Capítulo 26 (II)

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Un par de horas después, Anna se encontraba balanceándose sobre sus pies al tiempo que le dedicaba una mirada tensa a la ornamentada silla frente a ella. Yuhëen otra vez quería hablar con ella, y por más que rebuscaba en su cabeza, no se le ocurría el porqué la álfyr deseaba cruzar palabras.

Cuando llegó al sintió se encontró con la sorpresa de que no había nadie en el sitio. No le gusto. Eran pocas las veces que la guardiana abandonaba su puesto en Elid, y mucho más con los ataques de la frontera.

Algo no estaba bien.

—Anna, veo que ya estás aquí... Me alegro.

Con el suave arrastrar de sus pies, la álfyr entró a la sala y tomó asiento en la silla, seguida de cerca por una Bithër tan seria como siempre. De inmediato, los ojos de Anna se volvieron dos rendijas por donde apenas y pasaba la luz.

—¿Qué hace aquí?

—Le pedí que viniera porque ella es quien me ha estado dando ciertos datos, peculiares, sobre los chicos.

—¿Datos? ¿Sobre los chicos? —, la desconfianza de la castaña se transformó en sorpresa, en cuestión de segundos. — Ella no sabe nada sobre ellos, así que su información es un...

—Me dijo que tienes ciertos datos sobre el otro nativo... Además, descubrió un par de cosas sobre la chica.

Controlando el temblor de sus manos todo lo que pudo, la joven mujer posó sus ojos sobre la guardiana e inspiró un par de veces con ruidosa fuerza, después habló.

—Es cierto. Elliot también pertenece a Ancör, pero a diferencia de Madison el llegó al otro lado del arco mucho antes que nosotras. Toda su vida ha estado en la tierra, así que técnicamente es un humano.

—Ya veo... Sí. Supongo que en eso tienes razón. Tristán ya me ha dicho que al muchacho le está costando algo de trabajo el dominar su elemento, así que en eso no hay más que decir... Lo que si no puedo pasar por alto es que no nos dijeras lo que ocurría con Madison.

—¿Lo que ocurre? No entiendo...

Bithër avanzó un par de pasos, tomando la tarea de responder a la pregunta.

—No puede ser que no lo sepas... El lazo entre Madison y su dominio es más fuerte de lo que esperábamos.

—¿Y? ¿Qué tiene eso de malo? Madison siempre ha tenido un vínculo especial con su elemento. Su hermano decía que venía de nacimiento, así que yo no...

—Espera, ¿Conociste a alguien de su familia? Creí que te habían entregado a la niña y nada más. Nunca...

Con el ceño arrugado, la castaña retrocedió un par de pasos. Sus ojos habían vuelto a adoptar un mirar anfibio, casi depredador; aunque no paso mucho para que esta se encogiera de hombros y dijera.

—Olvídenlo. Lo que quieran saber con respecto a Madison no lo van a conseguir...

—¿Y por qué no lo haríamos? Necesitamos todos los datos que podamos juntar sobre los chicos. No podremos ayudarlos a controlar los dones que les dio Ancör, si no conocemos sus...

—No lo conseguirán, porque ella no sabe nada y yo tengo un bloqueo en la cabeza. Cualquier cosa que deseen saber de ella no podrán conseguirla de mí.



Con un fuerte suspiro, Anna entró a su habitación mientras se pasaba un puño por los hombros. El interrogatorio de Yuhëen y Bithër se había alargado mucho más de lo que esperaba, de todos modos, como suponía, no habían logrado ningún resultado con su cabeza y mucho menos habían podido sacarle información sobre la joven.

—Lo hiciste bien, Luke. Como siempre, no se te escapó nada.

—¿Luke? ¿Quién es Luke?

De entre las sombras del cuarto salió Elliot. Por más que lo intentaba, no podía ver sus ojos; pero por la voz estaba segura de que se trataba de él.

—¿Elliot? ¿Qué...? Ya es tarde, ¿Te pasó algo?

—Ah, no... Quería hablar contigo sobre una cosa, pero si estas ocupada te lo digo después y...

El muchacho ya se iba, pero Anna fue más rápida. La mujer puso un pie frente a la puerta y se cruzó de brazos.

—¿Qué ocurre?... Anda. Dímelo.

Tras prender la luz y señalarle la cama para que se sentara, el morocho posó los ojos en sus manos y comenzó a hablar.

—Lo que pasa es que, yo... —, el muchacho lanzó un fuerte suspiro antes de continuar. — Tengo un amigo que se preocupa mucho por una persona. No sabe por qué lo hace, pero lo hace. Está al pendiente de ella en todo momento y...

Eso último lo había dicho tan rápido el ojiazul, que Anna apenas y entendió.

—Haber. No entiendo nada. Ve más despacio y...

—Ah... ¡Creo que me gusta alguien!, ¡¿Feliz?!

Los ojos de Anna se abrieron un poco más de la cuenta, pero después retomaron su tamaño normal, al tiempo que le dedicaba una pequeña sonrisa al chico y posaba una mano en su hombro.

—Lo siento. Hablaste tan rápido que yo...

—No importa.

La mujer le dio un ligero apretón y suspiro.

—Bueno, si estás seguro de que te gusta alguien, creo que lo más recomendable es que se lo digas.

—Pero yo no...

—No ahora. Cuando te sientas listo... Lo que si no se vale es que te lo quedes para ti, porque lo que no decimos nos atormenta para toda la vida, ¿Ok?

Elliot suspiró y dio una ligera cabezada que Anna tomó como un asentimiento.

—Bien, aclarado ese punto creo que mejor te vas a dormir. Si quieres, mañana podemos platicar un poco más sobre el tema.

—Está bien... Gracias, Anna.

—No hay de qué.

Arrastrando los pies, el morocho salió de la habitación, dejando a la castaña inmersa en un mar de recuerdos.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!