Capítulo 14 - Confiar.

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El día siguiente a ese, abandoné la cocina de la mansión de Basil y me encaminé al cuarto de Cole con una fuente llena de comida, en ella había; una jarra de juego de toronja, un plato de verduras, filete y arroz graneado y un poco de suflé de chocolate que yo misma había preparado.

    — ¿Qué crees que haces? —escuché decir al fono. Me giré para ver a Basil y él miró la bandeja de comida e hizo una mueca. —No lo harás. —gruñó.

    —Claro que sí. —respondí, desafiándolo—No ha comido nada en veinticuatro horas, está muriéndose, necesita comer.

Él sonrió macabramente.

    —Es el punto, cariño, dejarlo débil... vulnerable, expuesto. Se inicia con la falta de alimento, después iré por lo mental, luego por lo emocional —me regaló una penetrante mirada— y finalmente, lo asesinaré.

    —Bien. —dije. Él frunció el ceño—Pero no podrás hacerlo, si es que se muere de hambre primero. Así que, adiós.

    — ¡Emma! —gritó Basil. Lo ignoré y continué caminando. Esta vez, le dejé cincuenta dólares al de seguridad y él, feliz, me dejó pasar.

En cuanto abrí la puerta, Cole me miró.

    — ¿Otra vez tú? —preguntó.

Ignoré su comentario y me acerqué a él lo suficiente como para darle de comer. Lo miré.

    —Tienes que comer. —afirmé. Él miró la bandeja que la ofrecía y se negó. Giré los ojos, era como un niño cuando se lo proponía.

    —Lo harás. —finalicé. Tomé los cubiertos y corté un poco de filete, se lo tendí a Cole, pero él no comió. Aunque sabía por su expresión, que deseaba aceptar lo que le ofrecía, pero su orgullo parecía ser más grande que su ansía de hambre. —Cole, déjate de niñerías y come.

    —Es lo que tú quieres. ¿Por qué tendría que darte la satisfacción en algo? —preguntó él.

Gruñí.

    — ¡No es lo que yo quiero! ¡Es lo que necesitas! ¡Así que comerás, aunque tenga que molerla y meterte la comida por la fuerza! —grité furiosa ofreciéndole una vez más el cubierto. El me miró y lentamente, abrió la boca, metí el cubierto en su boca y el degustó del aperitivo.

Sonreí satisfecha.

    —Está bueno, ¿verdad? —alardeé consciente de que no me respondería. Continué de esa manera; partiéndole trozos de caer y ofreciéndoselos. Con ayuda de una pajilla, bebió del juego y logró terminar todo, hasta el suflé.

Le sonreí.

    —No era tan difícil, ¿verdad? —susurré acercándome un poco. Él me miró y empezó a alejarse de a pocos. Boté un suspiro, me levanté y me fui.

Presionándole, no lograría nada.

Cuando salí del cuarto de Cole, le tendí las llaves al guardia y el asintió con la cabeza conforme. Me dispuse a retirarme, cuando escuché un tararear algo extraño. Busqué el sonido y lo seguí, me detuve al ver una ancha espalda, era un hombre; que usaba una camisa negra junto con unos pantalones del mismo tono y zapatos de vestir. Él se giró a verme y me sonrió.

    —Emma... es un placer verte. —sonrió él.

Me helé. Su voz. Él era mi atacante. Él me había traído aquí. Su sonrisa se ensanchó cuando notó que lo reconocí y se me acercó.

    —Te vez mucho más... bonita, que la última vez que te vi. —susurró él lentamente— ¿Cómo está Cole, por cierto? —preguntó.

Le lancé una bofetada por el comentario y él, reaccionó terriblemente mal, lo suficiente, como para arrinconarme contra una pared para observarme.

Almas Marcadas - I Libro.¡Lee esta historia GRATIS!