Bosque de los Susurros

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La mañana siempre fue tan gélida como las eternas noches; los cientos de àrboles le daban ese toque tétrico que helaba la piel de los màs valientes;
Dónde estás, gritaba ella mientras corría sin rumbo fijo.
Dónde estás, se oyó decir esta vez más angustiaba que antes.
Su vestido blanco como la nieve, resaltaba el carmesí de la sangre que le emanaba del cuello y del brazo derecho. No sabía de que huía exactamente, solo despertò con el sol, y se halló con sangre y profusas heridas. Su novio no se encontraba a su lado, así que el miedo fue aún mâs evidente. Los árboles que el día anterior tenían belleza inusual, ahora eran monstruos despiadados que ni cobijo daban. Sus manos temblaban, las làgrimas brotaban, la energía se mermaba, y la sangre escaseaba. Su vista se nubló y segundos antes de que sus parpados sucumbieran ante la inevitable muerte, lo vio, se acercaba apremiante hacia ella.
Me salvarà dijo para sus adentros. Me salvarà.
Esbozó una sonrisa que quebrò sus labios, pués el frio la tenía envuelta en hipotermia. Su energía por un momento pareció regresar, quería que al llegar la a abrazara, y no que la recogiera de la densa nieve.
Està cerca susurró en el bosque de los misterios, acà estoy amor mio...
Siete días después la hallaron en pie, congelada, ensangrentada, sonriente, y con la mirada  clavada en los árboles del frente.
No se sabe por qué se encontraba allí aquella mujer, la autopsia reveló que las heridas fueron infringidas por mano propia. Así el bosque de los susurros quedó en silencio una vez màs.

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