1

366 41 37

"Si no sufres por amor, entonces, no estás listo para amar"

Se despidió de su público con una reverencia, para luego agitar su mano mientras los gritos y aplausos aumentaban cada vez más.

Ahogó un bostezo. Su maquilladora le tendió una toalla para que pudiera secarse el sudor.
Sonrió al ver a su esposo sentado en una silla, esperándolo.

Éste estaba de espaldas, por lo que aprovechó para taparle los ojos con las manos.

Adivina quién soy...

— ¿La persona que más amo?

Sonrió conmovido.

Y... ¿Quién es esa persona?

— La que me está tapando los ojos.

— ¿Y quién te tapa los ojos?

— La persona que amo.

— ¿Y quién es?

— Tú.— dijo y tomó a su esposo para plantarle un beso en los labios.

El pelinegro sonrió en mitad del beso por la actitud de su amado.

— He visto todo el concierto, estuviste increíble.

— ¿De verdad?— pregunta el pelinegro mientras el otro se levanta de su asiento.

Sí. Sólo hay algo que no me gusta.

— ¿Qué es?— pregunta el pequeño ladeando la cabeza.

El rubio se acerca a su oído y le susurra.

Que te miren tanto. Detesto que pongan los ojos en lo que es mío.

Se dejó llevar por los labios del más alto, siendo llevado a aquel mundo increíble al que sólo podían ir ellos dos cuando se besaban.

Alguien carraspeó rompiendo el momento de la pareja.

Takahiro, te quedan dos minutos antes de que empiecen las firmas. Alístate.

Ti quidin dis minitis. Estúpido.— escupió Takahiro cuando el hombre se marchaba, recibiendo a cambio una risa por parte de Toru.

Algún día te escucharán y estarás en problemas.

— No me preocupa. Ya me voy, deséame suerte.

— Suerte cariño.— dijo el rubio depositando un beso en la boca del más bajo como señal de ánimo.

Toru vio como su esposo se alejaba corriendo llevándose varias cosas y personas por delante.

Río ante la escena. Lo amaba tanto.

Aún recordaba sus votos el día de la boda.

«—Daría mi cuerpo y alma con tal de estar contigo para siempre.»

Él también deseaba que estén juntos para toda la eternidad.

Tantos años de lucha con las oposiciones de las familias de ambos valieron la pena al estar los dos juntos en el altar, tomados de mano, jurándose estar unidos en vida y muerte, en cuerpo y en alma.

Ambos ya con sus veintiocho años sabían que eran almas gemelas, eran el uno para el otro.

— Y que pase una desgracia si no es así.— susurró el rubio al pensar en eso.

....

¡Aaah, estoy muy cansado! Me duele la mano de tanto escribir.— se quejó Takahiro mientras iba en el auto con su esposo conduciendo.

Tranquilo, ya llegarás a casa y podrás descansar.

El pelinegro lo miró expectante. El auto frenó en un semáforo y aprovechó para acercarse.

De hecho... Hoy no quiero descansar. Hoy tengo ganas de jugar.— susurró con su mejor voz seductora en el oído de su pareja.

No. Lo siento, pero no. ¿No recuerdas lo que pasó la última vez? Casi te desmayas, el doctor dijo que no debías estresarte, exigirte, y mantener relaciones sexuales. Tu desgaste físico y mental es grave.

Takahiro soltó un quejido mientras se daba vuelta y se cruzaba de brazos.

Cariño, no te enojes. Es tu salud.

Toru... Por favor...

— No. Y esta vez no harás nada para convencerme.

El pelinegro hizo un puchero a pesar de que realmente no haría nada. Últimamente estaba muy mal de salud y las noches con su pareja sólo conseguían desgastarlo más.

Apenas podía rendir un show completo en los escenarios.

Buenas noches mi amor.

— Buenas noches cielo.— dijo Takahiro besando al rubio.

Toru apagó la luz para caer dormido en un profundo sueño y por fin descansar.

Aunque su tranquilidad duró muy poco cuando despertó a la madrugada oyendo ruidos en la planta baja y viendo que su pareja no estaba a su lado.

Lo tomó como algo normal, ya que Takahiro padecía de insomnio y muchas veces bajaba a escribir ideas para sus nuevas canciones hasta dormirse.

Aunque esa noche él no estaba escribiendo.

Esa noche él no estaba en la planta baja.

Esa noche él no estaba en casa.

Toru despertó con la costumbre de estirar los brazos sin abrir sus ojos.
Cuando miró el reloj, supo que ya era tarde, y que eso tal vez explicaba el porqué de tanto sol, y el que su pareja tampoco estuviese en la cama ese momento.

Bajó una vez vestido para ser recibido como todas las mañanas (excepto aquellas en que Takahiro tenía conciertos, entrevistas etcétera) por el pelinegro haciendo el desayuno.

Pero su impresión fue aún más grande al ver que la planta baja estaba totalmente vacía.

«¿Estará en el baño?»

— ¿Amor? ¡Buenos días! ¿Dónde estás?

Vaciló unos segundos pero al fin y al cabo no obtuvo respuesta.

No debía parecer una madre preocupada, ya que Takahiro tenía veintiocho años, salía de la casa en la mitad del día, y no era la primera vez que se iba sin avisar.

Pero a Toru le quedaba una duda.

¿Se había ido desde la madrugada anterior, cuándo él vio que no estaba durmiendo?

¿Podría el pelinegro ser capaz de engañarlo?

Un sonido agudo sacó a Toru de su trance. Tardó tiempo en identificar que se trataba del teléfono.

«Ahí está la respuesta. Debe haberse ido por alguna urgencia y apenas le deben haber dado tiempo a que me avise.»

Tomó el tubo del aparato para colocarselo en el oído.

¿Hola?

Nada.

Silencio total.

¿Hola? ¿Quién habla?

— Tienes tú y el idiota este sólo quince días. Y ni se te ocurra llamar a emergencias.

Colgaron.

S.O.S 15 DÍAS  //TORUKA//¡Lee esta historia GRATIS!