capitulo 58: el tiempo se acaba

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Skylar’s POV:

Cuando crucé el umbral de la Universidad de Arizona, miré todo detalladamente, sintiéndome parte de la escena del crimen. Había una pancarta gigante pegada encima de la puerta de la entrada, revelando un “Katherine Osmelia Fitz” acompañada de una foto de ella sonriendo. Bajé la mirada, tragando saliva, y seguí caminando hacia el interior de la Universidad con los puños apretados contra las costillas.

Se escuchaban los cotilleos a lo largo y ancho del pasillo, pareciéndome como que todos iban dirigidos hacia mí, aunque evidentemente no lo eran. Era como escuchar un siseo constante de culpa pululando en mis oídos, a pesar de que yo no había participado en el crimen. Pero, al mismo tiempo, había involucrado a una inocente en todo este asunto al insistir en que ella era el anónimo. Así que, indirectamente, yo la había matado. La sangre de Fitz estaba en mis manos. 

Aunque tal vez debiera apartar todos esos pensamientos de mi mente y confiar en el hecho de que el anónimo lo había hecho realmente. Quizás todo lo que necesitaba era dejar de echar toda la culpa sobre mis hombros y ser un poquito más madura acerca de todo esto. Tal vez, con todo esto, había descartado a una de las personas que probablemente pudieran estar involucradas en esto, y efectivamente estaba a un paso más de descubrir a quien me estaba desgraciando la vida.

Me detuve abruptamente frente a una vitrina rodeada de fina madera de caoba que pareció haber saltado frente a mí gritándome “ERES CULPABLE, ERES CULPABLE” en la cara. Respirando agitadamente, deslicé mis ojos a lo largo de las fotografías y trofeos y diplomas pertenecientes a Katherine que se mantenían encerrados dentro de la vitrina, y luego me detuve a mirar el pequeño monumento a su memoria repleto de peluches, flores frescas agitándose dentro de un jarrón, y varias cartas dedicatorias. Casi me reí. Era extraño cómo todo el mundo la odiaba hasta el día de su muerte. 

-¿Sabes por qué las personas echan más flores a los muertos que a los vivos? –dijo una voz suave en mi oído, y yo giré la vista. Era Alison. Tenía una sonrisa benévola en su rostro, y su cabello estaba peinado hacia atrás en una coleta. –Porque es más poderoso el remordimiento que la gratitud.

Tragué saliva, y ella se cruzó de brazos como si helara de frío, y se acomodó a mi lado derecho, mirando el altar fijamente sin ningún signo de malicia. No le quité la mirada de encima.

-¿Estás enterada? –le pregunté.
-La mataron en la entrada de su casa de un balazo. Lo hicieron antes de que ella misma se suicidara al no poder más con el hecho de que su hija biológica ha sido asesinada –dijo con voz inexpresiva, sin apartar la vista de la mesita donde las flores frescas se agitaban y las luces de las velas titilaban. Me dieron escalofríos, y me estremecí.
-¿Cómo sabes eso?
-Mi tío tiene un amigo que trabaja en la unidad forense –me dijo, al fin mirándome al rostro por un nanosegundo. Asentí vagamente, y tragué saliva.
-Parece que no tendremos Inglés avanzado hasta que consigan a otra persona –me dijo, poniéndose de frente y sonriendo. 
-A-así parece –titubeé.

Ladeó la cabeza, y ambas echamos a caminar hacia el campus. Todo el mundo había llegado ridículamente temprano, porque obviamente todos se imaginaron que iban a armar todo esto. Excepto yo. Yo estaba rezando porque no hicieran mucho escándalo.

En el patio, las personas se extendían alrededor de todo el área, pareciendo como hormigas cuando los mirabas de lejos. Los árboles se agitaban con el viento seco y el sol me quemaba la piel. Caminamos en silencio hasta dejarnos caer sobre el césped recién cortado, y suspiré, mirando a lo lejos. Alison se acomodó también, y suspiró al tirar su mochila a su lado.

-Yo no estaba segura de que debía decírtelo, sabes –habló. Me obligué a apartar mi mirada del umbral, convenciéndome a mí misma de que Harry no iba a llegar ahora, y miré a Alison, quien estaba con su mirada azuleja clavada en mí, también. Esperé. Ella suspiró y desvió la vista.
-Era difícil para mí. Tú sabes… contárselo a alguien. Me resultaba embarazoso tener deudas de drogas regadas por ahí… Así que, no lo sé –dijo, humedeciéndose los labios. –Al principio fue fácil negociar con Byron. Nadie lo sabía. Así que continué frecuentándolo hasta que ya no pude pagarle debido a que necesitaba pagar la habitación de un Motel mientras Niall buscaba un lugar, sabes. Mi mamá y su nuevo novio se han mudado, así que ellos ya no me aceptarían de regreso. Da igual, bueno, um… Él… Él dejaba pasar las deudas una a una, asegurándome que aceptaría que se las pagara después porque me veía una buena chica. Supongo que me aproveché de eso y me tomé mi tiempo… Fue sorpresivo verte abrir la puerta de su casa justo el día que iba a pagarle, sabes. Fue incómodo. Así que supongo que mantuve mi distancia para que no pudieras enterarte de nada –suspiró. –Me siento tan, tan mal al respecto. Sé que debí habértelo dicho en primer lugar. Es sólo… es sólo que no sabía el concepto que tenías de mí entonces. Bueno, sigo sin saberlo, en realidad. Tienes otra mejor amiga, forjas una carrera, un novio, amigos nuevos… No lo sé. Supuse que ya no ibas a aceptarme de vuelta.

Tragué saliva, conmocionada. Así que ella tenía la misma sensación acerca de mí al respecto. Evalué mis pies forrados en mi fiel par de Converse negros y acomodé los bordes de mi pantalón para ocultar el calcetín. Tragué saliva una vez más, sin estar segura de decir algo coherente ahora mismo.

-Lo primero que pensé fue que estabas acostándote con él y que por eso preferiste pasar de mí –le dije, y ambas nos echamos a reír estúpidamente, quedándonos en un silencio inmediato. Chasqueé la lengua. –Fue extraño que volvieras aquí y que ya no quisieras hablarme más. Fue, como… No lo sé. Woah. Que un día eres mi mejor amiga y el otro soy un chicle pegado al pupitre.
-No quise hacerte sentir eso –dijo antes de que terminara la frase, y ambas suspiramos al mismo tiempo. –Me dolió mucho dejarte, Skylar, sabes.
-No tenías que hacerlo si dolió –respondí. Ella asintió, y bajó la mirada hacia su mano, la cual posicionó precariamente encima de la mía, que se hallaba apoyada sobre el césped. Ambas nos miramos, y sonreímos.
-Te extraño, mejor amiga –me dijo, con lágrimas cruzando sus ojos azules. Un nudo se formó en mi garganta, y las lágrimas comenzaron a picar en mis ojos.
-Yo también te extraño, mejor amiga –respondí. Entonces, ambas nos abrazamos muy fuerte, gimoteando. Dios, cómo la había extrañado, y ahora ella estaba justo aquí. Porque, tal vez sí fuera cierto que todo lo que sube, algún día tiene que bajar.

***

Resultaba bastante irónico entrar a mi propia casa sintiendo miedo. Aunque, relativamente, ésa no era mi casa, y tampoco la de mi madre. Era la guarida de un narcotraficante paupérrimo que sólo quería destruirnos, si es que de por sí no era el anónimo. Quiero decir, estaba viviendo bajo el mismo techo con un acosador narcotraficante. ¿Por qué siempre me sale la lotería gorda a mí?

Tiré la mochila sobre la pila de bolsos amontonados en el suelo al lado del perchero de madera de pino y di pasos cuidadosos hacia delante, como si hubiera granadas escondidas en el suelo. Y la verdad, me resultaba difícil no pensar eso.

Intenté correr escaleras arriba y encerrarme en mi habitación. A Amanda le tocaba guardia en la clínica hoy, por lo que no llegaría hasta en la madrugada, ya después al día siguiente tendría todo el tiempo libre del mundo para pasarlo con su prometido-narcotraficante-que-quiere-matarme. Me dieron pegajosos retortijones en el estómago con el solo hecho de pensar en ello. Era repugnante. Quiero decir, se me hacía imposible no relacionar a Byron con todo el asunto del anónimo. Al principio, mi nivel de estupidez llegó tan alto que incluso llegué a pensar que habría alguien nuevo en la familia totalmente ajeno a todo esto. Y tal vez no era como que todo girara alrededor de que tengo la jodida suerte de que todo el ser viviente que conozco está relacionado con gángsters, sino que, precisamente, todas las personas metidas en este asunto querían terminar de acabar conmigo y con Harry. Y no me pregunten la razón, que en el mundo siempre habrá gente con ganas de joder.

-¿No vas a salir con tus amigos? –preguntó una voz grave desde el pie de las escaleras. Apreté los ojos queriendo morir. Mierda. Me di la vuelta sobre mis talones, cambiando mi peso de un pie a otro. ¿Era mi idea o su rostro lucía más retorcido de lo normal?
-No –respondí, pareció casi una pregunta, tragando saliva. Él me observó y subió un par de escalones, apresurándose hacia mí. Quise retroceder unos escalones más atrás, pero entonces supe que si lo hacía, me caería, y no sería muy agradable no poder correr con mi vida. 
-Qué divertido, tú siempre sales con tus amigos –comentó amablemente, borrando su sonrisa maquiavélicamente. –Tú siempre escapas.
-Me mordí con fuerza el interior de mis labios, sintiendo la caliente e impaciente mirada de mi a-ser-padrastro. –No sé de qué hablas –murmuré.
-Oh, yo creo que sí sabes –me miró, intimidándome, de repente haciéndose más grande que yo. –Creo que sabes exactamente de lo que hablo. No creas que no sé lo que está ocurriendo. No creas que no lo sé todo.

Intenté mantener una expresión neutral, y juro que lo hice, pero se sentía como si pelotas de ping-pong rebotaran en mi estómago. ¿Byron estaba admitiendo que él era el anónimo?
Sentí el almuerzo de hacía cuatro horas pesar terriblemente en mi estómago. Unas ramas golpetearon contra la ventana, sacándome de la duda de que estaba soñando. Un perro ladró fuera en el patio, y Byron estaba tan cerca que sentía su repulsivo aliento con olor a ron cerca de mi rostro. Puso una mano fría y dura como el hielo en mi brazo, apretando con fuerza. –Escucha, y escucha bien –susurró con los dientes apretados. –Todo lo que quiero es lo que me pertenece. No creo que eso sea mucho pedir. Y si no me es dado, puedo –y lo haré- ir a grandes distancias para asegurarme de obtenerlo. Puedo jugar sucio, muy sucio. Y pásale el mensaje a tu amiga, ¿entendido, “hijita”? –sus labios se torcieron en una cruel sonrisa, y sus uñas se enterraron en mi piel. Mi mandíbula temblaba. Estaba sola en casa con él. Harry no podría protegerme ahora.
Asentí con la cabeza, y así mismo, me soltó, y bajó las escaleras a trompicones, haciéndome querer empujarlo y acabar con esto de una vez. Pero tenía miedo. Tenía que impedir su matrimonio con mamá como fuera posible.

Me di la vuelta de cara a mi habitación, y me detuve en seco. Había una notita pegada a la puerta ondeante con el viento. Las palabras escritas con rojo carmesí estaban garabateadas, como si el apuro y el desenfreno estuvieran poseyendo a la persona que lo escribió.

“Tic-tac, Skylarkins. ¡El tiempo se acaba!”.

Lost- segunda temporada-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora