Capitulo 52.

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Vuelvo a apoyarme contra el marco de la mesa, enjugando mis lágrimas y controlando lo que sería otro estornudo; y finalmente, como me sentía con pocas fuerzas, me senté. Más que nada, estaba esperando que Harry dijera algo, que él me hable sin que yo tenga que interrumpirlo, así sabría que realmente le importo. Y, para la suerte de mis pensamientos, eso hizo.

-Te resfriaste…-dice mientras se sienta a mi lado, con voz muy suave, sin despegar los ojos de mí y buscando algo en sus bolsillos. -Ten.- termina de decir y me entrega un pañuelo, para luego apoyar sus codos en sus rodillas inclinado hacia adelante. Yo lo tomo sin decir nada, y me sueno la nariz. A los minutos, Harry vuelve a hablar-: Sam, de verdad lo siento. No te olvidé, sólo que la reunión se extendió y no podíamos irnos. Créeme, de verdad quería ir contigo.

-Muevo la cabeza de un lado a otro en tono de reprobación, y contesto groseramente-: Al menos podrías haberme llamado, ¿no? Así no iba y venía por la calle a oscuras y mientras llovía.

-Harry hace una mueca de humildad, como una sonrisa forzada, y contesta-: Si, tienes razón. Lo eché a perder, ¿verdad?

-Eso depende de que hagas de ahora en adelante.-respondo seca, pero con una idea muy clara en mente.

-¿Qué quieres decir?- pregunta mientras se sienta en posición normal, poniéndose más atento.

-Eso. -respondo sencillamente. -Lo echarás a perder depende de que hagas de ahora en más, porque yo no toleraré otra de estas cosas de nuevo.

Seguido a eso, me levanto y me dirijo a mi habitación. Cierro la puerta detrás de mí con un ruido sordo y me desplomo en la cama, llorando de nuevo, pero conforme con lo que le había dicho: le había dejado bien en claro que conmigo no iba a jugar, y que si quería retomar la confianza (que se pierde por metro y se gana de a kilómetros), iba a tener que recargar pilas. Sin lugar a dudas, le estaba dando la última oportunidad, pero aún me sentía algo triste. Minutos después, me quedó totalmente dormida sumida en mis pensamientos, dejando de lado totalmente que Harry aún estaba en el departamento.

Al día siguiente, me levanto bastante mejor: no sabía si seguía con fiebre o no, pero me sentía más fresca y renovada. De todos modos, iba a pedirle a Doc que me de algún medicamento para no terminar con alguna alergia. Me quede bastante tiempo en la cama, pensando. Había soñado que Harry se asomaba a mi habitación a verme, y yo le pedía que durmiera conmigo. Recuerdo que él eso hizo, me susurraba algo al oído y luego me desperté. Me hubiera gustado entender que me decía, hubiera sido lindo, ¿no?  Finalmente decido levantarme, ya que seguir pensando en Harry no iba a ayudarme. Fue difícil salir de la cama y más con la cantidad de cosas que se procesaban en mi mente, pero lo hice. Voy al baño (que es en la puerta contigua a mi habitación) y me lavo un poco la cara. Me miro por unos segundos al espejo, acomodo mi cabello, hago caras, y luego recuerdo que tengo que seguir con mi vida. Salgo de allí, y al abrir la puerta siento un olor muy rico a café: era un aroma que me recordaba a los viejos tiempos cuando yo era pequeña y desayunaba con mi mamá antes de ir al colegio; eran las épocas dónde me sentía verdaderamente feliz y nada me preocupaba. Cuando finalmente llegue al comedor, veo la mesa realmente preparada: café con leche de Starbucks, tostadas recién hechas, mermeladas de todo tipo, muffins, panqueques con Nutella y miel y jugo de naranja; todo bien acomodado muy prolijamente. Levanto la vista hacia la cocina y veo a Harry trayendo una tacita de leche. Lo examino de abajo a arriba: estaba con unos pantalones deportivos anchos grises (cosa que me pareció muy extraña ya que él siempre usa esos jeans que son muy ajustados), una remera blanca translucida que dejaba al descubierto la mayoría de sus tatuajes, y estaba descalzo. Lo miré absorta, sorprendida de que se haya esmerado en preparar todo eso, y él me devuelve la mirada apenado, como con culpa, pero aun así manteniendo una sonrisa.

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