Capítulo 15 - Mátame o bésame.

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Unos días después...

Cerré la puerta del cuarto de Cole y entré cargando la bandeja de comida, como ya de costumbre hacía. Me dejé caer en el suelo y le tendí la bandeja, procedí a usar los utensilios, tomar un poco del puré de papas y ofrecérselos, cuando algo me tomó por sorpresa: Cole ya no estaba encadenado.

En menos de un pestañeo, ya me tenía contra el suelo y estaba encima de mí, solté un grito del susto y él me miró con la mandíbula tensa y los ojos llenos de furia. Tomó las llaves de mis pantaloncillos y se las guardó, luego, se acercó a la bandeja de comida y usando el cuchillo me lo apuntó directamente a la yugular, tragué pesado.

            —Dame una buena razón para no asesinarte. —gruñó él mordazmente. Lo miré. Él me miró y no dije nada. —Emma, empieza a hablar. —volvió a exigir.

Pero yo ya no temía. Cerré los ojos un segundo y luego lo miré.

            —Sólo hazlo. —pedí. Mi súplica lo descolocó, me miró como si hubiera dicho algo completamente ilógico y procedió a bajar ligeramente el cuchillo.

            — ¿Qué has dicho? —preguntó.

            —Hazlo, Cole. Porque no puedo soportar que te lastimen y que yo no pueda hacer nada al respecto. No puedo soportar que me odies... cuando yo te amo con todo y mis pedazos rotos, no soporto verte aquí... así que... sólo hazlo.

Sus facciones se suavizaron y fue cuando pasó su mirada a mis labios.

            —Tengo un dilema. —susurró él.

Lo miré atenta.

            — ¿Cuál es ese?

            —No sé si hacerte pagar o sólo rendirme y... besarte.

Los lados de mis labios se levantaron un poco, mirando sus ojos y sólo sus ojos, dejé ir mis manos de a pocos de su agarre, toqué su mejilla y le sonreí totalmente, me acerqué y sellé mis labios con los suyos.

Al inicio, fue un simple rose, como si el no siquiera rendirse a este sentimiento y continuar repudiándome; ya que aquello, parecía ser más fácil que admitir que también me amaba. Lo notaba. Sus labios, poco a poco, empezaron a moverse, al compás de los míos. Enredé mis manos atrás de su nuca y lo jalé aún más intensificando el beso. Su lengua invadió mi boca y curioseó sobre ella como recordaba. Una de sus manos, descendió hasta mi cintura y bajó ligeramente mis pantaloncillos, tocando el hueso de mi cadera, gemí. El cerró los ojos.

            —No sabes cuánto he deseado rendirme a esto...—susurró en mi oreja. Sonreí. Y entonces, él se alejó de mí, dejándome sorprendida. —Pero no lo haré.

Lo miré confundida.

            —De que... ¿De qué hablas? —pregunté. Intenté pararme, pero unas cadenas enredadas alrededor de mis muñecas me lo impidieron. Fruncí el ceño. ¿Cuándo había pasado esto? Lo miré, sintiéndome traicionada.

            —De que no confío en ti. Ya no más, Emma. —susurró seriamente— Sin embargo, eres mi boleto de ida del infierno, por lo que te necesito con vida. —aseguró él. Tomó las cadenas y me levantó de golpe, lastimándome las muñecas, gemí del dolor mientras las lágrimas caían por mis ojos acuosos. Me tomó con fuerza y colocó el cuchillo en mi cuello. Me tapó la boca y susurró en mi oído: —Quiero que cierres la boca a partir de ahora ¿Bien? —no respondí. Él gruñó y me apuntó con el cuchillo—Responde.

            —De acuerdo. —susurré.

El asintió y tomándome de rehén salió del cuarto. El primer guardia, me miró y luego su mirada cayó en Cole. Rápidamente, Cole me lanzó contra el guardia, evitando que el sacara su arma, corrió hacia él y lo apuñaló en el cuello haciendo que su sangre me bañara. Grité por la cantidad de sangre e intenté cubrirla, buscando salvar su vida.

Cole buscó entre sus bolcillos un arma y cuando la encontró, tiró de la cadena, jalándome hacia él.

            —Déjalo, morirá de todas formas. —susurró. Dicho eso, me utilizó como seguridad contra cualquier atacante. Uno de ellos apareció sorprendiéndonos, bueno, más a mí que a él y temblé. —Baja el arma o la asesino.

El hombre me miró y luego a Cole. —No lo harás.

            — ¿Quieres probarme? —preguntó Cole aferrando el cuchillo a mi cuello, haciéndome gritar del miedo. Él hombre rápidamente dejó caer el arma.

            —Está... está bien. Listo. Ya dejé el arma. Ahora, déjala ir.

Cole sonrió.

            —Mala jugada, compañero. —dicho eso, apuntó a su cabeza y disparó. Tapé mi boca para no gritar. —Calladita, Emma...

            —Cole, por-por favor...—supliqué.

Sin embargo, me ignoró. Pasamos por la cocina, y me miró.

            —Dónde... ¿Dónde está la salida? —preguntó.

Fruncí el ceño.

            — ¿Qué salida? —pregunté.

            —Vi una salida cuando me trajeron a este lugar. —respondió él sin mirarme, mientras miraba por toda la cocina. Se fijó en una repisa llena de especies. Se acercó a esta y empujándola, se dejó ver una puerta y por debajo de ella, se emanaba luz... luz solar.

            —Bingo. —dijo él tomándome a la fuerza y con un solo golpe suyo, ésta se abrió dejándonos ver una cegadora luz solar.

Me jaló por los jardines de la mansión y lo seguí torpemente debido a la rapidez en la que caminaba. Pasamos unos cuantos jardines y entonces, se detuvo. Miré que era lo que él miraba y abrí los ojos sorprendida: una camioneta.

Corrió hacia ella, mientras tiraba de la cadena, lastimándome. Llegó a esta y la abrió sin ningún problema, fruncí el ceño. Entramos y abrí los ojos al ver a Jason de conductor y a Fallon de copiloto. Cole me hizo entrar y cerró la puerta.

            —Larguémonos. —ordenó Cole

Y el auto partió.

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