Capítulo 1

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               La tenue luz del baño ilumina la sangre. Es densa, oscura y está templada. Gotas de este fluido se derraman por mis dedos, hasta caer en el agua de la bañera y fundirse con ella, creando un mar rojo. Dolor. Las heridas de los cortes anteriores vuelven a abrirse y de ellas emanan finos hilos color carmín que acarician mi piel. Mi brazo, teñido de la desesperación de mis venas, está suspendido fuera de la bañera. En la mano de mi otro brazo, sujeto la cuchilla de acero, que también está manchada de rojo. Abro los ojos y miro a mi alrededor: veo luz, la lámpara del baño. También veo el grifo y la ducha, alguna toalla y mi ropa que me he quitado hace por lo menos una hora. Sumerjo el brazo en el agua para limpiar la sangre, salgo de la bañera y me pongo un albornoz. Me miro frente al espejo situado encima del grifo: pelo negro, ojos miel, labios carnosos, mejillas pulidas, algunos indicios de barba y bigote y unos dientes blancos. Estos ojos me recuerdan al tormento, a la locura y al sufrimiento, sensaciones que no paran de recordarme el pasado, y bueno, el presente también. Vuelvo a cerrar los ojos y descanso la vista. Me vienen imágenes incoherentes: mi antigua casa de cuando tenía cuatro años, algunos muñecos y juguetes, lirios plantados junto a un sauce, hasta ahora buenas imágenes. Pero después me vienen a la cabeza aquellos gritos de mi madre, mi hermana huyendo escaleras arriba, mi padre golpeando a mi madre, mi madre sangrando en la cabeza, mi madre desmayándose, mi padre subiendo las escaleras para buscar a mi hermana, mi hermana gritando, mi padre bajando las escaleras con los nudillos de sangre, mi padre viniendo enfurecido hacia mí, mi horrible sensación de miedo... Y después, todo negro. Abro y me froto los ojos para eliminar esos pensamientos y salgo del baño hacia mi cuarto para vestirme, ya que en breves vendrá mi madre. 



  Vivo solo con mi madre en un pequeño apartamento en Madrid, España. Tras el suicidio de mi hermana por la presión que ejercía nuestro padre, mi madre huyó del acosador de mi padre y fuimos a parar a España. Mi madre trabaja como dependienta en una pequeña tienda de ropa, y yo estudio segundo de bachiller, aunque en verano también trabajo en lo que puedo para ayudar económicamente a mi madre, que trabaja doce horas todos los días pero cobra un mísero sueldo. Mi vida social es bastante escasa, por no decir nula. No me hablo con nadie de clase, soy muy neutral, invisible. Me paso el día estudiando, mi bachiller de humanidades es demasiado estresante en conjunto con mis clases de flauta travesera. Estar en sexto de grado medio en un conservatorio e intentar sacar matrícula de honor en bachiller es mucho más desesperante de lo que pude haber imaginado. Pero, sin embargo, no dejo de esforzarme al máximo, he de sacar buenas notas para que me ayude el Estado económicamente y pagar mis estudios en la universidad, para adquirir un mejor trabajo y evitar que mi madre tenga que sudar tanto. La música, sin embargo, es algo que me apasiona. Tocar es como evadirse de la entera realidad y entrar en un mundo en el que solo existen notas y colores, porque sí, tengo sinestesia, relaciono sonidos con colores en mi caso. Desde que dispongo de la edad suficiente para trabajar, yo mismo me costeo los gastos de mis estudios musicales. No obstante, mi madre hizo un gran esfuerzo para comprarme la flauta. Estuvo muchos meses ahorrando para poder hacerlo, y eso es algo que siempre tengo en cuenta. Amo a mi madre,  tanto, que podría decir que es lo único que me ata a la vida. Hace todo lo que puede para verme feliz, cuando es ella realmente la que más tiempo ha sufrido. Aunque no me quiere contar mucho de su pasado con mi padre, sé lo básico, y las cosas que hizo fueron horribles. Ahora que lo pienso, creo que la segunda razón de que siga vivo es querer matar a mi padre. 

        Poco después de cambiarme, noto la puerta de casa abrirse. Apresurándome, cojo una chaqueta y me la pongo, ya que aunque tengo una camiseta de manga larga, la sangre la ha traspasado.

         -Buenas noches, Will, ¿has cenado ya? -Me pregunta mi madre, con un tono que revela lo exhausta que está.

        -Sí, mamá. -Miento. -Me voy a dar una vuelta.

Objetivo: ASLADonde viven las historias. Descúbrelo ahora