Capítulo 8 - Liberación carnal.

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Para cuando cayó la noche, me encontraba en el baño de la enorme y gran casa y puedo jurar que puedo hacer del baño mi casa. Sonreí cepillándome los dientes con aquel pensamiento. Al enjuagarme, me hice una coleta alta con mi cabello un poco húmedo por mi ducha y salí de la habitación, topándome con Nate en el pasillo; quien llevaba nada más que unos pantaloncillos de franela.

¡Santo cielo, que abdominales! Por favor, no juzgar, tengo ojos.

—Oh, Hola, Emma ¿no es así? —asentí con la cabeza— Es... bueno tenerte aquí, tranquilizas al grupo. —susurró él. Fruncí el ceño.

— ¿Qué? —pregunté.

—Lo haces. —dijo él— digo, Cole usualmente es el más centrado y a la vez, más explosivo de todos, pero contigo alrededor, incluso Jason, parecen haberse calmado. Eso es gratificante, considerado como están las cosas. Así que sí, es bueno tenerte con nosotros. Te daría una taza con "Bienvenida al equipo" y eso, pero no son cosas que los chicos malos hacen, —agregó el guiñándome un ojo divertido, sonreí— como sea, descansa.

—Igual, Buenas noches. —susurré para luego entrar a la habitación de invitados que me había ofrecido Marion. Era muy moderna, con una cama a un lado de sábanas blancas, una ventada con persianas blancas también, paredes grises y suelo alfombrado.

Al cerrarla, me dejé caer en la cama y cerré los ojos. Mis pensamientos me llevaron a un sueño, en el que había un pequeño niño de ojos cafés temerosos, con lágrimas en los ojos, asustado, junto al cadáver de un hombre lleno de sangre, mientras que el niño lloraba sin césar y después, estaba yo, en una esquina, intentando ayudar al niño que lloraba, pero siendo retenida por dos hombres sin rostro que no me dejaban ir a ayudarlo.

Fue cuando desperté. Sobresaltada y sudorosa y algo asustada. Me senté en la cama y miré el reloj de la mesita de noche, las tres de la mañana. Frunciendo el ceño, me paré y me dirigí afuera de la habitación, bajé por las escaleras y me detuve en la cocina.

— ¿Qué haces aquí? —susurró una ronca voz.

Escucharla hizo que diera un saltito y me tapara la boca antes de gritar. Encendí la luz y pude observar a Cole, junto a la barra con un vaso de jugo de toronja a lado suyo; vestido casualmente con una ramera negra sin mangas y unos pantaloncillos sueltos de franela, luciendo demasiado atractivo para su bien... y el mío.

—No... no podía dormir. —susurré también con la boca seca. Me acerqué al refrigerador, sintiendo su pesada mirada sobre mí, lo abrí y buscando la jarra de toronja la tomé. —Si no te importa... ¿puedo? —pregunté mostrándole la jarra.

—Por favor. —dijo él accediendo. Sonreí acercándome al estante y tomando un vaso para servir el juego y beber de este. Cuando terminé, lo dejé a un lado. Me acerqué con el vaso hacia el lavado, y fue cuando me percaté de que este, estaba, peligrosamente cerca de Cole.

Lo miré y el me miró.

Tendió su mano para que le entregase el vaso y cuando lo hice, no tomó el vaso, me tomó a mí. Sus hábiles dedos se enredaron en mi brazo y jalándome me aplastó contra su pecho y el lavado. Tomó el vaso y lo dejó a un lado, teniéndome muy cerca bajo la tenue luz de la cocina.

— ¿Por qué no podías dormir? —susurró él sobre mis labios, con la cabeza ligeramente baja por mi estatura.

—Porque... tuve un mal sueño. —respondí mirando sólo sus labios.

—Pesadillas, ¿eh? —susurró él hipnotizándome por el movimiento de sus labios al hablar. Asentí con la cabeza, alzando la mirada para encararlo.

Almas Marcadas - I Libro.¡Lee esta historia GRATIS!