PRIMERA PARTE: Retorno a Casa /Capítulo 1.1: Partidas

2K 109 28

⚓️⚓️⚓️Primer Tramo⚓️⚓️⚓️
Capítulo 1: Partidas

Hay amores que nos esperan toda la vida a que maduremos, para que los aprehendamos con fuerza y no los dejemos escapar. Es el caso de estos jóvenes que se conocieron adolescentes y debieron aprender a aprehenderse.

Sin duda el punto que los unió para siempre, fue cuando el destino los separó intempestivamente.

⚓️⚓️⚓️

Océano Atlántico, Septiembre de 1880.

Pasada la tormenta; alborotados, los tripulantes corrían de un lado a otro

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Pasada la tormenta; alborotados, los tripulantes corrían de un lado a otro.

—¿Dónde crees que estemos a esta altura Martina? —preguntó Lionard en inglés.

El joven de confiada mirada, se veía turbado por la preocupación. Sin embargo, eso no le restaba atractivo a los ojos de la señorita. Aunque éste hecho, cada vez la irritaba más consigo misma. A pesar de sus modales atentos de los últimos días, no debía olvidar las cosas insultantes que le había proferido, ni los orígenes de su fortuna, ni la forma despectiva con que solía tratarla, como si tan sólo fuera una niña molesta. ¡Y por Dios que ya no era una niña! Tenía quince años.

Si bien no los aparentaba hasta hacía muy poco, le había tocado madurar de golpe, al enterarse de aquella manera tan brutal, las circunstancias de su nacimiento. Su estadía en casa de su tía en Francia había sido muy instructiva en muchas maneras.

Aunque se podía considerar que el joven últimamente ya no se mostraba tan pedante como al inicio del viaje... ¿O sería por aquellos ojos de azul profundo que no se cansaba de escudriñar a escondidas, cuando su mirada le era esquiva? Ahora parecía contemplar a las profundidades del océano en ellos. Cuando los había visto bajo los rayos del sol en cubierta, se asemejaban al mar caribeño, de un azul cristalino.

«El tripulante que encontré anteriormente, dijo que estábamos cerca del Puerto de General Lavalle. Así que calculo que estaremos un poco más al sur, en Ajó, el extremo terrestre más oriental de Buenos Aires». Esto es lo que hubiera querido expresar Martina en el idioma del muchacho, pero dado que no lo dominaba completamente, se limitó a traducir—: En Ajó, alrededor de cuatrocientos kilómetros al sur de Buenos Aires.

A pesar de estar agotados luego de largas horas de tempestad y de insistentes intentos por descifrar los misterios que circundaba a la nueva tripulación del navío, resistieron despiertos un largo tiempo para observarse cuidadosamente el uno al otro. Cada vez que la mirada de uno se cruzaba con la del otro, se obsequiaban con tímidas sonrisas que desarmaban las barreras que se habían erigido.

Finalmente se quedaron dormidos cada uno sentado en su rincón del camarote, donde aguardaban a que el amenazador Paul, los liberara de su promesa de aguardar sus instrucciones para subir a cubierta.

La más romántica de las historias [Re-Editada]¡Lee esta historia GRATIS!