Prologo.

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Haciendo girar el tallo de la copa entre sus dedos, Liam observó el liquido ambarino formar un remolino dentro del envase acristalado mientras intentaba ignorar la escena que se reproducia a pocos pasos de donde se encontraba sentado. Las luces habían disminuido a su alrededor cuando la música había comenzado a sonar pero a pesar de la protección de la tenue visión, sabía que si las lágrimas que ardían en sus ojos se deslizaban por sus mejillas, como con tanto ahínco intentaban, alguien se daría cuenta de ello y entonces tendría que inventar una excusa para explicar su llanto.

A pesar de que estaba haciendo su mejor esfuerzo, mientras la noche avanzaba comenzó a caer en cuenta de lo dificil que disimular un corazón roto era en realidad. Las novelas y peliculas lo narraban como un suceso fácil, algunas lágrimas eran derramadas, humedeciendo las mejillas del protagonista, antes de que este las limpiara y colocara su mejor sonrisa falsa para disimular su sufrimiento. Pero nadie te describía el incesante dolor que acalambraba tu pecho al intentar suprimir el llanto de protesta ante la injusticia que se cometía contra tu corazón. Nadie te decía realmente que poner una sonrisa en tu rostro en un momento así iba más allá de lo doloroso y que resultaba casi imposible de llevar a cabo.

Nadie te decía que se sentía como si te hubiesen dado una paliza tan fuerte que hace arder todo tu cuerpo mientras tienes que permanecer de pie para seguir simulando estar perfectamente.

Lo peor era que no era como si pudiese levantarse y marcharse. No podía dejar la celebración sin tener que dar alguna excusa por ello y por el momento, él realmente no creía que pudiese hablar el tiempo suficiente para contar una mentira sin ponerse a llorar como una nenita pequeña. No quería arriesgarse a romperse frente a nadie allí dentro porque eso lograría armar un gran revuelo que no tenía ni fuerzas ni deseos de presenciar.

Las luces volvieron a bajar a su alrededor mientras los focos se volvían hacia la pista de baile donde el gran y vistoso vestido pálido de la novia se hacía lugar entre las personas que bailaban allí. Ella parecía en las nubes mientras los invitados se apartaban para dejar pasar a los novios hacia el centro de la pista. El sonido de la música de vals comenzó por quinta vez en lo que iba de la noche mientras el novio, tan sonriente como su par femenina, tiraba de la misma a sus brazos y comenzaban a moverse.

Liam los observó con atención por un momento, sintiendo como su corazón se resentía con su lado masoquista. Porque no había ninguna otra justificación lo suficientemente buena como para explicar el porqué había cedido a ser parte de la celebración que estaba destruyendolo o porque había cedido de buena fé a las demandas de la novia y se había sentado en una mesa cercana a los novios. Era como sentarse en primera fila para ver como sus ilusiones eran destruidas como si fuesen delicadas piezas de cristal que alguien estaba arrojando al suelo sin piedad.

Y aunque el clásico cliché lo obligaba admitir su amor por la hermosa novia, la verdad era que el joven esposo era quien había robado su corazón. Había tenido una especie de enamoramiento por Alexander desde que habían terminado la secundaria, dos años atrás. Y aún cuando sabía bien que el joven de oscuro cabello era totalmente hetero, se reservó la esperanza de que eso cambiara en algún momento.

No lo había hecho.

Alex había conocido a Kate un año atrás y había sido amor instantaneo. Ellos habían quedado prendados del contrario al instante y no habían tardado en conectar. Se habían comprometido cuatro meses despues de su primera cita, Liam había tenido ocho meses para procesar el hecho de que su amigo y amor secreto contraería matrimonio pero aúnque lo intentó, ese tiempo no había sido suficiente para matar los sentimientos que habían crecido en su interior y el dolor que todo le producía.

Luego de observar estatico por unos momentos, abandonó su copa sobre una mesa cercana y se puso de pie. Por suerte, Kate había convencido a Alex de hacer la boda en una casa de eventos que tenía un hermoso balcón que daba al jardín trasero donde los invitados podían salir a refrescarse. Él no tuvo que dar ninguna excusa mientras pasaba entre las personas y salía por las puertas hacia el exterior.

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