14.

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—¿Qué te pasa Lilly? Hoy estas muy callada.

—¿Te volvieron a molestar Erika y las demás? Tú nada más dime y yo me pongo en su lugar a esas urracas.

—Eh, no. No me han dicho nada —, la castaña lanzó un fuerte suspiro y siguió jugando con la pluma sobre el cuaderno.

Desde hacía dos días estaba algo apagada, pero ninguno de los chicos había querido presionar para saber qué era lo que le ocurría. No obstante, tanto Sonia como las demás chicas comenzaban a preocuparse por su amiga.

Era claro que algo le había pasado.

—Hey, ¿Te vas a quedar hoy a la partida que está armando Lorenzo? Se ve que se va a poner genial la cosa.

Lilly negó y recostó la cabeza sobre la palma de su mano.

—No puedo. Mi madre va a venir a recogerme. Quiere que vaya con ella a un lugar.

—Oh, bueno. Supongo que entonces será para otro día... Lo único bueno es que no vamos a estar desparejados. Con eso de que Toño no ha venido a la escuela...

A la mención de su compañero, Lilly fijó su vista en el pupitre, ahora vacio, donde se sentaba Antonio.

Desde que se habían quedado platicando no lo había vuelto a ver. En secreto, pregunto por él en la coordinación y a cuanto maestro les daba clase, pero nadie le decía nada, así que se tenía que conformar con lo que comentaban sus compañeros.

—Estoy casi segura de que otra vez se lo llevo su papá a alguno de sus viajes. Qué suerte tiene Toño.

—¿Viaje? ¿Su papá se lo lleva de viaje?

Monse asintió y torció la boca.

—Uh, si vieras. El señor se la vive llevándolo a cuanto sitio tenga que ir. Es genial.

—Pero pierde clases, ¿No le importa eso?

Sonia se llevó una mano a la boca y acalló la risita que amenazaba con salir de su boca. Después le dijo.

—Antonio no es de los que reprueban solo por perder unos cuantos días de clase. Ya veras, cuando vuelva no se va a tardar ni dos días en ponerse al corriente con todo.

Lilly amplió sus ojos, pero ya no dijo más. En vez de eso, fijó su vista hacia enfrente.

Tenía muchas ganas de quedarse y jugar un rato con sus amigos, pero su madre había sido muy clara y se había apegado a sus palabras. No dejaba que se fuera sola y había pedido un cambio de horario en su trabajo, así podía pasar más tiempo con ella. La mujer decía que era para que su hija no se sintiera sola, pero Lilly estaba bien consiente que solo lo había hecho para tenerla vigilada.

Al ser madre soltera, ella tendía a preocuparse más de la cuenta por lo que decían los demás de su hija.

Lilly y sus compañeros, salieron del salón como si hubieran sido lanzados de este. La castaña iba platicando con Monse y Sonia, como siempre, por lo que no le ponía mucha atención a su entorno.

Por ello fue que no pudo ver cuando Erika se le acercó. Fue hasta que la empujó, que notó su presencia.

La chica estaba a punto de caer, cuando unas manos la detuvieron.

—Oye, ¿No te parece que esas actitudes son un poco infantiles?

—Y que lo digas. Odio a las chicas que se portan como unas mimadas o que se la pasan molestando a los demás; es fastidioso estar lidiando con ellas.

Tanto Eduardo como Lorenzo lograron su cometido. Atraparon a Lilly a tiempo e hicieron que Erika retrocediera como si le hubieran lanzado un balde de agua, haciéndose para atrás hasta que casi choco con Mimí.

Lilly fijó su vista en su ex mejor amiga, la muchacha se veía pálida y un tanto temerosa de estar tan cerca de los hermanos; quería decirle que no tenía por qué temerles, que eran buenas personas, pero Mimí se fue con Erika antes de que pudiera abrir la boca.

—¿Estás bien?

Con una rápida cabezada, la castaña asintió y se apartó del brazo de Eduardo. De repente se sentía incomoda el compañía de ellos.

No sabía porque, pero la mirada de Mimí había provocado en ella cierto rechazo hacia sus nuevos amigos. Aquel pensamiento hizo que Lilly agitara la cabeza con violentos movimientos y que se cuestionara. ¿En qué momento se habían convertido esos desconocidos en sus amigos?

Eso no era posible. ¿Qué hacia ella con ellos? No pertenecía a su grupo. Su lugar era al lado de Mimí y las demás. Junto a las chicas que conocía desde que estaba en primaria.

Mientras su cabeza se veía invadida por esos pensamientos, una vocecita interior respondió a sus preguntas con sorna.

"Es en serio. ¿Todavía dudas del por qué estas con ellos? ¿Tengo que recordarte que estas personas no te han tratado como tus "amigas"?... Si aun dudas de tu decisión, entonces ya estás muy mal".

Eso último hizo que Lilly lanzara un suspiro a la par que sonreía para sus adentros. Tenía razón; ella había elegido estar con ellos, y si los demás no podían ver las buenas personas que eran, entonces los que tenían que cambiar eran los otros. No sus nuevos amigos.

—Vamos Lilly. Aunque sea acéptanos una paleta de aquí afuera—, dijo Monse, picándole las costillas mientras hablaba—. Tal vez así cambies de parecer y te quedes a...

La voz de su amiga fue interrumpida por su madre. No se había dado cuenta, pero desde que se había alejado de Eduardo había estado avanzando hacia la puerta de salida. Sus amigos no iban muy lejos, y tanto Monse como Sonia se habían acomodado junto a ella.

De inmediato, la sonrisa de la castaña murió en sus labios.

—¡Lilliana! Vámonos.

Tanto el ceño arrugado como la línea casi recta que había adoptado la boca de su progenitora, le dijeron que su madre estaba lista para otro buen regaño. Para su fortuna, a ella nunca le había gustado llamarle la atención en público.

Se alejó de ambas chicas arrastrando los pies y, señalando a su madre que ya se encontraba yendo hacia donde había dejado el auto, les dijo.

—Creo que la paleta tendrá que esperar... Nos vemos mañana.

—Órale. Nos vemos. Haces tú tarea de historia, ya sabes, por si no entiendo nada y terminó necesitando de tu cabeza.

La chica rió ante las palabras de Monse y asintió, alejándose del grupo.


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