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Observó atentamente cada una de las ligeras curvas que pronunciaba su ajetreado cabello. Mientras tanto, la silenciosa mirada del otro sólo mostraba interés en un único punto; la ventana.

—¿Qué es eso? —fueron sus únicas palabras, las mismas que le hicieron despertar una vez más.

Era su voz. La recordaba a la perfección, por lo que supuso que se trataba de una alucinación o, incluso, un castigo, puesto que era imposible que se encontrase allí mismo con la exacta apariencia desde la última vez que sus manos se entrelazaron hace 10 años.

—¿Esto? —reaccionó tras guardar un largo silencio, posiblemente normalizando la situación en la que se encontraba.

Estaba aterrado, realmente atemorizado. Pero quizás, en un pequeño rincón de su ser, anhelaba ver una vez más alguna de sus increíbles sonrisas.

—Se llama lluvia —indicó, y por la expresión que pareció mostrar en su rostro imaginó que no debía haberle aclarado algo, de hecho, cabía la posibilidad de que no tuviese el mínimo conocimiento del mundo real, como si se tratase de un niño pequeño comenzando a descubrir increíbles curiosidades del mundo en el que vive—, se forma cuando en el cielo aparecen algunas nubes grisáceas, que al chocar entre ellas... —detuvo una vez más su explicación, ya que el pelinaranja parecía no cambiar de expresión, a pesar de su esfuerzo por simplificarlo—. Es decir, primero empapa de agua las calles, pero después se va de nuevo —concluyó, apoyando su cuerpo en el marco de la puerta de la cual todavía no se había movido. Mientras tanto, sus ojos se centraron en el mismo punto que el otro mantuvo expectante todo ese tiempo—. Es maravilloso —añadió susurrante.

¿Un juguete...?

—Entonces... ¿Por qué te gusta, si después desaparece?

¿Y por qué de cristal?

—Porque sé que siempre volverá. Eso la hace aún más emocionante —respondió y, por unos segundos, el sonido del agua chocando sobre el plomizo suelo de la calle se adueñó de la conversación. Las personas son como el agua, pensó, un poco de frío las cubre de hielo, un poco de calor las hace desaparecer.

Pero tú nunca apareciste de nuevo.

—Dime —murmuró, ya con la mirada perdida— ¿Alguna vez has sentido curiosidad por saber qué se siente al querer cambiar el mundo? —cuestionó. Era como si, poco a poco, consiguiese adaptarse a la realidad en la que ahora se situaba, algo que inevitablemente asombraba al de azulada mirada.

—A veces es mejor acostumbrarse que intentar solucionarlo —respondió, comprendiendo a qué se refería con aquello anterior. Sentía como si el muchacho le conociese más de lo que pudiese imaginar.

—Pero la costumbre no hará la vida más agradable.

¿Cuándo terminará esta cadena de culpa que se enlaza al dolor día tras día?

Juguete De Cristal [Haikyuu / Yaoi]¡Lee esta historia GRATIS!