Capítulo 24

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—¿Estás segura? —Su cálido aliento viaja hasta mis labios. Contemplo sus ojos, oscuros, brillantes y cargados de deseo, imagino que de esa misma manera debe verse los míos, no deseo tanto que duele.

—Sí, quiero que me muestres, necesito que me enseñes, quiero sentirte.

Su cuerpo se estremece con mis palabras. Me sonríe con ternura y vuelve a besar mis labios.

—Te deseo a tal punto, Lily, que he tenido tu imagen gravada en mi mente desde siempre y cada espacio de tu cuerpo se ha vuelto mi desesperación —Sus manos trazan mis labios, mis ojos, mis mejillas y bajan hasta el nacimiento de mis senos—. Vivo amándote y no puedo detener el latido de mi corazón que se acelera cada vez que tu imagen se cuela en mis pensamientos —Oh Dios mío—. Cuando no estás a mi lado, confundo a mi almohada contigo, te llamo en mis sueños y mi cuerpo pide a gritos tu presencia.

—Rafael, yo...

—Te amo, me has dejado encantado desde el mismo momento en el que mis ojos se posaron en ti. Y no digo esto sólo porque ahora me pides que tome tu cuerpo de la manera en la que he deseado por mucho tiempo, no —Ahora soy yo la que tiembla por sus palabras. Mis ojos se llenan de lágrimas, lágrimas cargadas de sentimiento, porque nadie jamás me ha acariciado, besado y amado de esta manera—, lo digo nena, porque es lo que mi corazón ha guardado y no puedo callar más. Lo digo porque mereces saberlo, mereces que cada día te manifiesta lo importante que eres para mí y estés segura que te has robado totalmente mi corazón, soy tuyo en alma y ahora lo seré en cuerpo, como tú también serás mía.

—Oh Dios. —Cubro mi rostro con mis manos en un intento de ocultar mis lágrimas. Un sollozo se escapa de mis labios, y él preocupado quita su cuerpo del mío, mi piel llora por la perdida—. ¡No! No te alejes de mí.

—¿Te estoy haciendo daño?

—No. Nunca me harías daño, es sólo que... te amo. Juro que jamás había creído amar de esta manera a un hombre, pero lo hago.

Su sonrisa es mi perdición. Y si hubiera espacio para la duda, sus ojos esfuman cualquier fantasma de incertidumbre que pueda rondar mi mente.

—Yo quiero ser tuya, y quiero que tú seas mío.

—Joder.

Me besa, no me devora, y yo lo permito. Sus manos expertas recorren mi cuerpo, arrancando la tela que lo cubre, me remuevo desesperada por extender el toque de sus manos en mí, lo beso, y tiro de su ropa para poder sentir su piel sobre la mía. Sus labios bajan a mi cuello y dejan un camino hacia mis pechos. Gimo y jadeo su nombre, sin dejar de temblar, de vibrar por él. En una neblina de pasión me desnuda, mis mejillas se sonrojan por la vergüenza, sin embargo, cuando sus labios se abren y deja escapar el aire susurrando lo hermosa que soy, mi pecho se hincha de orgullo y satisfacción.

Extiende su mano para acariciar mi rostro, noto que tiembla un poco y no puedo evitar preguntarle si está bien.

—¿Tú preguntándome a mí? Yo debería preguntártelo a ti, pero si quieres saberlo, estoy nervioso, tan jodidamente nervioso. No quiero lastimarte, quiero que esto sea especial para ti.

—Yo también estoy nerviosa, quiero ser suficiente, quiero...

—Nena, tú siempre serás más que suficiente para mí, es sólo que te deseo tanto que debo controlarme a mí mismo para no tomarte con fuerza. Quiero extender este momento y que quede grabado en nuestras mentes por siempre.

—Oh. Creo que un solo beso tuyo basta para hacer que mi corazón se acelere Rafael, y desde que probé tus labios, he grabado tu sabor en mi memoria. Cualquier cosa que me des en este momento, será lo mejor para mí.

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