Capítulo 13 - Macabro.

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Cariño, yo te llevé a él.

            —Tú...—susurré con la mirada empañada— ¡Tú me metiste en ese maletero! ¡Fuiste tú todo este tiempo! —grité con la mandíbula apretada. Estaba furiosa y mi ira pronto se volvería peligrosa.

El giró los ojos.

            —Emma, no sobreactúes. Sí, es cierto, yo te di el empujón que necesitaba para que él te mirara; pero el resto lo hiciste sola, como el revolcarte con él, enamorarlo... todo eso te lo debo. Así que no, no todo el crédito es mío. —susurró.

            —Estás enfermo. —gruñí. Su sonrisa se borró y me miró.

            —No. Aunque debo admitir que me gusta vengarme de la manera más macabra posible. Tengo una reputación, cielito, ¿no lo sabías? —preguntó sarcástico. Me tensé.

            —Eres Basil... —susurré abriendo la boca sorprendida. El hizo una mueca—Pe-pero...

            —Soy Bartolomé Silvano, pero adquirí el nombre de Basil como... apodo. —sonrió— Además, ¿no crees que les da un tono más dramático a las cosas? No lo sé, a mí me gusta.

            — ¡Me das asco! ¡Todas las cosas terribles que has hecho! Asesinaste al padre de Cole, a su prometida, ¡tienes a la hermana de Jason! ¡Asesinaste a los padres de Nate y quién sabe qué otras cosas enfermizas habrás hecho! Y lo peor, es que me metiste a mí, tu hija, en medio de toda tu porquería, sólo para conseguir... ¿venganza?

            —Él también hizo cosas horrorosas, pero no te las dijo, ¿o sí? —preguntó él— No, claro que no ¿quieres saber por qué? Porque Cole Parker está más retorcido que yo...

            —Quiero irme. —pedí.

Él sonrió.

            —Oh, lo harás. En su momento. Por ahora, necesito que te quedes a completar la parte final de todo esto...

Lo miré horrorizada.

            — ¿Qué has hecho? —susurré.

            —Digamos que tu príncipe azul es ahora uno de mis juguetes favoritos y pienso divertirme mucho con él.

Mis ojos se abrieron ante su confesión. Salí disparada de la habitación y bajé las escaleras lo más rápido que pude, buscando con la mirada a Cole y fue cuando mis ojos se posaron en él y solté un sollozo.

Él se encontraba de rodillas, con los brazos tomados a cada lado, por dos hombres que, por su puesto, trabajaban para Basil y el, llevaba el rostro masacrado. Le habían dado la golpiza de su vida; su ramera estaba desgarrada y se podía ver en su pecho un par de verdugones hinchados al rojo vivo. Me acerqué rápidamente, pero una mano se enredó en mi brazo y me detuvo, me giré para tirar de esta con la intención de soltarme, pero él hizo más presión. Basil me miró severamente y pasó de mí para dirigirse a Cole. Su orden había sido clara: Quédate dónde estás.

            — ¡Cole! ¡Hijo! ¿Cómo has estado? —preguntó Basil acercándose a Cole, quien seguía de rodillas y con la cabeza gacha. —Pero que modales, ¿Qué no te han dicho que tienes que mirar a tus superiores a la cara? —dicho eso, lo tomó de los cabellos y levantó su cabeza bruscamente. Él se mostraba tan débil y afligido, jamás lo había visto así y aquello me destrozó. —Oh, ahí estás. Vaya, muchacho, te ves terrible... Me disculpo en nombre de mis hombres, son unos animales. Aunque me comentaron que diste buena pelea. —dicho eso, palmeó su mejilla— lástima que no te servirá para lo que te haré.

Almas Marcadas - I Libro.¡Lee esta historia GRATIS!