29. La historia

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Dedicado a mí mejor amigo Miguel Medina por ser siempre el mismo conmigo a pesar de la distancia. Te quiero, pendejo.

Capitulo veintinueve

Mi primer instinto es huir.

No sé porque, después de estar toda la noche pensando en él, buscándolo con la mirada por toda la fiesta, ahora que lo tengo a unos pasos de mí, quiero huir.

¿Quién me entiende?

Ares ni siquiera se ha molestado en voltearse para mirarme completamente y aun así logra acelerar mi respiración y mi corazón. Su sola presencia es imponente y la tensión en el balcón es demasiada para mí.

Como cobarde, me giro hacia la puerta de nuevo pero antes de que pueda tocar su pomo, él se mueve en pasos rápidos y se atraviesa en mi camino, bloqueándola.

Siempre se me olvida lo alto que es, lo hermosa y perfecta que es cada facción de su cara, y la intensidad de sus ojos. Bajo la mirada, retrocediendo pero Ares se mueve conmigo, obligándome a retroceder hasta que mi espalda choca con la baranda del balcón.

—¿Huyendo?— su voz es fría y me hace estremecer.

—No— meneo la cabeza, y me mareo un poco.

Mantengo mis ojos en su pecho, ni siquiera la valentía que me brinda el alcohol es suficiente para enfrentarlo. El olor de su colonia golpea mi nariz y lucho para no cerrar los ojos e inhalar exageradamente.

Extrañaba su olor, su presencia y la capacidad que tiene de hacerme sentir de todo sin ni siquiera tocarme.

—Mírame— ordena, pero me rehusó a hacerlo, —Mírame, Raquel.

De mala gana, obedezco, el océano infinito de sus ojos se ve esplendido bajo la luz de luna. Sin querer, mi mirada baja a sus labios que lucen húmedos y noto que su piercing no está.

Me aclaro la garganta, —Yo... debo irme— intento hacerme a un lado para pasarlo pero él pone ambos brazos contra la baranda encerrándome.

—¿Qué haces aquí arriba?— me presiona, —¿Viniste a buscarme?

Bufo, —Claro que no, el mundo no gira a tu alrededor.

El me da esa estúpida sonrisa de suficiencia que le queda tan bien, —El mundo, no. Pero tú sí.

Su arrogante afirmación me molesta, y lo empujo pero él no se mueve.

—¡Quítate!— lo empujo de nuevo sin éxito alguno.

—¿Por qué? ¿Te pongo nerviosa?

Volteo los ojos, fingiendo desinterés, —Claro que no.

—Entonces, ¿Por qué estas temblando?

No sé qué decir, así que solo miro hacia otro lado, —Estas temblando y ni siquiera te he tocado, y no te preocupes, tampoco lo haré.

¿Por qué?

Casi lo pregunto en voz alta pero no lo digo. Él está fuera de mi vida, tengo que mantener mi palabra esta vez.

El silencio reina entre nosotros y me atrevo a levantar la mirada, su expresión impasible como siempre, ¿Cómo hace para no sentir nada? ¿Cómo hace para tenerme así de cerca, y no demostrar una sola emoción? Mientras, yo me estremezco, luchando para mantener mis sentimientos en control, el luce tan normal, tan tranquilo.

¿Entonces por qué no me deja ir sino le importo?

¿Por qué está bloqueando mi camino?

Y entonces, una marea de emociones me invade. Ares me ha herido mucho pero tampoco parece querer salir de mi vida, ya sea porque le parezco una chica fácil o porque soy un juego para él. Pero ya estoy cansada de estar guindando, de esperar de él lo que jamás me dará. Él no está interesado en estar conmigo, él no ha luchado ninguna de las veces que le dije que lo sacaría de mi vida.

A Través De Mi Ventana ✔️[En librerías]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora