"CAPITULO 37"

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Aquéllas arrugas habituales se marcaron sobre la frente de Caín mientras conducía a cada milla más cerca de su antiguo hogar

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Aquéllas arrugas habituales se marcaron sobre la frente de Caín mientras conducía a cada milla más cerca de su antiguo hogar. Está mañana, cuándo se presentó en casa de Maya, y supo que viajarían, ella y sus hijos hasta la casa de Brian para la fiesta, se había ofrecido a llevarles. Aceptaron, aún con las negativas de Lenz y Naedeline, solo porque Mila lo había pedido.

Pero ahora que estaban cerca a la casa de su padre, podía sentir la incomodidad e irritación en su semblanza. Le pareció no haber sido una buena idea que el viniera. Caín aún se encontraba encerrado en su caparazón respecto a Brian.

Lenz mantuvo la conversación sana entre ambos durante todo el caminó, hasta que él chico supo que ya no era bueno abrir la boca. Durante las horas en carretera, Maya era consciente de las miradas furtivas que recibía de esos leonidos ojos por el retrovisor.

Después de la noche en que casi estuvo a punto de besarle, las cosas habían cambiado. Las visitas a Mila seguían su curso, pero los ramos y regalos en su puerta dejaron de llegar, y prácticamente había dejado de hablarle. Algo en ella le decía que por fin había entendido y podía respirar, la otra parte le decía qué estaba furiosa por haber quedado fuera de sus pensamientos. «¿Tan fácil se había rendido?», se decía. Se estaba odiado ella misma al haberle dicho que no le amaba cuándo sabía que no era cierto.

Cuándo estaciono el Jeep frente a la casa, la puerta de madera se abrió y Brian salió juntó a Noreen. Mila se puso impaciente por descender del auto al verles. Tanto que ella misma se deshizo del cinturón de seguridad y bajo de su silla a encontrarse con ellos.

—¡Abuelo!— gritó con alegría e ímpetu hacia él. Algo que no pasó desapercibida para Caín.

Brian inmediatamente la sostuvo con fuerza al alzarla del suelo y la llenó de besos. Maya ignoro el rostro sereno de él, y juntó a Naedeline y Lenz se acercaron a saludar.

Caín se había quedado estático de pie junto a la puerta del Jeep. La idea de pasar algunos días bajo el mismo techo que su padre le producía ansiedad y descontento. Con rostro adusto y mandíbula tensa, se acercó y saludo con un beso sobre la mejilla a Noreen. Su mirada se cruzó por un segundo con su padre, y solo compartió un leve asentimiento de cabeza.

—Les estamos esperando, deben de venir con hambre, así que la comida está hecha— dijo Noreen con voz cargada de felicidad.

A pesar de estos años, Noreen seguía siendo la mujer fuerte y firme de siempre. Aunque sus pasos eran ahora un poco más perezosos.

Todos entraron entre risas, sin embargo, él prefirió ir al auto y sacar todo el equipaje del maletero.

—¿Quién diría qué estaríamos todos aquí como una verdadera familia? — ironizó Lenz al tomar una de las maletas junto a él.

—Vete haciendo a la idea, tal vez sea siempre así— siseó él, elevando una ceja.

—No parece ser tan mal, solo no vuelvas a echarlo todo a perder— repuso Lenz y se alejó con dos maletas en sus manos.

EN LAS MANOS DE UN ÁNGEL © [SCD#1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora