Capítulo 61. FIN

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Escuché el rechinar de las sirenas a lo lejos y abrí los ojos, dándome cuenta de que no me encontraba en ninguna pesadilla y que habían moratones alrededor de mi cuerpo. Me había hecho bolita en el suelo, llorando, sin poder creer lo que había pasado. Naiara siendo el anónimo… Era casi, no lo sé… Surreal. La chica más inocente, buena y alegre había resultado ser un demonio encerrado en una caparazón de diamante. Era horrible. Y ahora ella había muerto.

Escuché unos pasos detrás de mí, y luego unos brazos calientes y acogedores me envolvieron. Reconocí el olor del cuerpo de inmediato, y lo abracé también, adolorida.

-Mi amor –dijo él, arrodillándose. –Santo Dios, dime que estás bien.
Lloriqueé en su pecho, empapando su camiseta. –Yo no quería hacerle daño.
-No hiciste nada malo, bebé, no hiciste nada malo –me dijo, acariciándome los cabellos. Lo abracé aún más y él plantó besos en mi cabeza. –Está bien, todo acabó, nena…todo por fin acabó.

Tragué saliva mientras observaba a los paramédicos acercarse hacia la pendiente y bajar con cuidado. Incluso escuché que dijeron que tenían que tener cuidado para sacar la cabeza de Naiara porque estaba atrapada entre dos rocas, y sentí cómo se me revolvía el estómago. Suspiré mientras acariciaba la espalda de Harry, intentando tranquilizarme. Todo por fin se había resuelto. Todo estaba terminado. 

*** “Dos semanas después”.

Lean con esto: http://www.youtube.com/watch?v=kWNIwkiJOnc

Esa mañana me desperté con los músculos agarrotados y unas náuseas horribles. La policía había dicho más temprano en la madrugada que había sido encontrada la guarida de Naiara y el teléfono celular con el que operaba, el cual era uno diferente al de ella. No podía creer que una de mis mejores amigas, la que siempre me levantaba el ánimo, la que siempre estaba ahí para mí, la que me decía y me hacía creer cuán linda estaba aunque pareciese un aborto de vaca, había sido la misma chica que nos había torturado a mí, a mi novio y a mi familia durante un largo tiempo, y que ahora estaba muerta.

La noche del accidente donde ella había caído por la misma pendiente inclinada donde había matado a Sheena, los paramédicos me preguntaron una y otra vez si necesitaba una ambulancia. Yo dije que estaba bastante segura de que no lo necesitaba, que estaba bien, pero en realidad yo no lo estaba, todo esto había sido simplemente traumático.

Pero ahora sólo me quedaba seguir adelante, y aceptar que todo esto estaba sucediendo de verdad. Y quizás si yo dejaba de ser tan egoísta y darme cuenta de que todos habían sufrido igual que yo, tal vez yo pudiera moverme y continuar mi camino. 

Me levanté de la cama bruscamente, apartando con violencia el brazo de Harry de mi hombro y corrí al baño a vomitar, sintiéndome realmente enferma. Me senté frente al váter, y comencé a desechar mis líquidos por mi boca. Desde hacía una semana me venía sintiendo algo mal, y supuse que tal vez fueran efectos secundarios de casi haber muerto y de tener un trauma mental de por vida.

Harry se acercó a mí, sosteniéndome por el abdomen, masajeando y descansando su mentón sobre mi hombro, y apoyándose en la pared conmigo en brazos, una vez que terminé de vomitar. Tragué saliva.

-No me beses. Apesto a vómito –me quejé. Oh, y también había estado de mal humor. Una perfecta combinación, ¿no?
-Nena, ¿no has pensado en ir al médico? –me preguntó, acariciándome el estómago con los dedos. –Esto no es normal.
-No seas dramático, claro que es normal –repliqué. –Tal vez sea por… por la mierda ésta que acabamos de vivir –suspiré y cerré los ojos, descansando mi cabeza en su pecho. Él suspiró.
-Pero es que simplemente no me parece normal –me dijo, y yo suspiré de frustración. –Mira, estuve pensándolo, y… vale, toma.

Abrí los ojos e incliné la cabeza levemente hacia abajo, para encontrarme con su mano pálida sosteniendo una prueba de embarazo en blanco. Fruncí el ceño y la agarré.

-Estás demente –le dije, rodando los ojos y levantándome torpemente del suelo. Él me sostuvo de las caderas y se levantó también, poniéndose frente a mí. Me dio un beso en la mejilla.
-Inténtalo, ¿sí? –sonrió, tomándome de las manos. –No me molestará el resultado, sea cual sea.

Tragué saliva y cavilé. ¿Podría yo estar embarazada? Quiero decir, ¿qué? No podía ser posible. Apuesto a que sólo es mononucleosis o lo que sea. Suspiré.

-Vale, pero tienes que salir para poder hacer esto –le dije, y él sonrió, emocionado, dándome un beso en la mejilla. Cinco minutos después, miré la prueba y me quedé helada.

-Santa vaca –susurré.
Epílogo.

Siete de la noche. Harry y yo estábamos viendo una película en la sala de nuestra nueva casa en Manchester. Todo aquí era verde, verde, verde. Incluso hasta parte de las aceras lo eran. El sol siempre brillaba pero la temperatura no se cansaba de ser helada. 

Pero seguíamos siendo los mismos… O algo así. El cabello castaño de Harry seguía arremolinado hacia arriba, su nariz seguía igual de respingada que siempre, sus labios en forma de corazón tenían la costumbre de siempre ser mordidos por unos dientes brillantes, y su interés por la Medicina había sido llevado a la Universidad. Yo iba en mi último semestre de Periodismo, y en unos meses iba a graduarme. Por fin todo se había terminado, y habíamos recibido dos hermosas noticias.

Se escuchó un llanto de bebé, y Harry gruñó sobre mis piernas. –Te toca esta vez –me dijo, y yo rodé los ojos, dándole un golpecito en el hombro.
-Eres un mártir –me reí, y él sonrió. Me apresuré hacia el cuarto rosado con dibujos de princesas en las paredes y estantes de pino repletos de muñecas. Me asomé en ambas camas y me puse las manos sobre las caderas.
-De nuevo Darcy –dije, arqueando una ceja. Ella paró de llorar y sonrió. Me froté las manos sobre los muslos y me apresuré hacia delante, dejándome caer sobre mi trasero en el suelo. Darcy, de cuatro años, era la que más lloraba y la que menos hablaba, osea yo. Y Harryo, de cinco, siempre tenía algo que decir y era demasiado peleona, o sea Harry. Tal para cual.
-¿Se puede saber por qué lloras de nuevo? –le pregunté dulcemente, poniéndome justo en el medio de ambas camas. Harryo se sentó sobre la cama.
-De nuevo le dije que no puede casarse con papi –respondió ella.
-Sí puedo –lloriqueó Darcy, y Harryo rodó los ojos.
-¡No es cierto! –gritó.
-¡Eh, eh, eh, espera! –dije, por encima de ambas, y volteé hacia Darcy, cuyos grandes ojos verdes me miraban fijamente. -¿Cómo es eso, Darcy? –le pregunté, y ella se secó los ojos con su manito.
-Es que, es que –titubeó -. Mami, ¿yo puedo casarme con papi?
Me reí. –No, cariño, no puedes casarte con papi –le respondí, apoyando mi barbilla sobre la cama, mirándola. Ella hizo un puchero sin intención.
-¿Por qué no?
Extendí mi mano para acariciar su oreja. –Porque él está casado conmigo, amor.
-Y si no me caso con papi, ¿algún día voy a poder casarme con otro? –me preguntó, y yo sonreí.
-No hasta los treinta –respondió una voz desde la puerta, y las tres volteamos.
-¡Papi! –gritaron al unísono, y él sonrió, sentándose frente a mí. Harryo corrió a bajarse de la cama y se tiró en el regazo de Harry, y Darcy hizo lo mismo conmigo.
-¿Por qué estaban hablando de matrimonio, Skylar? –me preguntó él, y yo reí.
-Darcy quiere casarse contigo, papi –respondió Harryo, y Harry arqueó las cejas.
-¿Enserio?
Darcy se ruborizó. –Sí. Se ve que mami se la pasa feliz contigo, y eso no pasa siempre –respondió. Harry ahogó una risita.
-No es cierto, ella siempre es igual de amargada –bromeó él, y yo le lancé un peluche. Seguidamente, los tres rieron. -¿Lo ven?
-Siempre soy la mala, ¿eh? –me quejé, y Harry se inclinó para darme un beso en la mejilla. Rodé los ojos y comencé a juguetear con el rubio cabello de Darcy, sintiendo las miradas de todos encima. Se produjo un silencio incómodo en el cuarto rosa, y Harry apagó su sonrisa. Levanté la vista, y luego me levanté yo también.
-¡A que no me atrapan! –grité, saliendo disparada por la puerta, mientras Harry, Darcy y Harryo corrían detrás de mí. -¡Vamos, vamos! ¡Me estoy escapando! –les grité sobre el hombro, riendo, y los cuatro nos mantuvimos gritando y corriendo y jugando hasta que nos cansamos. Y así, cada noche, hasta que algún día ellas tuvieron que crecer, y nosotros también.

Fin.

espero que le aya gusta:)

Lost- segunda temporada-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora