Capítulo 30

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Buscando respuestas


—¡¿Madison?! ¡Traigan a una curandera del palacio! ¡Rápido!

Con el ceño fruncido y un fuerte resoplido, la morocha arrugó la boca y abrió un ojo, lista para callar el alboroto que de pronto la rodeaba.

—Anna, déjame dormir. Hoy no tengo que ir la escuela y...

—¡Madison!

Sin comprender muy bien el porqué de su gesto, la mencionada no se dio cuenta de que tanto sus amigos como su cuidadora le dedicaban sendas miradas de sorpresa. No fue hasta que Theria le acarició la mejilla, que esta no volvió a abrir los ojos, lista para darse por vencida y evitar sus ganas de dormir.

—Ya les dije que... Ah, Theria, ¿No puedes dormir?

La niña negó y le dedicó una mirada ceñuda a la muchacha, observándola sin parpadear, al tiempo que le tomaba la mano y dejaba salir un par de suspiros.

—¿Qué pasa Theri? ¿Está muy mal?

—Mal, ¿De qué...?

Ignorando a la joven, la pequeña negó y volteó a ver a Anna.

—Está bien.

—¿Bien? ¿Cómo que bien? Tiene una enorme mancha de sangre en la ropa y...

Theria negó y volvió a decir.

—Está bien... Tal vez no es de ella, o solo se hizo un corte cerca de una vena. Pero su vida no peligra... Lo único que tiene es mucho sueño. Está agotada.

Apoyando las palabras de la niña, Madison dejo salir un bostezo y asintió, acurrucándose sobre las piernas de Carter mientras decía.

—Solo un rato... Nada más diez minutos y ya.

—¡Madison! —, el reclamo de Anna hizo que la muchacha se reclinara con torpeza. Sus ojos seguían cerrados, y por la palidez de su rostro y sus constantes cabeceos, todos terminaron por apoyar las palabras de Theria. — ¿Qué paso? Y no te atrevas a omitir ni un solo detalle.

Con la frente arrugada y un enorme bostezo, la muchacha procedió a hablar.

—Carter y yo íbamos en el grupo de Tristán y...

—Eso no. Cuando se quedaron solos, ¿Los atacaron?

—Ah, eso. Sí. Una chica nos atacó.

Extrañada por sus palabras, Anna tomó a Madison de los hombros y la agitó, obligándola a abrir los ojos. Esta lo hizo con irritación y arrugó la boca.

—¿Qué?

—¿Cuál chica? ¿Cómo era?

—Ah, Anna. Déjame dormir y luego te digo.

—No. Ahora.

Cuando la mujer uso aquel tono terminante con ella, Madison supo que tendría que interrumpir su descanso de momento, o si no se ganaría una buena reprimenda por parte de ella.

Lanzó un fuerte suspiro y terminó de abrir los ojos, pasándose una mano por los cabellos al compas de sus palabras.

—Era baja y tenía los ojos como gato.

—¿Cómo gato? Llamen a un doctor, esta mujer ya anda alucinando —, el comentario de Steve fue recibido por un par de malas caras, por parte de sus amigos.

—No entiendo, ¿Podrías ser más específica?

La morocha se llevó un dedo a la barbilla y arrugó la boca.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!