú no sabes eso.

Era cierto, no lo sabía.

—Estarás bien. —fue lo último que susurré.

Los hombres de Basil aparecieron de entre las sombras y la tomaron de los brazos con fuerza, empezó a patalear y a aruñar a cualquiera que intentase tocarle, como la guerrera que era, pero era en vano, tenía que irse. Porque esto acaba entre Basil y yo, hoy.

— ¡No! ¡COLE! ¡No! —La escuché gritar. Cerré los ojos y cuando pude oír la puerta cerrarse y sus gritos cesar miré a Basil.

— ¿Cómo lo quieres? —pregunté.

—Como hombres, sin armas, de cuerpo a cuerpo.

—Hecho.

Emma

Logré patear en la cara a uno de los hombres, pero el que me sostenía del brazo, me perforó sus dedos en mi herida haciéndome chillar de dolor. Me mordí el labio inferior para no llorar de tal forma... que pude sentir el sabor metálico de mi sangre en mi boca. Mis ojos se humedecieron de todas formas y sentí mi corazón encogerse por el miedo de perder a Cole. Sus hombres me tomaron y me dejaron en una habitación, cerraron la puerta y se fueron.

Corrí rápidamente hacia la ventana, intenté abrirla, sacar las maderas que había en los ventanales, pero era imposible; lo único que estaba consiguiendo era romper mis uñas y hacerlas sangrar.

Miré a mí alrededor y vi una silla de madera junto a mí, la tomé y la estampé contra la puerta llena de furia, logrando que esta se rompiera en pedazos, tomé una de las patas de esta y me preparé.

La puerta se abrió y en un rápido y sólido movimiento le clavé la pata de madera en ojo a un hombre. Saqué el arma y dejé que me salpicara un poco de su sangre.

Miré al siguiente hombre que apareció con uno más a su lado y me preparé. Ambos se acercaron a mí, intenté darle a uno en la pierna, pero fueron más rápidos y me patearon, logrando derribarme. El otro, apartó el arma de mí y me golpeó en el brazo lastimado haciendo chillar del dolor para luego dejarme en el suelo, juego a su compañero sin ojo muerto.

Los minutos empezaron a volverse eternos en mi encierro y cuando creí que estaba por perder la razón y las fuerzas por tanto golpear y rasguñar la puerta, esta se abrió, mostrándome a Basil y no a Cole.

Sentí el pánico invadirme, mis ojos humedecerse y lo único que pude decir fue:

—Cole...

—Vive si es lo que preguntas. —respondió él.

Boté un suspiro de alivio y sonreí a medias.

—Pero habrá deseado morir hoy.

Fruncí el ceño sin entender. Pude percatarme de que el hombre poseía unos buenos hematomas en el rostro que posiblemente, dejarían marca.

— ¿Qué le hiciste?

Él sonrió.

—Digamos que lo volví... mi perra.

Temblé y me acerqué a él.

—No podrás vencerlo, ni a él, ni a mí.

—Oh, eso lo sé. Pero resulta... que, en medio del enfrentamiento, me di cuenta de algo: Encuentro más placer torturando y haciendo de Cole el hombre más paranoico del mundo que simplemente.... Asesinándolo.

— ¿Qué quieres decir? —pregunté.

—Que lo dejaré vivir, pero ahora su vida me pertenece.

—No...—susurré acongojada.

—Oh, sí. ¿Pero sabes qué fue lo más gratificante de todo? Que podré verlo retorcerse del dolor al verte y no poder estar contigo.

— ¡No! ¡No me prestaré para tu enfermizo juego, no otra vez!

—Lo harás. Porque lo amas y si no quieres que tú romeo muera... harás lo que yo te diga para hacer de esto más... entretenido.


Continuará.

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