Una de las mejores noches

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Se queda a mi lado mirando el techo mientras yo alucino lo que había sucedido hace unos segundos. No tengo pudor ni vergüenza, siento que Nick es todo en este momento.

- Te quiero -le digo sin pensar, pero lo sentía así.

- Yo también te quiero, Ellite -pasa su brazo por debajo de mi cuello y me abraza. Su cuerpo desnudo me gusta aún más.

Nos cubro a ambos con las sábanas, me abraza por debajo de éstas apegándome a su cuerpo. Realmente estoy cómoda y quiero dormir junto a él y él parece estar cómodo también porque se queda a mi lado sin decir ni una palabra más.

-¿Tienes sueño? -Le pregunté en tono bajo, a pesar que teníamos todo el apartamento para nosotros.

-Un poco, pero no pasa nada -me dio una sonrisa para tranquilizarme pero lo único que hizo fue preocuparme más

-¿Por qué? ¿Tienes un problema que no te deja? -Acaricié suavemente su pecho

Negó con la cabeza, pero todavía con la mirada en el techo.

-Solo un problema en el trabajo, nada importante.

-Pero se solucionará, ¿verdad?-Tomé su mano- Ahora duerme un poco que lo necesitamos.

-Sí -acarició mi mano para después suspirar y darse por vencido-, mientras que duerma contigo estaré bien

-Buenas noches -le sonreí.

(+++)

Muchas veces es reconfortarte despertar con los rayos del sol que se escaparon por la gruesa cortina que cubría mi ventanal. La mañana era perfecta e ideal para salir a pasear o solo para descansar en la cama por el calor reconfortante esta emitia. Claro, si la persona que está a tu lado la amas.

Me revolví debajo de las sábanas hasta encontrar puntos cómodos para encogerme y acurrucarme para dormir unos minutos más y estar más relajada.

La habitación estaba clara e iluminada, y el sol estaba pegando a la habitación sutilmente como todas las mañanas. A no muy lejos de donde estaba ubicada se escuchaban que cantaban los grillos, interrumpidos de vez en cuando por el gruñido del motor de un auto al pasar.

Di un suspiro de relajo por la perfecta y relajada mañana.

Mire los pequeños lunares que estaba en la espalda de Nick y sin pensarlo los empecé a contar en voz baja. Nick se removió de su lugar y nuestras miradas encontraron y reiremos avergonzados.

-¿Qué me estabas haciendo? - Inquirió divertido.

Decidí ignorar su pregunta y seguir contando esta vez en voz alta sus lunares.

-Nueve y ¡diez! -grité.

-Dime que pasa o haré guerra de cosquillas -amenazó.

-Por cada lunar un beso -sonreí.

Nick acercó más sus labios hasta rozar con los míos.

-Espero que seas una mujer de palabra.

Nos besamos lentamente y suavemente como si el tiempo no existiera. Cuando ya terminamos Nick me mostró unas de sus sonrisas pícaras y sensuales.

-Te quiero.

Le respondí con un pequeño y corto beso.

-¿Estás bien? -Preguntó, dándome una mirada de preocupación. Tomó mi cara suavemente y aparto el cabello que había.

-Sí, estoy bien -respondí, con una sonrisa en mis labios.

-¿Estás segura?, ¿te duele algo? -Me abrazó con su torso desnudo y sentí un pequeño cosquilleo en mi espalda-. No me perdonaré nunca si te hice algo.

-Sólo estoy...feliz y ansiosa. Tranquilo -Lo miré a los ojos demostrando que decía la verdad.

En realidad sí que me dolía el cuerpo. Me ardían los gemelos, los muslos y los antebrazos, sin mencionar las caderas que era el verdadero infierno.

Puse mi cabeza en el torso de Nick y cerré los ojos con una sonrisa entre mis labios.

-Desearía estar así todo el día -confesó entre susurros Nick- pero tengo hambre.

Asistí.

Busque el sujetador por el piso de la habitación para poder colocarlo sobre mis senos, aunque tenía que admitir que me gustaba sentirme libre sin ellos estaba junto a Nick en mi casa a pesar que ya habíamos tenido nuestra primera vez no tenía confianza en mí misma para andar por mi casa sin sujetador. Mientras lo busqué recobré las imágenes de la noche cuando me desnudó Nick y no pude evitar ruborizarme ¿En verdad era amor o solo era placer?

Me amarré el pelo en una coleta y salí hacia la cocina para empezar a preparar el desayuno. Tomé el sartén y los huevos recordando los momentos en que mi madre me hablaba de como tener hijos.

Miré a mi alrededor y vi a mi madre mirándome, sonriéndome pero de otra forma; esta sonrisa era verdadera. Me acerqué a donde ella estaba y me senté a su lado mientras ambas contemplábamos el mar.

-Mamá ¿cómo es tener hijos? - La miré y pude notar que su sonrisa se apagaba poco a poco.

-Es algo maravilloso aún más si son gemelas-me dio un tierno beso en la mejilla demostrando su amor hacia mí.

-¿Y enamorarse?

-Es algo tan lento pero tan maravilloso porque ni siquiera te das cuenta y estás mirando a esa persona embobada y con una sonrisa tan estúpida en los labios que todos los que estaban a tu alrededor saben que lo quieres.

-Me quiero enamorar y ser feliz como lo eres como tú y mi papá.

-Entonces espera que todo pase a su tiempo y lo sabrás.

Estaba tan concentrada en mis pensamientos que no me di cuenta que Nicolás ya se había levantado y estaba entrando a la cocina.

-Te ves hermosa - me abrazó dándome un susto.

-Idiota, me asustaste -toqué mi pecho

-Mientras que sea tu idiota soy feliz.

-¿Ya te bañaste? -pregunté al ver su pelo mojado y tratando de cambiar de tema.

-Sí -se pasó una mano por el cabello-, me desperté hace poco y fui a bañarme. No te molesta ¿verdad? - Preguntó nervioso.

-Descuida, no me molesta - Le di una sonrisa para tranquilizarlo -Estoy tratando de cocinar algo para nosotros, supongo que te quedas a desayunar conmigo y no dejarme sola.

-Claro que me quedo, mientras que sea comida y sea gratis -rio por su comentario-. Por estar un rato más contigo, claro.

Sonrío y no pude evitar poner mis ojos sobre su torso desnudo donde mostraba unos abdominales marcados. Al subir la mirada noté la mirada de Nick sonriendo coquetamente y mordiéndose el labio.

-Lo siento, no fue mi intención.

-Esos abdominales serán tuyos, bebé.

Nos dimos un beso nuevamente aprovechando la soledad de la casa.

-Nick...-lo llamé - Lo de ayer... Ah...

Me miró, asustado y nervioso. Al parecer pensaba lo peor.

-¿Te arrepientes?

-¡No, no! Solo te quería decir que fue maravilloso hacer el...-sentí cómo mis mejillas ardían al recordar esa noche.

Su cara se transformó a una sonrisa sincera.

-Lo fue -confesó-. Una de las mejores noches.


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