En la frontera de la muerte - (Creepypasta)

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El rostro lo tenía embarrado de tierra y sudor, este último a causa de un gran esfuerzo constante que él le administraba a cada centímetro de su casi etéreo cuerpo debido al cansancio. Su lucha se había vuelto constante, había sido llevado a los límites de lo inimaginable en la batalla por su supervivencia contra aquellos amorfos cuerpos que alguna vez albergaban almas.

Sin embargo, su supervivencia no se debía a su fortaleza, suerte o algún azar del destino. Al contrario: era débil...

...y cobarde.

Esta situación le era demasiado incómoda, pero ¿qué más podía hacer?

Un día, simplemente despertó. Le palpitaba la cabeza. Fue el dolor de cabeza más insoportable y persistente que había sufrido durante su corta vida. Le recordaba a un día después de una noche de borrachera y excesos. Sin embargo, de alguna extraña manera, eso lo había salvado, aunque no lo sabía aún.

Algo lo tuvo que interrumpir en su estado de despertar pues un nauseabundo olor lo había sacado de sus laureles. No pudo detectar cuál era la causa de ese aroma tan pestilente y nauseabundo, puesto que la habitación en la que residía estaba sumergida en un espacio tan negro y tan oscuro que él llegó a preguntarse si estaba ciego. El pánico corrió por sus venas de inmediato. El rostro empezó a transpirar fríamente, aportando al ambiente un poco más de pesadez.

Guiado por el miedo, empezó a caminar hacia el respaldo de la cama (que lo había guarecido, junto a sus sábanas, del frío calante en el ambiente). Y encontrando la primera pared, caminó guiado por el único sentido que le servía fielmente: el tacto.

Al poco tiempo, se encontró con una superficie lisa, la cual de inmediato identificó como una ventana corrediza, y jaló de ella con la esperanza de tener intacta la vista. Para su tranquilidad, y respirando con un aire más ligero, su suposición era falsa. Y lo primero que vio primero fueron unos barrotes a modo de protección de ladrones y hurtadores, para posteriormente contemplar un patio pequeño de una casa, lleno de plantas, de baratijas y otras cosas sin mucha importancia.

Ignoró todo eso para investigar por qué la ventana no dejaba pasar la luz, y para su sorpresa, esta estaba pintada y cubierta de pintura negra. No entendía muy bien por qué se encontraba así la ventana, por lo que dio media vuelta para ver su entorno, y para su gran sorpresa, e impacto, encontró el cadáver de una mujer un poco mayor que él, aparentemente. Y su estado de putrefacción había logrado que su rostro fuera casi irreconocible para él.

Y nuevamente sintió ganas de devolver la tripa, esta vez sin contener todo lo que albergaba su estómago, dejando caer bilis a su lado. Aunque, extrañamente, cuando contempló el cadáver por segunda vez, sintió una serie extraña de sentimientos: atracción, tristeza, confusión, miedo, compasión y finalmente la más poderosa, el sentimiento de creer que la conocía de algún lado.

En su vientre yacía una mano putrefacta, que a su vez contenían un arma que no supo reconocer por la tenue luz, y una carta, la cual tomó con cuidado. Con rechazo, la comenzó a leer...

Mi querido Vic,

Sé que lo que haré va en contra de mis principios, valores... y sentimientos. Me da una pena tan solemne y desastrosa hacerte esto, pero me vi obligada a hacerlo, y cuando despiertes, lograrás ver mi nuevo estado.

Pero antes, me expiaré de cometer mi destino.

Cinco años atrás, tuvimos un accidente automovilístico. Yo, por fortuna, salí casi ilesa, sin embargo tú no lograste tener suerte, pues tuviste una grave contusión que te dejó inconsciente y entraste inmediatamente en coma, que irónicamente, nos mantuvo por vida mucho tiempo. Y además, te salvó a ti.

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