Capítulo 12 - Revelaciones que matan.

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Cole

Emma no estaba. No estaba en ningún maldito lugar de la casa y yo, empezaba a desesperarme. Me moví de un lado a otro consciente de la mirada que me daba Nate y la de Jason. Diez minutos. Diez minutos fue el tiempo que me costó darme cuenta que ella no estaba. No había que ser un genio para darse cuenta de los hechos: había sido raptada.

La jarra de zumo de naranja fuera del refrigerador junto con el vaso a medio servir, el cuchillo en medio de la sala, y las cerraduras y alarma de seguridad violentadas.

La habían tomado, y en mis narices.

            —Darren ya la tiene buscando por todo Kansas, debe de estar cerca. No deben de estar muy lejos. —susurró Nate mirándome con su teléfono en mano. Jason, aun hablaba por teléfono. Él colgó y me miró.

            —Hace media hora se vio una mini van cruzar nuestra entrar y salir, con Emma. Negra y de placa PJ-7104 Obviamente, si son listos, ya se deshicieron del vehículo. Sin embargo, dejó un rastro desde la ruta ocho hasta la carretera central, se dirigen a la autopista veintinueve, es todo lo que sé. —informó Jason.

Asentí con la cabeza. Saqué mi teléfono y coloqué en el buscador la autopista veintinueve y que había a los rededores: Una casa.

            —Una casa. Ahí la tienen, tiene qué. No hay otra forma. —susurró él— No hay otro lugar en más de doscientos kilómetros. —afirmé mirando el mapa de mí teléfono. Lo cerré y guardando mi arma detrás de mis pantalones, miré a Nate y Jason. —Iré por ella.

Ambos compartieron una mirada.

            —No. —se atrevió a decir Jason rápidamente. Casi reí en su cara, pero estaba demasiado cabreado como para hacerlo.

            —No me jodas, J. Es Emma. —dicho eso, me di la vuelta, pero Nate me impidió el paso. Apreté la mandíbula, empezaban a colmarme la paciencia.

            —Muévete. —gruñí.

Nate habló:

            —No estás pensando coherentemente, ¿En serio crees que será así de fácil? ¿Una casa en medio de la nada? ¡Por favor, Cole! Vamos en esto desde críos, sé que puedes notar lo estúpido que es esto.

Lo empujé.

            —Me importa una mierda si es una trampa. Iré a ver qué mierda hay ahí, sin que tú o —me giré para encarar a Jason— tú, me lo impidan. Si no vuelvo en media, búsquenme.

Dicho eso, pasé de Nate y salí de la casa. Me monté en el deportivo y emprendí mi camino.

No quería pensar.

No quería pensar que fue secuestrada por mí culpa.

No quería pensar las atrocidades que le estaban haciendo.

No quería pensar en ella teniendo miedo...

Siento lastimada...

El problema es lo hacía. Apreté el volante con mis puños hasta que se volvieron blancos y aceleré a fondo, tenía que llegar ahora. Las casas y autos empezaron a desaparecer y ser reemplazados por el desierto y el sol en su mayor esplendor. Parte de mí reconocía lo estúpido que era esto, pero la otra parte sólo podía pensar en Emma siendo tocada por un imbécil y ella rogando que no la dañaran y mi juicio se nublaba.

A lo lejos, divisé una casa, grande y lujosa, me apresuré a llegar y, cuando lo hice, inspeccioné el lugar, aun sin salir del auto. Bien, había dos salidas: la principal y la trasera. La principal estaba vacía, señal de obvia trampa y la trasera también. Me fijé en la parte superior y vi una venta a medio abrir, el resto estaba cerrado, era obvio que no previeron eso.

Almas Marcadas - I Libro.¡Lee esta historia GRATIS!