Capítulo 30 (II)

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—Madison, creo que deberías descansar. No es prudente que te esfuerces de más, y menos con todo lo que les paso a ti y a Carter.

—Pero no estoy cansada, en serio. Yo...

—Anda. Vamos a caminar un rato.

A pesar de que no estaba muy convencida del asunto, la morocha asintió y siguió a Carter por el pasillo, dejando a los otros chicos en manos de Lumbërt.

El castaño le dedicó una pequeña y disimulada sonrisa, antes de decir.

—Ah, mujer, ¿Cuándo vas a aprender? Si te dan tiempo para relajarte y estar en paz, lo mejor es hacerles caso y no pelear. Además, nos lo ganamos. Ese asunto con las sombras fue más duro de lo que esperaba, y ni se diga el jo... El golpazo que me atinaron en la cabeza —, el muchacho lanzó un suspiro y se recargó en la pared, pasándose la mano por los cabellos. — Está bien que tenga la corteza dura, pero eso fue el colmo.

Madison dejo salir un par de risitas, a lo que este la imitó y ambos terminaron carcajeándose por un buen rato. Cuando por fin se pudieron calmar, Carter le señaló el pasillo con la cabeza.

—¿Qué dices? ¿Les damos la razón y nos tomamos un rato libre?

La morocha asintió y se encogió de hombros.

—Por qué no; total, Lumbërt ya nos dio luz verde.

Con esa declaración, el muchacho de ojos miel la tomó de la mano y ambos terminaron corriendo por el lugar. Carter en ningún momento notó que la temperatura de la piel bajo sus dedos aumentaba, ni tampoco fue consciente de que el rostro de Madison adquiría una tonalidad carmesí.

—Carter, no creo que sea buena idea, ¿Y si nos descubren? Te va a ir mucho peor que la última vez que intentaron salirse de aquí.

—Vamos, tu dijiste que querías salir y eso es lo que vamos a hacer; así que quédate quieta y deja de hablar, por lo menos mientras veo como demonios vamos a saltar esta mugrosa pared de...

Con un fuerte suspiro, la joven señaló un punto a la izquierda de aquel gran campo de energía azul que protegía los accesos a Elid, y dijo.

—Para poder salir solo hay que ir al inicio de la cosa esa.

—¿Qué? ¿Y por qué no me lo dijiste antes?... Te pasas. Yo haciendo el ridículo mientras tú te diviertes de lo lindo a mis espaldas.

La morocha rió y lo jaló de la manga.

—Lo siento, pero no quería quitarte los ánimos que traías. Estabas tan concentrado que hasta me dio pena interrumpirte.

—Graciosa.

Tras darle un pequeño coscorrón a la joven, ambos fueron hacía el punto que ella había indicado; por supuesto, Madison otra vez había atinado a sus palabras.

—Rayos, ¿Cómo lo haces?

La morocha le sacó la lengua y cruzó el arco que había sido designado como la salida del lugar.

—Existe un poder que solo los guerreros más experimentados de Ancör conocen, y que es muy útil en estos casos... —. La muchacha le hizo señas a Carter para que se acercara a ella. Con una ceja en alto, este atendió a sus manos. —Escuchar por detrás de las puertas.

—¡Eres una chismosa, Madison! Y ahora si te lo ganaste a pulso.

Con otro coscorrón, el castaño salió detrás de la joven y ambos se alejaron de Elid entre risas y bromas, listos para una rápida aventura por aquel sitio tan extraño y desconocido.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!