capitulo 51:"Saber esperar".

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Al salir de la Universidad, me despedí con la mano de Zayn y Liam, y ellos sonrieron en respuesta. Corrí con el bolso a cuestas hacia la motocicleta de Harry, volviendo a un pasado cuando iba a recogerme con la motocicleta, antes de todo esto. 

Cuando todavía era Harry.

Aparté esos pensamientos de mi mente y le sonreí, sorprendiéndome cuando me atrajo hacia él con un brazo y juntó sus labios con los míos, moviéndose de un lado a otro mientras su lengua jugueteaba con la mía. Cuando nos separamos, lo miré estupefacta, parpadeando repetidas veces para comprender lo que acababa de suceder. 

Con un rápido movimiento de cabeza, me indicó que subiera a la motocicleta y yo obedecí con el ceño fruncido, acomodándome la mochila en el hombro. Generalmente, las personas que sufrían un trauma severo, perdían parte de la capacidad de su cerebro para almacenar mierda, o, mejor dicho, recuerdos. Y si ellos olvidaban a su novia, ellos la olvidaban, quiero decir, yo era una extraña para él. Y aún así, me besaba. Esto era extraño.

Condujo en silencio por distintas calles que inmediatamente reconocía, y comencé a recitar los nombres de las mismas al igual que de los locales abiertos que pasábamos para no dejar mi mente a su libre albedrío. No me gustaba la sensación que mis propios pensamientos ejercían sobre mí en ninguna ocasión. Fuera buena o mala.

Nos bajamos frente a un centro comercial gigante. Cuando Alison y yo íbamos ahí, siempre bromeábamos con que podríamos quedarnos a dormir en las tiendas de colchones, por las mañanas desayunar en Starbucks, y luego pasar todo el día de compras. 

Ojalá la vida fuera tan fácil.

Recorrí con la mirada el edificio imponente que se alzaba enfrente de mí, poniendo una mano sobre mis ojos cuando llegué al tope, donde unas banderas de colores se agitaban con el severo viento que no tenía compasión de mí o de mis ojos. Seguidamente, sentí la mano de Harry abrazar la mía, enredando nuestros dedos juntos. Otro corrientoso aire de sorpresa me invadió. Sin embargo, no me resistí, y me dejé llevar por su paso tranquilo hacia dentro, donde las personas salían alegres con sus bolsas de compras. Una banda de chicos y chicas jóvenes se abrazaban entre ellos mientras comían pretzels y palomitas de maíz. Una pareja acariciaba el vientre hinchado de la chica mientras el viento agitaba sus bolsas de compras para bebés. A mi izquierda, otra parejita bastante joven reía, mientras el chico abrazaba a la chica por la cintura y ella alejaba su mano para tener una mejor vista de su nuevo y brillante anillo de bodas.

Desvié la vista, sorbiendo por la nariz como si nada pasara. No quería ni recordar que la palabra “anillo” o “boda” existían en el diccionario, y tampoco me agradaba mucho la idea de juntar ambas en la misma oración. No ahora.

Dentro del centro comercial, se escuchaba un barullo que iba entre voces de personas, llanto de bebés y risas jóvenes y viejas, a música a todo volumen proveniente de la tienda de instrumentos y de la disquería. Harry apretó mi mano para hacerme notar su existencia y me sobresalté, mirándolo, interrogante. Él sólo sonrió y plantó un beso en mi mejilla, arrugando su nariz en el gesto más tierno que había visto venir de él.

Ok.

-¿Habías venido antes? –preguntó, mordisqueándose un padrastro. Tragué saliva y asentí, todavía sin comprender qué carajo estábamos haciendo aquí.
-Ajá –respondí suavemente. –Mi mejor amiga y yo solíamos venir todo el tiempo, pero… Bueno, no lo sé –suspiré, encogiéndome de hombros y desviando la vista, fingiendo estar súper interesada por una tienda estrambótica que emanaba un extraño perfume a alcanfor. 
-Bueno, ¿a dónde quieres ir primero? –preguntó dulcemente. Lo miré, en un encogimiento de hombros, y él caviló, achicando sus labios y emitiendo un “mmmm” que me provocó morderle los labios. 
-No lo sé, ¿a dónde se supone que las chicas van con sus novios? –inquirió, haciendo una mueca extraña. Me encogí de hombros, ahogando la risilla que pugnaba por salir de mi interior.
-A comprar ropa interior –bromeé, perdiendo la mirada en el anuncio de una peluquería unisex. 
-Eso me agrada –dijo. –Vamos, entonces.

Abrí los ojos como platos cuando sentí el agarre de Harry jalarme hacia delante, dirigiéndonos hacia una tienda Victoria’s Secret.

-¡Era una broma! –protesté.
-¡No seas aguafiestas, Dayne! –bromeó. –Va a ser muy divertido –sonrió, con un brillo pícaro en sus ojos. Gruñí, rodando los ojos en broma, y me apresuré hacia delante, preparándome para que Harry quisiera que me probara media tienda y la desfilara frente a él. Los chicos y sus extrañas formas de excitarse.

Dentro de la tienda, mis ojos se deslizaron por el gigantesco salón repleto de maniquíes, estantes y mesas de madera repletas de ropa interior sexy y chicas sexys también. Me mordí el labio. Yo en realidad nunca había hecho esto antes. De hecho, algunas miradas se deslizaron a través de Harry, extrañadas. Bueno, esto era bastante extraño.

Dos chicas rubias se pavonearon cerca de Harry, presumiendo sus mini faldas y sus piernas largas y delgadas, lanzando su cabello claro sobre sus hombros y riendo falsamente, como las presentadoras de televisión que todo el mundo odia. Sus miradas se deslizaron a lo largo y ancho del cuerpo de mi novio, y luego se volvieron hacia la salida. Perras.

Una chica alta y pelirroja como una cereza apareció frente a nosotros, sobresaltándome, y su mirada se detuvo en nuestras manos entrelazadas. Entonces, sonrió.

-Oh, bueno, bienvenidos –dijo cálidamente. -¿Buscan algo en específico?
-Um, no, en realidad… -intenté decir.
-Mi novia está buscando algo muy sexy, sabes –Harry me interrumpió, sonriendo. Mis ojos se abrieron de sopetón. –Algo que diga, ya sabes, soy sexy o algo por el estilo. 
-Ah –los ojos de la chica se abrieron tanto como los míos, y se echó a reír. –Bueno, si me acompañan –se encogió de hombros, sonriendo. Seguidamente, se dio la vuelta sobre sus talones y comenzó a caminar a través de los pasillos atestados de chicas que no podían apartar la mirada de Harry ni un solo segundo. 

La tienda olía a parafina y a gel de frutas cítrico. Miré a Harry, quien se mantenía con rostro afable y una sonrisa pícara en su rostro, fascinado por lo que estaba a punto de ver.

-No sé lo que estás haciendo –susurré, queriendo romperle los dedos de las manos con los que me sostenía.
-Sólo estoy llevando a mi novia de compras –dijo, encogiéndose de hombros. –Todos los novios lo hacen.

Me paré en seco, obligándolo a mirarme, pero él no pudo enseriar su expresión.

-Pero nosotros no somos novios –grité, atrayendo la mirada de la chica de la caja y varias chicas que sostenían montones de camisas y bragas entre sus manos. Desvié la vista y solté la mano de Harry, cruzándome de brazos al no tener idea de qué hacer con las manos.
-Quiero decir, sí, pero… -chasqueé la lengua, y lo miré. –Tú no lo recuerdas.
-¿De qué hablas? Sí lo recuerdo –dijo, abriendo bien sus ojos y encogiéndose de hombros. –Tú eres Skylar, yo soy Harry. Vamos, ¿qué tan difícil puede ser?
-Harry –lo interrumpí, seria, esperando que de algún lado salieran cámaras ocultas y gente que me dijera que estaba en MTV Disaster Date y no en la vida real. Pero nadie lo hizo. –Perdiste cuatro años de tu memoria. Ni siquiera me conoces ahora. Y… ¿Cuánto puedes conocer a una persona en un mes como para recordar que la amas?

Su sonrisa se borró cuando frunció el ceño y bajó la mirada, suspirando. Me mordí el labio, con ganas de salir corriendo de la tienda y olvidarme de que alguna vez había pisado el centro comercial. Suspiré, frunciendo la frente débilmente. Pero entonces él me miró. Y lo hizo con el brillo más bonito que alguna vez pude ver en sus ojos. Las luces blancas que adornaban el techo hacían que sus ojos verdes brillaran como si fueran dos esmeraldas de verdad. Tragué saliva.

-Quizás yo sólo esté a punto de recordarlo –fue todo lo que dijo. A continuación, siguió caminando hacia delante, fijándose en las estanterías de la ropa interior mientras yo miraba a mi alrededor, frotándome las manos en los pantalones, mientras sentía que una corriente de aire con olor a splash de frutas se filtraba por las fosas de mi nariz e inundaba mis pulmones. En los estéreos de la tienda, sonaba una canción de Lady GaGa que sólo sirvió para aturdirme aún más.

Finalmente, suspiré, rindiéndome, y arrastrando mis pasos hacia delante. Harry me recibió con una sonrisa, al igual que la chica pelirroja, quien estaba enseñándole dos conjuntos bastante sexys para mi gusto. Los miré arrugando la nariz y luego miré a Harry, quien me miró arqueando una ceja con picardía. Finalmente, agarré el conjunto blanco de la mano de la chica, y me metí a un cubículo, cerrando la puerta con amargura. 

Lo deslicé por mi cuerpo lentamente, rogando por no verme como un gnomo cuando me viera al espejo. Yo sabía que Harry estaba esperando por observarme ahí afuera, y no me gustaba la idea de parecer un gnomo en lo absoluto. 

Cuando me di la vuelta hacia el espejo y abrí los ojos, sonreí, aliviada. Al menos se veía bien en mí. Fui bajando la mirada a través de mi cuerpo para detallarme mejor. Entonces, me di cuenta de mi abdomen. 

Unas largas cicatrices que nunca había podido quitar completamente se extendían a través de mi piel pálida, y tragué saliva. Pertenecían a hacía dos años, cuando Smith, uno de los enemigos principales de Harry, había intentado matarme. Recordé las escenas frunciendo el ceño. Frente a mí, ya no veía mi cuerpo frente al espejo. Ahora sólo podía ver agua mugrienta frente a mí y sentir el agarre de una cuerda ejercer presión sobre mis manos juntas, impidiendo que nadara hacia la superficie, y el cloro ennegrecido comerse mis heridas, infectándolas desde el primer momento en que las tocaron. Mis fosas nasales se fueron llenando de agua, mi boca sólo podía traficar agua pastosa y mugrienta, impidiéndome respirar. Todo a mi alrededor se convirtió en espeso vapor, y luego un montón de burbujas plateadas salieron de mi boca hacia arriba, y todo se volvió negro.

-Skylar, ¿todo bien allí dentro? –una voz me sacó de mis pensamientos y salté, mirando hacia abajo mi propio cuerpo. Aparté la mirada de las cicatrices, tragando saliva, y asentí. 
-Sí –grité, pero sólo salió un débil hilito de voz. La cortina rosada se abrió, y el cuerpo de Harry apareció ante la luz. Me tambaleé hacia atrás, retorciendo los pies y sonriendo con incomodidad. Se mordió el labio.
-Woah –arqueó una ceja, mientras sus ojos se deslizaban por mi cuerpo. 
-¿Eso es bueno o malo?

Se acercó a mí, mirando hacia atrás, y luego sus ojos verdes brillaron con picardía. Su mano me empujó hacia él, y choqué contra su cuerpo, mientras su mano se deslizaba hacia arriba y hacia abajo por mi espalda, bajando lentamente hacia mis bragas, las cuales retorció con suavidad, mordiéndose el labio.

-Tienes que llevarte esto –sonrió de medio lado y yo apreté los labios, jugueteando con los tirantes del sostén blanco.
-Genial, así podría desfilarlo para ti –dije con ironía, pero más bien se me escapó una sonrisita y ambos nos reímos tontamente.
-Anda, que se nos hace tarde para ir a comer algo –dijo, sonriente. Me di la vuelta, queriendo observarme un poco más en el espejo. Ladeé la cabeza, recorriéndome de la cabeza a los pies y viceversa. La verdad es que no me sentaba mal.

A través del espejo, vi a Harry gruñir de dolor, mientras se sostenía el oído con los dedos levemente torcidos. Pensé que era una broma al principio, pero luego sus facciones comenzaron a torcerse, y sus exclamaciones de dolor fueron haciéndose más fuertes y reales, como el tipo de quejidos que tiene una chica cuando tiene dolores menstruales. 

-¡Harry! –grité, mientras él se inclinaba hacia abajo, sosteniéndose la cabeza con ambas manos. Cayó de rodillas en el suelo, inclinando su espalda apoyando sus codos en el suelo, apretando sus cabellos con los dedos. La chica pelirroja que nos había atendido antes se apresuró hacia Harry, también, y sacó un teléfono del bolsillo de su pantalón oscuro de blue-jean. Marcó un número rápidamente, y comenzó a gritar instrucciones a alguna operadora, proporcionando también la dirección y el número del local.
-Mi amor, estarás bien, estarás bien –dije en su oído, pero él sólo pudo continuar gritando y gruñendo del dolor, hasta que se desplomó totalmente sobre mi regazo.

Lost- segunda temporada-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora