capitulo 55

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Skylar’s POV:

Dos semanas después.

Faltaban menos de dos semanas para que mi madre al fin se vistiera de blanco y cruzara un podio para firmar sus votos con un hombre que estaba comenzando a caerme peor que una patada en el estómago. Hacía como tres meses, había estado esperando este momento fervientemente. Principalmente porque necesitaba que mi madre se olvidara un poco de todo el asunto de mi padre y reanudara su vida como todos lo estábamos haciendo, lastimosamente, sin ella. Y también en parte porque Byron me parecía un buen tipo. Quiero decir, ¿qué clase de tipo se escuda bajo la identidad de un fiel y confiable empresario millonario y mete a su prometida y a su hija en su casa para hacerlas olvidarse de sus problemas y comenzar una vida nueva? Debía ser uno bueno. 

Pero, últimamente, la idea se me estaba esfumando lentamente de la mente. Ahora la rutina de Byron era observarnos a mí y a Harry con una sonrisa tétrica en su rostro mientras nos dirigíamos hacia la Universidad en el nuevo auto de mi novio, y no me gustaba para nada la idea de ser observada por tantas personas a la vez, si es que contábamos con las advertencias mortíferas del anónimo/acosador. 

Esfumé todos esos pensamientos de mi mente mientras me probaba el vestido de dama de honor frente al gran espejo de la tienda con olor a una nube de varios perfumes y telas. No podía concentrarme en cómo se me veía. No lo calificaba como algo espectacular u horrible. Sólo me veía a mí misma con un vestido encima. Sólo eso. No podía concentrarme, porque algo dentro de mí indudablemente me decía que algo estaba mal.

Todos estaban raros al respecto al casamiento de mi madre. John y Matt se intercambiaban miradas incómodas, Harry evadía nerviosamente el tema, Alison se aplicaba mil capas de brillo labial en vez de hablar del tema. Estaba a punto de pensar que los únicos que estaban bien al respecto eran Amy, Naiara, Zayn y Liam, pues eran los únicos que no estaban actuando como si un complot se cociera a mis espaldas. Y me sentía extraña al respecto. Muy, muy extraña.

¿Qué estarían escondiendo todos? Porque justo ahora me sentía como una tonta. Suspiré, arrugando la frente, y desenterré de mi mochila mi teléfono, deseando recibir algún mensaje de Amy para salir a algún lado y no tener que pensar sobre esto. O incluso del anónimo, para desviar mi atención de todo el rollo del casamiento de mi madre y el hecho de poco a poco me estaba consumiendo la duda.

Pero la bandeja estaba vacía. Y no era que estuviera vaciándola constantemente para asegurarme de que nadie me estaba escribiendo ni nada.

Me miré al espejo otra vez, resoplando mientras masticaba incansablemente mi chicle. Tragué saliva y deseé arrancármelo de encima e irme a casa e impedir que todo esto de la boda se hiciera. O tal vez inventarme alguna mononucleosis el día de la boda y quedarme acurrucada en la cama. Pero simplemente no podía hacerle eso a mi madre. No cuando estábamos hablando de la felicidad de quien me dio la vida.

Cyrus se posicionó detrás de mí, masticando su chicle al igual que yo y poniendo las manos en sus caderas, mientras me veía a través del espejo. Cuando comparé su rostro con el mío, me di cuenta de lo triste y demacrada que me veía. 

-Eres tan parecida a tu madre –comentó, arrugando las esquinas de sus ojos al sonreír. Sorbí por la nariz y me froté las manos sudorosas en los muslos, de repente queriendo vomitar. Yo no quería parecerme a Amanda en lo absoluto.
-¿Cómo estás? –le pregunté en voz baja, y él se sentó en el mueble donde posicioné todas las opciones de zapatos de las cuales no pude distinguir diferencia alguna, apartándolas a un lado. 

Quiero decir, ¿cuán raro es que tu ex esposa a quien todavía amas se va a casar con otro hombre en unas semanas y tú te ofreces a comprarle el vestido de dama de honor a tu hija? Era como auto apuñalarse, pero, sin embargo, él no decía una palabra. Y lo admiraba por tener el poder de tragarse todo su dolor y esbozar una sonrisa para no preocuparme. 

-Oh, bien, me parece que ése te queda muy bonito –sonrió, y yo choqué mis manos contra mis piernas, sacudiéndolas, y me senté a su lado, alargando las piernas para cruzarlas libremente sobre la alfombra esponjosa blanca perteneciente a la tienda.
-Puedes engañar a mi madre, a Byron, pero no a mí –le dije, mirándolo fijamente. Él posicionó su mirada azuleja en mí, y rodeó un abrazo protector alrededor de mi espalda, y yo apoyé mi cabeza en su hombro, olisqueando el perfume perteneciente a mi papá. Al que, a pesar de todos los errores que había cometido en su vida, me dio la vida y nunca se arrepintió de eso. Nunca me negó. ¿Por qué yo no iba a hacer lo mismo por él?
-Ven aquí –me dijo, frotando mi brazo desnudo mientras yo miraba ciegamente hacia una pila de cajas de zapatos amontonadas una sobre la otra. Seguidamente, suspiró profundo. –Sé que no es exactamente como pensaste que terminaríamos tu madre y yo. Pero, bueno, hija, así es la vida.
-Pero, papá –suspiré, cerrando los ojos por unos segundos, frustrada. –Ambos sabemos que ella no quiere hacer esto.
-No hables por ella, Skylar –me advirtió. -¿Sabes? Ella está a punto de casarse, hija. Y para hacerlo, de seguro que debe ser feliz con él, sabes…Yo lo acepté. Tú también deberías hacerlo.
Me mordí el labio. –No estoy segura –le dije, cerrando los ojos mientras fruncía el ceño con fuerza. Tragué saliva para no decirle que no estaba segura de que Byron en realidad no quisiera esperar a ser su esposo para hacerle daño, al igual que a mí. Tenía miedo. 
-Mira, te diré algo –me dijo, soltándome de su agarre al tiempo que yo me enderezaba y lo miraba a los ojos, afligida -. Aunque no sea la mejor decisión que ella tome, tú seguirás siendo mi hija. Y yo seguiré amándote –me dijo. Sonreí tristemente, y lo abracé, apretándolo fuerte para sentir que estaba siendo protegida, aún cuando él no pudiera hacer eso si yo no le decía nada al respecto, cosa que definitivamente no haría porque tenía que afrontar esto sola.
-Y tú siempre seguirás siendo Cyrus, mi papá –le dije, apretándolo aún más, porque, de algún modo, sabía todo lo que me esperaba.


***

Caminé arrastrando los pies hacia la casa de Byron y mamá, sintiendo un nudo repentino en la garganta del tamaño de una pelota de golf formarse en la garganta al recordarme a mí misma que tenía que volver allí. Pero ¿cuál era mi miedo? ¿Por qué? Había estado viviendo en esa casa por un largo tiempo, la única diferencia era que ahora esto se haría oficial. Mi madre y él serían oficialmente una pareja casada, y oficialmente yo sería su hijastra. 

Aunque, de hecho, ya no me quedaban muchas ganas de añadir el apellido de Byron al mío como las tenía antes de que mis sospechas fueran levantadas. Y aún no entendía el por qué. Incluso había pensado en que, tal vez, si dejaba de darle tantas vueltas a las cosas, tal vez viera su propio significado con el paso del tiempo. Pero ahora, algo dentro de mí me decía que no podía dejar que pasara más tiempo. Porque algo me decía que algo malo iba a pasar si lo hacía; algo muy, muy malo. Y me moría de ganas de saber qué era.

Algo rebotó contra mi cabeza de repente, y yo volteé de sopetón, encontrándome con una botella de plástico vacía con un papel hecho un cilindro dentro de ella. Me agaché para recogerla, y abrí la tapa azul de la botella, tirándola por ahí antes de sacar el papel de periódico doblado y desenrollarlo poco a poco, sintiendo la sangre subir por mi cuello hacia mi cabeza.

Cuando lo leí, mi estómago se congeló. 

“Traficante de drogas ilícitas de mediana edad hace estragos en Arizona. Las autoridades siguen investigando su identidad y su posible paradero”.

Más abajo, con letras rojas garabateadas, decía: “¿No te mueres de ganas de saber quién es?”.

Lo curioso, era que la letra era totalmente idéntica a la de la profesora Fitz.

Lost- segunda temporada-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora