Capítulo 17 - Placeres Culposos.

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Horas más tarde, retomamos el viaje y nos detuvimos en una hermosa construcción rústica, que parecía tener un par de años de haber sido construida. Lo que me sorprendió, aparte de su hermosa arquitectura, era que la propiedad, le pertenecía a Cole.

—Fallon, hay una habitación con tu nombre en la segunda planta a la derecha. —indició Nate recibiéndonos. Ella sonrió agradecida y fue directamente hacia ella. Jason sonrió. Fruncí el ceño ante eso, ¿Qué me estaba perdiendo?

—Cole...—susurró Nate aun consternado de tenerlo entre ellos, nuevamente— es tú casa, tú indícanos, hermano.

Cole sonrió y abrazó a Nate fraternalmente.

—Continua con eso tú, Nate. Yo... no vengo aquí desde que la compré.

Jason y Nate compartieron una risa.

Nate se fijó en mí.

—También me alegro de verte, Emma. Te buscamos por todos lados y, cuando una pelirroja apareció en esa puerta diciéndonos dónde estabas... Jason se puso como loco y, a decir verdad, yo un poco. —relató Nate, haciéndome sonreír.

Sonreí enternecida, lo abracé y el me correspondió el abrazo, por unos segundos.

—Tu habitación está en la segunda planta, a la izquierda, junto a la de Cole. Que él te guíe, iré a ordenar un par de cajas, aun nos estamos instalando. Ahora vengo. —dicho eso, él se despidió.

Miré hacia Cole, y él hizo una señal muy clara para que lo siguiese, eso hice. Lo seguí atrás suyo, y me di el lujo de percatarme en su ancha y fornida espalda; era asombroso, aun estando furiosa con él, lo deseaba.

—Es esta. —indicó deteniéndose. Pestañeé mirando a otro lado. Me fijé en la habitación y entré. Era amplia y bonita. No estaba amueblada, como siempre, pero yo ya vería eso luego.

—Me gusta. —susurré mirando cada esquina del lugar. Cole me mostró una sonrisa ladeada.

—Bueno, dejaré que te acomodes. Adiós. —dijo él yéndose.

➢➣➣

Narrador Omnisciente.

La noche había sido prácticamente eterna y muy pesada. Cole se encontraba en la cocina, bebiendo un poco de jugo mientras se distraía de cualquier cosa, menos de la posibilidad de tomar su arma e ir tras la cabeza de Basil.

Basil.

Emma.

Aun no sabía que haría con ella. Por un lado, se sentía herido; había sido engañado por Basil delante de sus narices, debido a la cara de ángel de Emma y nunca se percató e investigó más de ella. Tal vez, porque no quería saber. No quería sospechar. No por una vez en su vida. Pero se equivocó, debió de haber sospechado desde el primer segundo en el que la vio. Tal vez, fue su mirada perdida y su aspecto de pordiosera, que sucumbió algo en lo profundo de él, algo que el creyó que ya no existía y por primera vez, se abrió ante la posibilidad de que Emma era solo una chica perdida.

Pero no.

No lo era.

Emma era la hija de su mayor enemigo en la tierra. Del hombre que le arrebató todo en la vida y él, sabía muy en el fondo, que la única manera de atraer a Basil era dañando a Emma.

La cuestión es, ¿Se atrevería? ¿Él sería capaz de herirla, sólo para beneficiarse?

Para sorpresa de Cole, ni él lo sabía.

Evitando darle más vueltas al asunto, fregó el vaso que usó y subió a su habitación. Fue en ese momento que se detuvo, cuando pasó por la habitación de Emma. Todo en el gritaba que no entrase, que no podía dejarse ir...

Pero su cuerpo negó calló su buen juicio y entró a la habitación en silencio.

Emma estaba recostada en su cama, de espaldas a la puerta y descansaba plácidamente. Su respiración era pesada, lo que indicaba que llevaba un buen rato sumida en la inconciencia. Cole la admiró. Su mano picó y sin poder resistirse, alejó un mechón rebelde que cayó a causa del viento sobre su mejilla, él sólo la apartó con una leve caricia, provocando que ella despertara.

Cole no se movió. Siguió estando cerca, observándola. A Emma le costó un poco divisar en medio de la oscuridad el rostro de Cole y frunciendo el ceño, se sentó en la cama.

—Cole...—susurró ella mirándolo— ¿No crees que es un poco...?

Pero el la silenció, depositando en sobre sus labios un beso. A Emma le tomó por sorpresa aquello, pero sin previo aviso, lo continuó. Se arrodilló en la cama y tiró de los cabellos de él. Cole, levantó la ligera blusa de ella y rompió el beso, sólo para deleitarse al ver el valle de sus pechos, aun cubiertos por el sujetador de tela blanco. Sonrió y hambriento y deseoso besó sus pechos sobre el sujetado haciéndola gemir con desespero. Ella tiró de sus cabellos y continuaron besándose. Las manos de él bajaron hasta sus pantaloncillos, los bajó lo suficiente como para dejar a la vista sus bragas, aun con los pantalones puestos y sus dedos curiosos, bajaron hasta su monte venus. Ella jadeó desesperada, y fue cuando sus dedos tocaron aquella zona... que Emma se alejó.

—No, no, no, espera...—empezó a decir apresuradamente— ¿Qué significa esto? —preguntó ella recobrando el aliento, mirándolo a él, en espera de algo. Lo que sea, una señal de que esto que ambos sentían... era real.

El intentó besarla nuevamente, pero ella se alejó.

—Cole, dímelo. —exigió Emma— Dímelo —pidió.

Cole suspiró mirándola.

—Emma, ¿no podemos sólo hacerlo y ya? ¿Por qué tienes que darle un significado a todo? —preguntó él con exasperación, y con la intención de evadir algún comentario romántico suyo. Emma sintió el familiar nudo en la garganta, pero se lo tragó. Se alejó de Cole y lo miró.

—Basta de eso. —gruñó ella.

El la miró sin entender.

—Basta de querer alejarme cada que me acerco. —continuó ella tomando sus mejillas— ¿Qué no lo ves, Cole? —susurró sobre sus labios— Yo te amo. afirmó ella sonriendo.

Y él sabía que ella lo amaba, por más que no se lo merecería.

Fue cuando se dio cuenta de que él, no podía utilizarla. Ya la había hecho daño suficiente, como para tener que aprovechar aquel sentimiento a su favor. Tensó la mandíbula y tragando amargamente dijo:

—Pues lo siento por ti. —respondió agriamente.

La sonrisa de Emma lentamente se borró de su rostro y su mirada anhelante y enamorada se trasformó en una dolida y furiosa. Se alejó bruscamente de Cole empujándolo e intentó huir, pero él la detuvo, aunque ella se zafó de su agarre con fuerza.

— ¡No me toques! —gritó ella— ¡Eres un monstruo egoísta! —volvió a decir.

Cole cerró los ojos guardando esas palabras en su memoria.

— ¡Me hubieras dejado morir en aquella carretera! —gritó Emma limpiándose las lágrimas. —dicho eso. Lo empujó lejos de su camino y sólo tomó su maleta.

Cole no la detuvo.

Porque si lo hacía, se aferraría a ella para siempre y no era justo, no para Emma.

Él no podía ser egoísta con ella. 

Almas Marcadas - I Libro.¡Lee esta historia GRATIS!