Capítulo 19 - Grito de ayuda.

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Emma

No sé cuándo me dejé llevar por la inconciencia, pero supe que no fue una buena idea en cuando un brusco movimiento del auto me despertó. Abrí los ojos rápidamente y me percaté de que la noche ya había caído. Me removí del asiento incómoda por la posición que mi cuerpo había tomado y pestañeé intentando aclarar mi visión del lugar. Íbamos en la autopista nueve.

—Estaré bien en la siguiente para de grifo. Habrá servicio wi-fi y podré pedir un transporte. —avisé mirando al señor. El no respondió. Poco a poco, el auto empezó a rebasar unas cuantas señales de alto, fue cuando me asusté. —Disculpe, señor... la autopista nueve... la va a pasar.

El hombre me miró.

—Lo sé, Emma.

Él sonrió macabramente.

¡No!

Cole

No resulté ser yo quien logró calmar a Jason, más bien fue la nueva pelirroja que se está uniendo a nuestro equipo. Honestamente, aun no me adecuo a su presencia en mi casa, con mis colegas, pero al parecer, ellos si confían en ella y yo confiaba en mis muchachos.

Las crudas palabras de Jason aun resonaban en mi cabeza. Él tenía razón. Emma no es como Basil, ella es pura y hermosa. Un ángel. No es ni será como su padre y tal vez, pueda permitirme amarla... aunque me consuma intentándolo.

Mi teléfono sonó sacándome de mis agrios pensamientos. Me dirigí a él y frunció el ceño al ver el número desconocido. De todas formas, respondí.

—Parker. —hablé diciendo mi apellido. Escuché la otra línea en silencio y fue cuando una voz habló:

Hola, Cole...

Basil.

— ¿Qué quieres? —demandé fastidiado.

— ¿Yo? Pues... verte suplicar por tu vida. Aunque ese ya es otro tema, lo importante ahora es que quieres tú...

Fruncí el ceño.

—No sé de qué hablas. —mascullé.

—Oh, ¿En serio no te has dado cuenta? ¿Hace cuánto que no sabes de... Emma?

Me helé.

Sentí mi sangre helarse y crudo escalofrío recorrer toda mi espina. Miré la hora. Ya habían pasado tres horas desde que se fue.

—Escúchame maldito infeliz, si le tocas un solo cabello, juro por lo más sagrado en este mundo que desearás no haber existido.

Su amarga risa llenó la línea. Me encolericé.

—No quiero dañar a mi hija, Cole. Aunque, a diferencia de ti, soy lo suficiente hombre como para utilizar la debilidad de ambos para atraer a mi enemigo. Así que... ven a la dirección que te estoy enviando por teléfono... sólo o juro que no saldrá viva de esta.

— ¿Otra vez, con el mismo patrón? Ya lo hemos hecho antes: La tomas, voy por ella y después la salvo. —aseguré— ¿Qué te hace pensar que esta vez será diferente? —pregunté.

—Porque esta vez... no tendrás a tus perros para salvarte. —susurró él mordazmente. Fruncí el ceño y me encaminé hacia el segundo piso, en busca de Nate y Jason. Mis ojos se abrieron cuando vi a Nate en el suelo y con un charco de sangre a su alrededor. Corrí hacia él y boté un suspiro de alivio cuando me percaté que seguí vivo. —Anda, comprueba si aún siguen contigo...

—Desgraciado... cuando te encuentre...

Me detuve en seco cuando vi a Fallon sosteniendo un arma y a Jason, con una herida en la rodilla, tirado en el suelo. Podía ver los ojos de mi amigo, estaban dolidos y no físicamente. Mi mirada se pasó a la de Fallon y ella me miró con arrepentimiento.

—Lo siento, Cole, pero él tiene a mi madre...—susurró ella mirándome y después a Jason.

Basil habló en la línea:

—Tienes una hora, que el juego comience...

Y colgó.

Miré mi celular y la ventana de mensajes se iluminó con una dirección. Miré a Fallon y después a Jason, di un paso, intentando acercarme y ella dejó de apuntar a Jason y me apuntó a mí.

—No quiero lastimar a nadie, Cole. Pero en serio, haz lo que él dice. No dudará en hacerle daño a Emma.

La miré lentamente y después a Jason el asintió con la cabeza.

—No los asesinaré, si es lo que te preocupa. Sólo me ordenaron inmovilizarlos... temporalmente.

Fulminé con la mirada a Fallon.

— ¿Qué tiene Nate? —pregunté.

—Él dio más pelea, tuve que darle un golpe en una cavidad cerebral que afectó su sistema nervioso, pero no causará daños permanentes. Sólo... despertará confundido. Ahora, —me apuntó una vez más— vete.

Retrocedí.

—Y dile a Emma que lo siento.

Pero yo ya la había dejado atrás, ya que mis piernas no dejaban de moverse. Tomé mi auto y me encaminé a donde la dirección me indicaba.

Resiste Emma.


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