Capítulo 29

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Batalla sorpresa parte II


—Calma, Madison. No nos va a pasar nada... Si la cosa se pone muy mal, estoy seguro de que me acuerdo como volver a Elid. No te voy a dejar atrás —. La joven asintió, aun así sus manos seguían temblando por sobre las del castaño. No podía decirle que por quien sentía más miedo era por él, y tampoco estaba dispuesta a admitir algo tan fuera de lugar, sobre todo en esos momentos que se encontraban a punto de pelear contra el clan que se había revelado a Ancör.

Tenía que mantener la calma, y portarse como un adulto si quería que aquello funcionara. No podía seguir esperando a que Anna le solucionara todos sus problemas, y mucho menos que sus amigos se vieran indefensos ante lo que les esperaba en Ancör. Se suponía que era su mundo, y en esos momentos Carter parecía más tranquilo que ella.

Con esos pensamientos, Madison entreabrió la boca y llevó aire a sus pulmones con una calma que el chico pronto notó.

—Así. Muy bien... Justo eso necesitabas. Tú mano estaba tan temblorosa que por un momento creí que tendría que inmovilizártela con algo.

—No sé por qué, pero si te creo que lo hubieras hecho.

El castaño le sonrió con ganas y negó con una rápida cabezada.

—Na. Probablemente me hubiera puesto igual que tú, o hasta hubiera terminado llorando.

Madison arqueó una ceja y esbozó una pequeña sonrisa. Ya llevaba el suficiente tiempo conociendo al castaño, como para saber que tono empleaba cuando quería hacer sentir bien a los demás. Era el mismo timbre profundo que había usado con ella hacía unos momentos.

Una voz que nunca había usado con ella, pero que, sin que se lo propusiera, le había erizado una buena parte de la piel del brazo, llevándola a recuerdos más placenteros y felices, cuando convivía con todos como si fuera una humana.

Aquello desconcertó a la morocha, sobre todo porque desde que tenía uso de razón siempre había querido volver a su mundo, y ahora que se encontraba hay no tenía motivos para extrañar el otro lado del arco. Por supuesto, el peso del abanico a sus espaldas le recordó con desconcierto que eso no era del todo cierto.

Si ella no siguiera pensando en ese sitio, el objeto nunca habría acudido a ella con el llamado de Yuhëen.

—Madison... —. Carter tomó a la joven del brazo y la detuvo en su sitio. Los guerreros que venían con ellos habían parado su andar, y por más que la chica intentaba ver u oír lo que decían al frente, no lo conseguía. — ¿Qué ocurre? ¿Ya los encontramos?

—No lo creo... Más bien, creo que ninguno se ha topado con ellos.

Con el ceño fruncido, el castaño permitió que la muchacha subiera a su espalda para poder ver a quienes encabezaban el grupo. Lartër hablaba tan rápido que apenas y se podía ver el movimiento de sus labios, y Tristán se veía mucho más serio que de costumbre, además de que, por más que le hablaban no apartaba su vista de un punto a la derecha de su camino.

—Me parece que algo paso, porque ninguno de ellos se ve muy seguro de lo que van a hacer.

—No inventes. Más les vale que no sea ese el caso.

—Ojala, pero no puedo prometerte nada, y menos con lo bajo que hablan... No se les oye na...

Antes de que la joven pudiera seguir hablando, un susurro hizo saltar a ambos sobre su lugar.

—Carter, Madison... Nos vamos.

—¿Lartër? ¿Qué...?

Antes de que el chico pudiera seguir hablando, la fémina ya los traía del brazo y los llevaba a una velocidad considerable por las calles de Liabiric.

—Un momento, ¿Por qué estamos regresando? ¿Qué no...?

La mujer negó y dijo, tan veloz que apenas y comprendieron sus palabras.

—No. Tristán dice que siente una fuerte presencia acercándose a donde estamos nosotros... Es alguien con quien ustedes no deben pelear. Por lo menos no en estos momentos.

—¿Un enemigo fuerte?

Lartër volteó a ver a Madison, mostrando una mueca tirante en su boca.

—No tienes ni idea.


—Vamos, chicos. Solo empujen con fuerza y no dejen que esta cosa se cierre de nuevo, yo me hare cargo del resto.

Usando todas sus fuerzas, los cinco humanos dejaron caer su peso sobre la puerta. Al principio creyeron que otra vez no había funcionado su plan, pero cuando la madera cedió unos centímetros de terreno, Elliot le dio un fuerte golpe al acceso y dijo.

—Ya casi, ¡Lo estamos logrando!

Con un ritmo lento pero constante, la puerta fue retrocediendo, al grado que cuando se formó un hueco entre la entrada y el marco, Anna sacó una mano de la habitación y, con las uñas clavadas en el barnizado olmo, les dijo.

—Ya está. Retrocedan.

Los chicos aún no se alejaban lo suficiente de la madera, cuando la joven mujer tiró con fuerza de esta, haciéndola para atrás con los suficientes ímpetus como para botar algunas astillas en el proceso. Ya libre de su prisión, la castaña dejo ver como su pecho subía y bajaba con violencia, al tiempo que se pasaba una mano por la frente y decía con los ojos entrecerrados.

—¿Y Madison y Carter?

—Se los llevaron a pelear. El enemigo cruzó las fronteras y viene para acá.

Esas palabras fueron suficientes como para que Anna dejara salir una serie de maldiciones e improperios, al tiempo que se movía por el pasillo con dirección a la entrada principal de Elid.


La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!