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Al percatarme de que la dirección del lugar al que me estaban invitando quedaba cerca de la zona a la que supuestamente estaba próximo a mudarme, ni siquiera dudé en aceptar; consideré que podría llegar a convertirse en mi primer refugio si la vid...

Al percatarme de que la dirección del lugar al que me estaban invitando quedaba cerca de la zona a la que supuestamente estaba próximo a mudarme, ni siquiera dudé en aceptar; consideré que podría llegar a convertirse en mi primer refugio si la vida en familia no llegaba a gustarme, cosa que sabía terminaría sucediendo. Además, tal como Alán lo describía, sonaba como un lugar bastante aceptable para pasar la noche, y de paso, si las circunstancias lo permitían, llevarme a alguien a la cama.

No tenía mucho que perder. Para mi fortuna, las tres clases que estaba cursando en la universidad no me suponían reto alguno e iba bastante adelantado en la mayoría, tanto que podía darme el lujo de faltar si así quería, sin abusar. Por lo demás, sería un semestre como cualquiera de no ser porque a mi madre se le había ocurrido tomar grandes decisiones sin considerarme siquiera. No valía la pena quebrarme la cabeza por eso, me recordé, lo hecho, hecho estaba, pero fue poco el consuelo que pude darme. Si mi vida iba a cambiar tan de repente, habría preferido estar más al corriente de las decisiones que se tomaban.

Miré mi habitación, agotado, ya casi tenía todo empacado. En verdad no me molestaba mudarme, no precisamente; lo que no me resultaba agradable era el que mi madre se mudara con ese hombre, sobre todo porque ese hombre era mi padre, quien la había dejado siendo yo todavía muy pequeño. Luego, sin más, estuvo varios años en el extranjero, y para rematar, al regresar, lo primero que hizo (aunque yo poco creo esto) fue ponerse en contacto con ella. Yo no entendía nada de ese tipo de amores, y honestamente, no me interesaba, por lo que mantuve la distancia tanto como pude. Mamá me parecía una tonta por aceptarlo de nuevo, pero era su vida, y no se me antojaba oportuno inmiscuirme más de la cuenta considerando que estaba a muy poco de marcharme al fin.

Si seguía con ella era porque la quería, por supuesto, y no me gustaba que viviera sola, y porque resultaba económico, lo que me venía bien porque me interesaba mucho ahorrar. Unos pocos años más (lo de universidad, probablemente menos) y estaría libre de obligaciones familiares. Así que la mudanza era temporal; así me convencí, por eso acepté.

Al terminar de arreglarme me revolví el cabello y tomé las llaves de mi auto. Era un Corola nada llamativo pero funcional que me ahorraba maravillas en combustible. No era un aficionado a los autos así que me iba bien. Ya dentro del vehículo puse algo de música, y coloqué las manos en el volante. ¿Qué demonios estaba pasando? ¿De dónde me había salido tanto odio? Necesitaba distraerme a como diera lugar. Arranqué al ritmo de Judas y me perdí en el oscuro asfalto de la noche.

Mientras conducía, buscaba pensar en otras cosas, no quería seguir recordando la discusión que había tenido esa tarde con mamá pero, allí estaba otra vez, terco, insistente. Y el pensar que ese hombre, en lugar de arreglar las cosas conmigo intentó alejarme de su vida familiar... Ese fue el colmo de los colmos. Mamá notó el error cometido en el mismo instante que me lo confesó, y por más que intentó arreglarlo, ya no había vuelta atrás, yo la había escuchado clarito y ahora sus palabras me acosaban.

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