- ¿Estas segura que no quieres venir a almorzar con nosotros? –me preguntó James con una sonrisa mientras salíamos de la última clase que teníamos juntos-

- ¡Si! –dijo Anne dando saltitos- Ven con nosotros.

Negué con la cabeza.

- Gracias por la invitación chicos pero estoy muy cansada, además no quiero dejar tirado a Sebastian.

- Oh, Sebastian me dijo que se iba con los chicos de lacrosse a entrenar –me contestó Annie.

- ¿Recién es el primer día y ya comienza a entrenar? –pregunté.

- Luego de lo que sucedió el año pasado no me sorprende.

Lacrosse era el deporte que se destacaba en nuestro instituto, y todos los años los jugadores, entre ellos Sebastian, competían contra distintos equipos de otros colegios. El año anterior nos habían derrotado en el último partido, era de esperar que quisieran entrenar desde el primer día para comenzar bien la primera temporada.

Al despedirme de los chicos, me dirigí hacia la salida del instituto con mi mochila colgada al hombro.

Me paré en seco al ver a Kian apoyado en el capot de mi auto con los hombros relajados y la mirada perdida.

Estuve a punto de dar la vuelta e irme caminando pero no se nos permitía dejar el auto en el estacionamiento del instituto así que suspiré y me acerqué a él con las manos en las dos correas de mi mochila.

Me paré delante de él, Kian se limitó a mirarme. No podía creer que se hubiera sentado en mi auto como si nos conociéramos de toda la vida. Lo miré mal pero él ni siquiera se inmutó.

- Perdona pero estas sentado encima de mi auto –le dije fulminándolo con la mirada.

- Ya lo sé –dijo sin más-

- ¿No piensas correrte?

- No hasta que no me pidas perdón por lo de la moto. ¿Pensabas que no te iba a reconocer? –preguntó alzando una ceja.

- Pensé que solo me habías visto de atrás.-

- Lo he hecho –me contestó sonriendo de medio lado- el mejor momento de mi día –puntualizó bajando la mirada hasta mis piernas.

Me quedé boquiabierta, no me esperaba que dijera eso.

- Sigo esperando –dijo acercándose un poco hacia mi-

Di un paso hacia atrás.

- No voy a pedirte perdón, dime cuanto cuesta la pintura y te la pagaré.

Estaba decidida a no perder mi orgullo, y menos con Kian Denovan. Sus ojos se tornaron fríos.

- No quiero tu dinero.

- ¿Qué quieres entonces? No voy a pedirte perdón –le contesté cruzándome de brazos-

Se quedó mirándome sin decir nada y luego ladeó la cabeza.

- Esta bien, hay otra cosa que quiero.

- ¿Qué es?

- Dile a Anne que me cambie de lugar en Literatura.

- ¿Quieres sentarte conmigo? –pregunté sorprendida-

Él lanzo una carcajada.

- Quiero su lugar. Estoy sentado en el primer banco y ustedes están sentadas al fondo.

Ouch.

Lo pensé por un momento y suspiré.

- Esta bien, pero las dos nos vamos a cambiar a tu banco, no solo Anne.

¡Esto es guerra! [Sin editar]¡Lee esta historia GRATIS!