Capítulo 1 -Atrapada.

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Emma

Mi respiración era agitada, mi pulso estaba demasiado acelerado y mi espalda muy adolorida. Solo podía ver un par de destellos de luces; las cuales, eran el único indicio de que aún era de día. Sentí un dolor profundo en la parte trasera de mi cabeza y tuve la intención de querer tocar el dolor en cuestión, pero unos cables, amarrados con destreza en mis muñecas, me lo impidieron.

Empecé a moverme, intentado descubrir en donde estaba y agudizando el oído, me di cuenta de que podía escuchar autos... y cláxones, el viento... Por lo que, estaba en una carretera. Me hallaba en un auto.

Fue cuando mi desespero aumentó y empecé a moverme, frenéticamente, intentando salir. Me dolía el cuerpo, estaba entumecida. Quien sabe cuánto tiempo había estado aquí, y quien demonios era quien conducía, ¿Qué quería de mí? ¿Qué había hecho yo?

Intenté recordar algo en mi cabeza, pero sólo había lagunas en mi memoria, cosas vagas que no me ayudaban a entender cómo diablos terminé aquí. Lágrimas empezaron a caer por mis mejillas, fue cuando me di cuenta de que tenía los labios muy resecos, lo que indicaba que, en las doce horas pasadas, no había ingerido agua.

¡Doce horas!

La desesperación me volvió a invadir y me estremecí.

—Ayuda...—susurré. Pero nada. Ni siquiera parecía oírme yo misma. Abrí y cerré la boca varias veces. Aire. Necesitaba aire. El saco en mi cabeza me estaba empezando a fastidiar. No. Era mi desespero. Tenía que calmarme.

Pero no podía. No podía. Me movía y golpeaba cosas, mis muñecas dolían mientras las intentaba liberar.

— ¡Auxilio! —exclamé esta vez. Bien. Podía gritar. Tenía voz— ¡¿Hola?! ¡Para el auto!

Continué moviéndome, rápidamente y no soporté más: grité.

Grité con todo el aire que me quedaban en los pulmones, como si aquel grito de auxilio fuera el único chance de ser escuchada que tenía en el día. Había agotado todo lo que tenía en ese último grito.

Y, entonces, el auto se detuvo. Mi corazón se aceleró. Miré a mí alrededor frenéticamente, me moví una vez más. Me asesinarían.

No, no, no, ¡No!

Quise gritar, pero de mí sólo salieron sollozos, y más sollozos, no podía detenerme. Moriría llorando. Como una cobarde, sin dar pelea. Sentí como una ráfaga de viento me envolvía haciendo que mi piel se erizara y mis sentidos se pusieron en alerta.

Abrieron el maletero.

Empecé a moverme, intentando, vagamente huir y entonces, vi la luz. Al principio, fue un destello borroso, pero no, era luz. Luz del sol.

Cerré los ojos con fuerza y cuando abrí los ojos una vez más, mi visión se aclaró: Había un hombre. No, era un joven. Como de mi misma edad, rodeando sus veintitantos años tal vez. Me miró sorprendido, parecía que no se esperaba verme ahí, y, por su gesto, noté que no le gustaba que lo sorprendieran.

Tensó la mandíbula.

— ¿Qué mierda...? —maldijo él— ¡Jason! —gritó él, apartando su mirada de mí.

Temblé. No se veía amistoso. Una parte de mí deseaba que la persona que abriese el auto, hubiera sido una mujer, madre de familia, que no se esperaba verme ahí.

—Joder. —escuché maldecir una voz diferente, lo miré. Cerré los ojos cegada por la luz del sol. Intenté hablar, pero mi garganta reseca no me lo permitió. Sentí como una mano tiraba de mí fuertemente, me asusté y empecé a forcejar, pero hábilmente me sacó fuera del auto, haciendo que cayera a bruces al suelo, al suelo caliente, de una... carretera.

Una vez más, mis ojos miraron el sol. Conocía este calor, tal vez... no estaba lejos de casa.

Me tomaron una vez más, obligándome a ponerme de pie. Torpemente, logré hacerlo, pero los cables en mis piernas no me lo facilitaban.

— ¿Quién mierda eres? —preguntó una voz ronca. La primera voz que escuché. Miré al chico, el que abrió el maletero, y me percaté de algo: era atractivo. Poseía una mandíbula prominente y cuadrada, con una nariz perfilada y ojos tentativamente cafés. De tez morena y alto. Era una belleza indiscutible, diferente, y por supuesto, difícil de ignorar.

—Soy...—susurré, carraspeé, pero dolió— ¿Tienen un poco... de... agua? —pregunté con voz ronca y cansada. El me miró frunciendo el ceño, el chico que se encontraba a su lado, quién parecía llamarse "Jason" se volteó hacia el interior del auto y trajo una botella de agua. Mis ojos se iluminaron, la abrió y me la tendió, y sin previo aviso, bebí de ella.

Podía sentir como empezaba a mojarme la blusa a causa de mi ansia por agua, suerte que llevaba un buen sujetador y la blusa que había optado por usar, no se traslucía o estaría en problemas. Cuando acabé la botella, se la ofrecí, él hizo una media sonrisa, y tomándola, la dejó en el maletero del auto.

—Tu nombre. —exigió otra vez.

—Emma. —susurré— soy Emma Hastings. —respondí. Ambos compartieron una mirada, los miré—Les digo la verdad. —aseguré.

Jason soltó una risa, como burlándose de mí, se recostó en el auto y se cruzó de brazos, dispuesto a ver lo que vendría a continuación. Miré rápidamente a su compañero y el hizo el ademán de sacar algo detrás de él. Veía películas: un arma.

— ¡No! ¡No! —grité. Éste se detuvo mirándome—Les juro que le digo la verdad, no tendría por qué mentirles, es claro que no saben porque diablos aparecí en su maletero y yo tampoco. Lo último que re cuerdo...

Me detuve.

¿Qué recordaba?

— ¿Cómo sé que no estás mintiendo? —preguntó él del arma. Tragué pesado.

—Porque me salvaron. —les dije. Ambos compartieron una mirada.

Hubo un momento de silencio y desesperada, lo romí yo:

— ¿Me dirían dónde estamos? —pregunté mirándolos a los dos.

El que se hacía llamar Jason, habló:

—Carretera central de Oklahoma.

Mi corazón se detuvo y me volteé preocupada.

—Vengo de Alabama —susurré mirándolos— Soy de Alabama, ahí vivo. Ese fue el último lugar en el que estuve, ¿Cómo es que... cómo es que estoy aquí? —pregunté desorientada.

—Bueno, suficiente para mí. —dijo la voz sin nombre, sacó su arma y me apuntó en la cara. Mi corazón se detuvo por un segundo y temblé.

—Espera, Cole —lo detuvo Jason, mirándome, para luego mirar a su amigo y bajarle el brazo con el que me apuntaba— Puede sernos útil. —explicó él.

Mis ojos se abrieron de par en par. Una esperanza.

—Sí, sí, haré lo que quieran. Por favor, no me lastimen. —imploré desesperada. Cole sonrió lascivamente.

— ¿Cualquier... cosa? —preguntó él lentamente, mirándome de pies a cabeza. Me tensé. Oh, no, eso no.

—Todo menos eso. —gruñí. Jason abrió los ojos, claramente sorprendido.

—Vaya, es la primera que dice que "No" —habló Jason mirando a su amigo con sorna— ¿Ves? Nos será útil.

Cole me miró tensando la mandíbula, era claro que la idea no le gustaba. Su mirada se pasó a la de su amigo.

—Bien. Viene con nosotros, pero si algo pasa, tú tendrás la culpa. —advirtió él. Dicho eso, se colocó el arma detrás de los vaqueros y se metió en el auto. Jason suspiró y luego me miró.

—Más vale no equivocarme contigo. —respondió él mirándome. Asentí con la cabeza agradecida. Jason me agradaba. Jason me había salvado.

Entramos en el auto y este partió.

Almas Marcadas - I Libro.¡Lee esta historia GRATIS!