capitulo 47: "Caminando en una cuerda floja".

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-Skylar’s POV-:

Abrí los ojos, encontrándome con dos joyas verdes mirándome directamente, como si brillaran con la poca luz natural que se filtraba a través de la ventana. Tragué saliva, perdiéndome en ellos. ¿Cómo era posible que el diablo estuviera empujándote a alguien que luce… tanto como un ángel cuando te mira? 

-Dime que recordaste algo –susurré, esperanzada. Es estúpido, pero Amy siempre solía decirme que el amor tiene el poder de cambiar a las personas. Si eso era cierto, ¿podría esto también cambiar a Harry? Estaba muy clara en que ya no estaba tratando con mi Harry, sino con el chico idiota bipolar y extremadamente voluble con que me había encontrado la primera vez, al inicio de todo esto.

Quiero decir, es una idea estúpida meterse de lleno en un cuento de hadas en el que besas al protagonista para que se convierta en tu príncipe, o, en mi caso, besarlo para tratar de arreglar algo… Quizás un algo que ya no tenga remedio. Él tenía un trauma. Un fuerte trauma que había acabado con 4 años de recuerdos en su cerebro. Él era un chico de diecisiete años que se escapó de su casa y se metió de lleno en el asunto del ‘gángster’ y toda la cosa. Apenas recuerda que mató a un montón de gente y que estaba pensando en casarse conmigo.

El solo hecho de que, hacía como dos meses, yo había estado esperando que él me pidiera matrimonio luego de habérselo confesado a mi madre como una indirecta que sólo había sido captada por mí, era como una daga atravesando lentamente mi estómago. Era como si todo se hubiese ido a la mierda en menos de tres segundos.

Bajó la mirada, humedeciéndose los labios. Rápidamente me solté de su agarre, echándome hacia atrás, mirándolo asqueada. Miré a mi alrededor, y me apresuré hacia la puerta, empujando fuertemente a todo el que se atravesó por delante.

-¡Quítense de mi camino! –grité guturalmente, sintiendo las lágrimas en los ojos. Abrí la puerta de golpe y me apresuré hacia fuera, apoyándome en la motocicleta. La miré con asco.
-También te odio a ti –murmuré con amargura, pateando una de sus ruedas. Si no hubiese sido porque Harry quiso cambiar el puto auto, el accidente no se hubiera llevado a cabo y nada de esto estaría sucediendo. ¡Él no recordaba nada, joder, nada!

Me dejé caer de rodillas sobre la grava, sollozando y sintiendo las piedras puntiagudas perforar mis rodillas, produciendo un dolor agudo en ellas. ¿Para qué mierda me esforzaba? De todos modos, todos se iban. Hasta Harry, el único que alguna vez llegué a pensar que se quedaría conmigo. Mi vida era un remolino de gente muerta y sangre, que me iba consumiendo día a día, lentamente.

Las lágrimas calientes se deslizaban por mis mejillas sonrojadas. Cubrí mi rostro con las manos, sentándome en el suelo, apoyando mi rostro en mis piernas. Quería morir. O por lo menos, que la tierra se abriera y me tragara dentro de ella, haciéndome desaparecer de todo esto. El solo hecho de saber que nunca signifiqué lo suficiente como para lograr que el cerebro de Harry almacenara un ápice de mí, era insoportable.

Sentí el peso de una mano cálida aterrizar suavemente en mi hombro, pero no pude siquiera subir el rostro para mirarlo. Sabía que me lo estaba tomando demasiado a pecho, y sabía que evidentemente era ridículo, que debí haber mantenido mi punto de “oh, soy más madura ahora” de cuando Harry estaba literalmente en su lecho de muerte. Pero no pude. Simplemente, no pude. Sólo tuve el nivel de inteligencia de un caracol, y me quedé sentada ahí, ahogándome en un vaso de agua. O, mejor dicho, ahogándome en un vaso de lágrimas.

No pude evitar mirar sus piernas colocarse a mi altura cuando se puso en cuclillas y retiró su mano de mi hombro con vacilación para ponerla en el suelo, apoyándose. Bajó la mirada, humedeciéndose los labios, y yo volví a apartar la mirada, perdiéndola a lo lejos, obligándome a no volver a mirarlo.

-Lo siento –murmuró. –Skylar… No puedo.

Lo ignoré, sollozando amargamente. Era uno de esos momentos en donde prefieres, simple y sencillamente, morir. Aislarte del resto de la humanidad y convertirte lentamente en un cactus dentro de tu habitación.

-No tengo espacio para tanto vacío –dejé salir, a susurros débiles. Mi voz quebrándose en la última palabra. Mi cabeza cayó por su propio peso, y me encontré mirando hacia abajo, al tiempo que las lágrimas nublaban aún más mis ojos. -¿En qué momento te perdí, Harry? –le pregunté, en verdad queriendo saber eso. De hecho, era lo que me había estado preguntando todo este tiempo. Quería, deseaba, necesitaba una respuesta, por todos los cielos. Mierda. Soy más sentimental de lo que pensé.

Subió su mirada después de un tiempo, con sus ojos cristalizados en rabia. Su mandíbula apretada para no llorar. Sus risos peinados hacia arriba desplomándose hacia su rostro, también, justo como todo lo demás. 

-Todo sería mejor si estuviera muerta ahora –sentencié, sollozando en silencio, como si tosiera y escupiera veneno directo de mi garganta. Él se detuvo, y volteé para mirar sus ojos verdes oscurecidos.
-¿Qué quieres decir con eso? –me interrogó.
-Es exactamente lo que dije –respondí hoscamente, y luego apreté los labios, achicando los ojos, para dejar salir otro patético gimoteo que me hizo sentir como una cría. -¿Por qué no sólo… morí?
Frunció el ceño. Su cabeza temblando. Me observó como si no me conociera en lo absoluto.
-Estás enfadada –dijo.
-¡Estoy destrozada! –grité. -¡Mírame! ¡Ya no puedo ser fuerte más! –me lamenté. 
-No puedes morirte –negó con la cabeza.
-Cierto –asentí, sonriendo con cinismo. -¡Ya estoy muerta! –le grité, dando un golpe seco contra el suelo, tan fuerte, que las piedras puntiagudas del tamaño de cada una de mis uñas se enterraron en mi piel, provocando un desgarrador dolor agudo y sangre brotar de inmediato, derramándose sobre la grava seca, cuyo polvo comenzó a invadir mi herida, quemándome.
Un par de chicas con mini faldas me observaron con el ceño fruncido antes de entrar a Oasis sacudiendo sus cabellos. Giré la vista. ¿Qué más da avergonzarme ahora? No me quedaba nada.

Nada.

Y eso dolía, claro que dolía. Me sentía como caminando en una frágil línea a punto de caer de un acantilado. Así me sentía. Yo misma me daba asco. Estaba llena de tantas heridas como cabellos tenía. Y no era que me importara estar a un paso para ser Frankestein, sino estar psicológicamente inestable. Era exactamente como caminar por una cuerda floja. Exactamente así se sentía. Exactamente eso era.

Mi teléfono sonó. Lo saqué a tirones violentos de mi blue jean, apoyando mi codo sobre la grava, imaginándome que de seguro alguien debería estar observándome y burlándose de mí. El mensaje, proveniente de un remitente de números y letras incoherentes, de seguro que diría algo como “¿Disfrutando de la soledad? JAJA”, o alguna mierda.

Pero no. Sólo era Matt.
Mierda.

Atendí de sopetón, humedeciéndome los labios. –No es un buen momento –escupí, con la voz inestable.
-¿Qué pasa? –contraatacó suavemente. Negué la cabeza.
-Sólo… -fruncí el ceño. –Nada –suspiré al fin, sorbiendo las lágrimas. Vi de reojo que Harry se jalaba los cabellos mientras caminaba de allá para acá. -¿Qué pasa?
-Es Sheena –dijo de sopetón. –Dice que sabe quién es el anónimo.
-¡¿Qué?! –grité, sintiendo una corriente eléctrica devolver un impulso a todos mis sentidos, como cuando suben los niveles de la luz en casa.
-Está en Luxfurd ahora –dijo. –Quiere que todos estemos allí. ¡Vengan rápido!
-Entendido –musité, y trunqué la llamada, apresurándome a levantarme. Corrí hacia la motocicleta, subiéndome. Harry me observó duramente, con el ceño fruncido.
-Necesito que conduzcas –suspiré. –Es largo de explicar.

Lost- segunda temporada-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora