Capítulo 27 (II)

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—Apúrense. Estoy molida y si no nos ponemos a esto en 3... 2... 1, me voy a ir a mi cama.

Arrastrando los pies, Jenn seguía a sus amigos por el pasillo con dirección a la sala de prácticas que habían estado usando en las lecciones de Lumbërt y Ardëum. En sí, esta era una habitación normal de Elid; lo único que la diferenciaba era la cantidad de armas que poseía en una de sus paredes, además de los enormes espejos que cubrían la superficie contraria.

—Exigente la niña. Te recuerdo que esto lo estamos haciendo por ustedes... Si se tomaran en serio el asunto, ni Madison ni yo tendríamos porque estar aquí, ¿O no compañera?

La morocha asintió y entró al lugar, seguida de cerca por Carter.

—Rayos, ¿Y a ese que le pasa? ¿Desde cuándo se lleva tan bien con ella?... Idiota creído.

Las palabras de Jenn fueron acompañadas por un mordaz comentario de Steve, que se rezago para hablar muy bajo con la peli teñida.

—Vamos, Jenn. Ya sabemos que eso no es lo que te molesta de él, así que haznos un favor y, o te le declaras o dejas de estar de ardida —. El pelirrojo se ganó un golpe a puño cerrado, por parte de la muchacha. Sobándose, agregó. — ¿Qué'? No es mi culpa que seas tan obvia. Ni que mi amigo sea un distraído.... Además, suficiente tenemos con esto del cochino entrenamiento y Ancör, como para tener que estar soportando sus niñerías de secundaria.

—Está bien. Ya cállate... Entendí el dato —, Lo último lo digo la joven en un susurro. Tanto Madison como Carter habían tomando lugar frente a los cinco, y en esos momentos el castaño se encontraba explicando en qué consistía el uso del objeto que, gracias a los dones de Yuhëen, había llegado de la tierra para ayudarlos.

Todos traían en la mano aquello que la álfyr había llamado de su vida pasada, pero ninguno sabía muy bien de que les servía y aunque la guardiana había intentado explicarles cómo y cuando tenían que usarlo, solo Carter y Madison se habían atrevido a tomar aquello que tanto valoraban, y darle un uso como arma y potenciador de sus poderes; enfocando el dominio a través de eso, para después lanzar el ataque hacia su objetivo con mucha mayor precisión que si lo hicieran solo con sus manos.

En el caso del muchacho, este traía su vieja cámara fotográfica colgando del cinturón de su pantalón. Para su fortuna, Yuhëen la había llevado junto con su correa, así que se había olvidado de preocuparse por como la llevaría a todos lados. En el caso de Madison, la joven tenía pocas cosas en la tierra, así que la álfyr había transportado un objeto que en su momento llamo la atención de la joven: un enorme abanico chino de tela blanca y rojiza que tenía bordado un dragón, un paisaje detrás de él y varios caracteres. Cuando le preguntaron a la muchacha por este, Madison se limitó a decir que, mientras se encontraban en la capital pasó varias veces frente a un restaurante chino, y que en esos días le dieron ganas de entrar y probar la comida.

En el caso de los demás, Jenn traía una desgastada bolsa en forma de bota bajo el brazo. Yuhëen le había hecho el favor de llevar sus patines de hielo. Robin traía entre sus manos un pequeño estuche tubular y semitransparente, desde donde se podía ver la variedad de brochas que había en su interior. Steve iba girando la pequeña pistola naranja de juguete que le había regalado Carter, y que usaba para molestar a sus compañeros de clase. Por parte de Elliot, este no le quitaba la vista a la navaja que Fabián y su madre le había regalado la navidad pasada y que, decía la mujer, perteneció a su padre cuando aún estaba vivo. Por último, el hermano del ojiazul apretaba con fuerza la elegante pluma fuente de lustroso metal, que también había pertenecido a su papá.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!