Capítulo 10 - Fuego Cruzado.

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Me encontraba con Marion, en la parte trasera de los jardines, en un gran huerto, plantando un par de flores junto a ella. Marion me había regalado uno de sus grandes sombreros de jardinería y yo me sentía más que complacida luciéndolo. Me había comentado que amaba la naturaleza de igual manera que a sus "hijos" y le encantaba pasar su tiempo aquí.

—Sé lo que está pasando entre tú y Cole, Emma...—susurró Marion tomándome por sorpresa. Continué regando la flor sin saber que decir. —No tienes por qué negarlo, mi niña, soy de edad, pero no soy tonta.

—La verdad, es que no está pasando nada. —hablé mirándola.

—Pero deseas que sea así. —me dijo ella. Reí a medias.

—Cole es alguien... con tantos demonios por derrotar y muchos secretos...

La mujer sonrió.

— ¿Me lo dirás a mí? Yo lo eduqué, niña, sé cómo es él. Lo que quiero saber es quién eres tú. Te vez dulce y atenta y preocupada por él y por mis chicos, pero ¿Cómo es que puedo confiar en ti estando con ellos? —preguntó ella.

—No tengo intenciones maliciosas, señora. Sólo deseo que Cole, Nate y Jason salgan bien de todo esto. —dije con honestidad. Ella me miró.

—Bien. Yo te creo, por eso sé, que Cole puede creerte. Te aleja porque está asustado de ti y de lo que puede pasarte. Ya ha perdido suficiente y no quiere perder más. Así que, por favor, no te rindas con él ¿está bien?

No respondí, sólo asentí.

➢➣➣

Esa misma noche, todos ya estábamos en la casa de Franco, cada uno, en su respectiva posición. Nate, le había pedido a su contacto que filtraran mi nombre en la lista de acompañantes de ocasión para Franco y así era, ahí era dónde me encontraba. Usando un vestido ridículamente corto y escotado, junto a un par de tres señoritas más, una con rasgos asiáticos, otra con rasgos latinos y finalmente yo, la única americana. Al parecer, Franco tenía gustos diversos.

Mientras nos dirigíamos al interior de lo que parecía ser la habitación de Franco, me fijé en cada uno de los ambientes de la mansión, y en la seguridad que había en cada esquina. Podía sentir como el sensor que tenía dentro del vestido emitía una vibración ligera cada vez que burlaba la seguridad tecnología del lugar, lo que indicaba, que hasta ahora, todo iba bien.

Fue cuando uno de los matones de Franco nos abrió una puerta y entramos, tras un "Esperen aquí" se fue. Bien. Tenía una oportunidad, debía de usarla. Del interior de mi vestido, saqué mis pantis negros y empecé a ponérmelas, podía notar como las muchachas se miraban entre ellas confundida, las ignoré y tomando la parte baja de mi vestido, lo volteé, volviéndolo una blusa más cómoda en vez de un ridículo vestido de prostituida. Las miré y de la parte de atrás de mi atuendo saqué cierta cantidad de dinero, las deposité en las manos de cada una.

—Váyanse, las cosas se pondrán feas por aquí. —les dije y ellas rápidamente, huyeron del lugar.

Salí de la habitación deslizando uno de los enromes ventanales de la habitación, mientras me perdía por los jardines. Encendí el comunicador de mi muñeca y dije:

—Todo listo.

En menos de un segundo, una soga cayó a lado mío y de esta bajó Cole, vestido en unos vaqueros negros y una ramera del mismo color. Me miró.

—Vámonos. —ordenó él— yo te cubro.

Asentí con la cabeza, mientras caminaba por los jardines con el arma en posición de defensa mientras Cole se encontraba a mi lado, mirando por los alrededores. Se escuchó un disparó, y señalé el lugar por dónde vino, ambos entramos nuevamente a la mansión, y nos topamos con el cuerpo de un hombre de seguridad.

Almas Marcadas - I Libro.¡Lee esta historia GRATIS!