Capítulo 18 - Rendición

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Emma

Había perdido la cuenta de cuantos autos habían pasado de mí en menos de una hora. Me encontraba nuevamente tal y como comencé en esta trágica historia: Sola. En medio de la nada. Empezaba a oscurecer y empezaba a sospechar que mi día estaba por empeorar. Fue en ese momento, en el que, ya cansada, vi dos luces aparecer. Rápidamente agité los brazos para que el auto se detuviera y gracias al dulce niño Jesús que lo hizo.

Me acerqué y en cuando la luna polarizada se deslizó, vi a un hombre, quien sonreía amablemente.

—Buenas Tardes, señorita, ¿Qué puedo hacer por usted? —preguntó él.

Mis ojos pasaron de él hacia el resto de su vehículo. Lucía como un padre de familia, así que no había riesgo que correr. Sonreí agradecida.

— ¿Habrá manera de que me dejé por la autopista nueve? —pregunté dando la indicación más cercana a mi hogar. El hombre miró la carretera, luego la hora y después a mí.

—Por supuesto, suba.

Y eso hice.

Cole

Escuché los pasos apresurados de Jason bajando por las escaleras. Bebí del café, aun estando caliente y tensé la mandíbula sabiendo lo que se venía. Jason me miró y frunció el ceño al verme tan calmado.

— ¿Qué demonios haces? ¡Emma no está! —gritó alarmado. Tomó su arma y la guardó detrás de sus pantaloncillos. Me miró y se acercó a pasos grandes. —Cole, ¿Qué haces? —preguntó mirándome.

—Emma se ha ido, Jason. —susurré aun sin poder asimilarlo del todo. El me miró como si hubiese dicho algo sin sentido y su mirada se perdió en la nada.

—No es posible, ella...—me miró rápidamente—Bien, habla Parker, ¿Qué mierda hiciste? —gruñó él.

—No hice nada. —mentí a medias— pero ella sabía que ya era tiempo de que se fuera.

— ¡Y una mierda con eso! Emma se hubiera quedado si se lo hubieses pedido tú. Así que, empieza a hablar.

Me paré de golpe alertándolo, más no intimidándolo, me acerqué a él.

— ¿Crees que me gusta eso? Joder, bien sabes que no. Sin embargo, no puedo retenerla a la fuerza.

—Yo creo que sí. —masculló él amenazante.

—Es mejor así, Jason. Ella no debió meterse en nuestra vida, para iniciar. —susurró él.

Jason dio un paso atrás actuando como si mi presencia le repelara.

— ¿Esto es porque es hija de Basil? ¿Es eso?

No respondí.

—Mierda, Cole, ¿En serio la vas a dejar ir por algo tan estúpido como esto? —preguntó él indignado. Lo miré.

—Sí. —asentí— mi venganza es primero. Basil me ha quitado todo, no pienso dejar que se vaya de esta vida sin haber pagado por ello. Además, ¿Qué hay de tu hermana? ¿A caso ya te olvidaste de ella?

Y en menos de un segundo, Jason me había lanzado hacia la pared contraria con fuerza y una expresión de furia total.

—No metas a Laurel en esto. —rugió— ¡A diferencia de ti, yo no renuncié a mi vida por encontrarla! ¿Crees que no pienso en ella? Lo hago cada segundo del día. —vociferó— Pero no por ello, alejaré a las pocas personas que tengo en mi vida. —negó él— Puede que me vea muy tranquilo exteriormente, pero por dentro la espera y angustia me come vivo.

Supe que meter su nombre era una mala idea, pero él estaba empezando a tocarme las pelotas y me jodía.

—Iré por ella. —anunció luego de un rato él.

Me interpuse.

—No. —negué— mantenla lejos de esto.

— ¿Qué te pasa? ¿No te das cuenta de lo imbécil que suenas? Tu trasero, el mío y de todos está en riesgo, ¿pero nos ves actuando como imbéciles sólo por eso? No. Si esto que haces, el alejarla, es porque ella es hija del mismo demonio, déjame decirte que Emma es un ángel. Ella no se le compara con ese infeliz que nos quitó todo. —suspiró— así que, hermano, deja de ser tan cobarde y ve tras ella.

No respondí. Tan sólo, me alejé.

Emma

Miré la pantalla de mi teléfono por novena vez en el día y suspiré al darme cuenta de que no recibiría llamada alguna de quien deseaba.

— ¿Problemas amorosos, señorita? —preguntó la voz del hombre. Lo miré y guardé mi teléfono.

—Algo así. —hablé vagamente, dando a entender los pocos ánimos que llevaba al tener que hablar sobre ello.

—Pues... no sé mucho de problemas amorosos de jóvenes. —admitió— pero supongo que es necesario apegarse a la vieja escuela.

Miré al hombre.

— ¿Y qué significa eso? —pregunté.

—La honestidad. —habló el alzándose de hombros.

Sonreí a medias y miré mi celular una vez más.

Tal vez... sólo tal vez, pienso en él.


Almas Marcadas - I Libro.¡Lee esta historia GRATIS!