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El sobrino del director. Eso explica muchas cosas de... Me lleva. Debo haber parecido una tonta a su lado; sobre todo cuando me la vivía fregándolo con mis dudas de biología y mate... Y Monse. Todavía no puedo creer que no me percatara de eso antes. Con razón se llevan tan bien ella y Toño; sus papas son compadres.

Lilly caminaba hacia la escuela con la cabeza baja. Ese día no había podido llevarla su madre, así que se había levantado una hora más temprano. Por supuesto, aquello solo le ocasiono que terminara con una cara larga que pocas veces había mostrado, desde que entrara a la secundaria.

Odiaba los días que tenía que tomar mate. Y también en los que el profesor de bilogía los torturaba. Pero no había nada que aborreciera más que tener esas dos clases en el mismo día.

En definitiva, ese día no le iba a ir nada bien.

Con esos pensamientos en su cabeza, la castaña entró a la escuela y se dejo caer en una de las bancas de cemento que daban a las jardineras de su sección. Desde donde estaba podía escuchar las pláticas de los chicos de preparatoria; era tan temprano que solo ellos habían llegado.

Esto es el colmo. Gracias, mamá. Por eso me encanta que me mandes sola a la secu... para eso, mejor ni hubiera venido. Bendita la hora en la que al viejo de bilogía se le ocurrió cambiar su clase, con la del profe de redacción. Me llevan todos los demonios...

Lilly lanzó un fuerte suspiro al aire y sacó su celular del bolsillo de la falda. Se había quedado en una parte interesante de la novela que estaba leyendo, y si no podía hacer mucho para mejorar sus clases, lo menos que podía hacer era darse un tiempo para ella y entretenerse con algo que si le gustara.

Se ajustó la ligera chamara que traía y dio inicio a su lectura. El sol apenas estaba clareando en el firmamento, por lo que al principio tuvo que poner el texto en modo nocturno; pero pasados los primeros veinte minutos, se decidió a quitarlo.

Lo cierto es que esos días estaba pasando más tiempo con sus libros digitales que con sus amigos, y eso la tenía algo irritada. Desde que se había enterado del parentesco entre Antonio y el director, o del que tenía Monse con él chico —un factor que, gracias a Sonia había descubierto—, las cosas se habían ido enfriando un poco.

Ya no se sentía con la confianza de hablar con ninguno de ellos, y por consiguiente, sus visitas al salón de cómputo se hicieron cada vez más y más espaciadas.

Ella sabía que no era la culpa de ninguno de ellos el ser quienes eran, pero ahora que sabía de dónde venían, sentía que la hija de una asistente, que además tenía cierto pasado oscuro, no tenía derecho a convivir con ambos.

—Lilly, ¿Qué haces aquí? Y tan temprano.

Portando un grueso abrigo marrón, Graciela se acercó a la chica a paso rápido y se sentó junto a ella, al tiempo que le dedicaba una pequeña sonrisa, la cual terminó ocultando cuando sus manos viajaron a su cara y le taparon la roja nariz.

—Grace. Creí que hoy tampoco vendrías —, la muchacha cabeceó con desgana, pero no la interrumpió. — Como Lorenzo dijo que tenías una gripa de... que estaba fuerte, supuse que te quedarías en tu casa unos días más.

—¿Y aburrirme en la sala, mientras mi madre está viendo sus novelas? Qué horror. Ni loca iba a seguir soportando ver a "Carlos Alberto" una vez más.

Lilly soltó una carcajada y asintió.

—Sí. Supongo que es mejor verle la cara al profe Ibáñez.

Graciela codeó a su acompañante y arrugó la boca.

—Ándale. Síguete burlando; pero te recuerdo que el año que viene te va a tocar tomar clases con él. A ver si sigues tan alegre como ahora.

Lilly interrumpió sus risas y dijo, con la cabeza baja.

—Rayos. Tenias que recordármelo —. La joven lanzó un fuerte suspiro. — Sí ya tengo mis problemas con "don Sánchez", no quiero ni imaginarme el infierno que voy a vivir cuando me toque con Ibáñez.

—Ah, ¿verdad que no es bonito andarse burlando de los demás?

Lilly lanzó un quejido y asintió.

—Bueno. Ya me entretuve un rato metiéndote miedo, así que ahora toca la ronda de preguntas y respuestas —, extrañada por las palabras que había usado su amiga, la castaña esperó a que dijera algo más. —Dime, ¿Por qué llegaste tan temprano? Apenas son las 6:10. Fácil, faltan unos cuarenta minutos para que comiencen tus clases.

—Ah, eso. A mi mamá se le ocurrió la grandiosa idea de avisarme, justo ahorita, que no podía traerme; así que me levante y me vine en camión.

—Pero muy de madrugada... Lilly, ¿Has tenido algún problema con los demás chicos? ¿Alguien te ha molestado en estos días?

La castaña negó, con una gran arruga en su frente.

—No. Ni siquiera Ignacio me ha hecho algo en estos días... ¿Por qué lo preguntas?

Graciela sonrió y dijo.

—Lo que sucede es que Sonia me dijo que has estado un poco alejada de todos estos días, y me preocupo que alguien te estuviera molestando. Por eso...

Lilly agitó la cabeza de un lado a otro. Era lógico que alguien notara pronto su incomodidad, pero no esperaba que fuera tan rápido. Solo habían pasado tres días.

—¿Yo? No. Creo que Sonia ya se equivoco... Me encuentro muy bien, y nadie me está haciendo...

—Sabes. La primera vez que me junte con ellos, yo me sentía como un pez fuera del agua —, Graciela se acomodó un mechón rebelde y suspiró. — Tú y yo nos parecemos mucho, Lilly. Ambas estábamos rodeadas por personas que decían ser nuestras amigas, y que a final de cuentas nos terminaron abandonando.

—¿Qué? ¿A ti también...?

—Lo mío fue un poco diferente, sobre todo porque yo fui quien se apartó de sus amigos; pero podría decirse que mis motivos son parecidos a los tuyos. Solo querían estar conmigo por cómo me veía. Nunca les importo conocerme.

Lilly se encogió en su asiento y fijo la vista en el piso. Su acompañante le puso una mano en el hombro y habló.

—Cualquier problema que tengas, lo mejor es que lo hables con quienes les concierne, y pronto. Si no podrían terminar malentendiendo tu situación.


En la secundaria ©¡Lee esta historia GRATIS!