Capítulo 25

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—Esto... esto es hermoso.

Demasiado hermosa, es más que eso. Contemplo con asombro y con el corazón cargado la escena delante de mí.

Rafael me recogió hace una hora en casa, según sus instrucciones, debía llevar ropa cómoda. No lo entendí al principio, pero ahora si lo hago.

Estamos en un parque, un enorme parque rodeado de árboles y mucha naturaleza. Está lejos de la ciudad ya que tardamos mucho en el auto. Luego me condujo por un sendero y terminamos en un pequeño valle, frente a un enorme árbol y sobre una manta suave. La manta está rodeada por algunas antorchas de bambú, hay globos rojos en forma de corazón, una cesta y un ramo de flores.

—Un picnic. Qué bonito.

—¿Te gusta?

—¡Me encanta!

Sonreímos más que complacidos el uno con el otro. Rafael toma la cesta y me enseña su contenido. Aplaudo entusiasmada, lo pensó todo. Dentro de ella hay empanadas, uvas, manzana picada, sándwiches de pollo, fresas con chocolate, durazno picado, jugo de naranja, jugo de manzana y enrollados de queso. ¿Qué más podría pedir?

—Se ve delicioso.

—No tanto como tú —murmura haciéndome sonrojar—. Toma cariño. —Me entrega el jugo de manzana y empieza a repartir la comida.

Hablamos y reímos mientras comemos. Rafael me cuenta muchas cosas sobre su niñez y como fue criado por Connie y Augusto. Mi boca se muere por preguntarle sobre sus pesadillas y sobre su vida antes de llegar a la familia Cárdenas, pero me abstengo de hacer pregunta alguna.

Cuando la noche se torna un poco más fría, Rafael me arrastra hacia su regazo y me abraza, compartimos unos cuantos besos y caricias, sin pasar a más. Todo es inocente y tierno, haciendo que mi corazón lata aún más fuerte y rápido por él. Cuando hemos devorado todo, nos recostamos sobre la manta a observar el maravilloso cielo estrellado, suspiro e inhalo el olor masculino de Rafael. Froto mi nariz en la piel de su cuello causándole cosquillas, pronto, ambos estamos luchando por evitar que el uno le haga cosquillas al otro.

—Ha sido una noche increíble, gracias.

—No tienes que agradecerme pequeña. Amo estar contigo, compartir y reír a tu lado.

—Para ser mi primera cita romántica, has llenado todas mis expectativas.

—¿A pesar del ruido de los grillos, el frío y el largo viaje?

—No hubiera sido perfecto sin ello.

Me acerco a su boca, fijando mis ojos en los suyos. Mis manos suben para acariciar la barba en su mandíbula, sus cejas, sus ojos, su cabello. Sigo a mis dedos que tienen mente propia y recorren la piel de Rafael, se estremece cuando llego a su pecho y muerde su labio al sentir mi piel fría contra la calidez de la suya. Trazo las líneas duras de su estómago, bajo su camisa; los músculos se flexionan por mi exploración y su respiración se acelera a medida que sigo bajando en mi exploración.

—Nena, cariño... —su voz es baja, ronca, hipnotizadora—, si sigues haciendo eso, no podré responder por lo que pueda hacer.

—Oh. —Me sonrojo y alejo mi mano de la pretina de sus pantalones. Estaba demasiado inmersa en la exploración de su piel, que no me percaté del bulto que se ha formado en sus pantalones, de su mirada salvaje y las líneas marcadas en su frente al contenerse por responder a mis caricias—. Lo siento.

—No lo sientas cariño, puedes hacerlo cuando quieras, pero no aquí. No podría soportar más de esta dulce tortura y alguien podría ver lo que haría contigo.

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