Pedida de mano

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SON 9 MESES

Capítulo 4: Pedida de mano

Por Janet Gaspar

Se supone que cuando van a pedir la mano de la novia la gente no llora, pero nosotros hemos llorado muchísimo. Ese día fue simplemente caótico, tu madre perdió a dos amigos al mismo tiempo y tu abuela y yo estábamos haciendo malabares por mantener a flote un barco que se estaba hundiendo.

Al final me he puesto de pie y con toda la fuerza de mis años de oratoria he brindado por tus padres; creerás que peco de arrogante, pero estoy segura de que mis palabras llegaron a donde tenían que llegar. La mayoría ha llorado, tu abuela paterna también. Yo no lloré porque el orador debe seguir, a pesar de todo y por encima de todo (cuando todo el mundo se fue me senté en el sillón y lloré como una nena, pero esa es otra historia).

Esto es lo que le escribí a tus padres y a ti también, lo dije casi exacto, espero que te guste.

Propongo un brindis por estos dos jóvenes que van a unir su vida en matrimonio. En esta vida hay casualidades, oportunidades y milagros. Es una casualidad que estos dos jóvenes se hayan encontrado, que sus caminos se hayan entrecruzado, que un día, en un momento, en una hora sus corazones hayan latido al mismo ritmo. Es una oportunidad el hecho de que vengan de familias fuertes, de padres que los aman, de un entorno que les ha dado las bases para sostenerse en sus pies, apoyarse en el hombro del otro y enfrentarle cara al mundo. Y es un milagro que una pequeña vida, un ser que tiene el espíritu de los dos bendiga esta relación y les de fuerza para enfrentarse a la existencia.

Es difícil iniciar, el mundo no entrega las cosas en bandeja de plata, como familia quisiéramos protegerlos de los golpes, prepararles el camino, abrazarlos como los niños que aun creíamos que eran. Pero ya no lo son. La vida les va a enseñar, como nos enseña a todos. Los golpeara, les hará llorar y a veces renegaran de su suerte. Así que cuando los días difíciles lleguen, cuando sientan que no se entienden, que las cosas van mal recuerden éste momento en el que el amor que sentían el uno por el otro era suficiente para retar al viento y también a la marea. Que Dios bendiga su relación, que construya fuerte los muros de su casa y arrope para siempre sus corazones. Todos los aquí reunidos deseamos su felicidad y así, dentro de cincuenta, sesenta, setenta años, ¡quién sabe!, sigan de la mano; con sus defectos, con sus manías, pero también con la pasión con la que se enamoraron, ¡y no desistan muchachos!, el matrimonio es la empresa más ambiciosa de su vida, el amor es una llama, depende de ustedes mantenerla encendida.

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