Capítulo 26

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Una inesperada lección


—Ya Steve. Pásame los vegetales y deja de estar jugando con la comida.

—Oh. Eres una amargada completa, Ro... Solo estamos divirtiéndonos un rato... Abuela.

La mayoría creía que la castaña no había escuchado nada, pero cuando esta le lanzó una fruta a su amigo sus dudas se disiparon; aunque por la ceja en alto que le dedicó, sabía que no estaba molesta del todo.

—O me la pasas o vas a ver lo que es bueno —, para probar sus palabras, la joven cerró su mano hasta volverla un puño. No pasó mucho para que un ligero temblor comenzara a notarse bajo sus pies. — ¿y? ¿Sí o no?

—Ah, ya ten.

El pelirrojo le pasó la fuente con los vegetales, pero no pudo dejar pasar la oportunidad. Calentó sus manos tanto como pudo, y cuando Robin tomó la cerámica entre sus manos, no tardó en tirarla.

—¡Steve! ¡Esta si me la pagas!

Ambos comenzaron uno de tus típicos correteos por el comedor, a lo que sus amigos pronto pusieron a salvo la comida y el agua de sus bazos. Claro que alguno tenía que tardarse, lo que aprovecho la chica para tomar el vaso de Fabián y arrojarle el contenido al pelirrojo.

—Robin... Eso no se vale.

—Nunca pusiste reglas, gringo bruto.

Madison esperaba que el asunto se aligerara, pero cuando el muchacho se detuvó y le dedicó una mirada ceñuda a Robin, Jenn se llevó una mano a la frente y suspiro.

—Ah, Ro. Ahora si te pasaste.

—¡El me provocó! Yo...

—Estas muerta.

Con una amenazadora sonrisa, Steve caminó hacia la chica con una calma tan impropia en él, que todos supieron que el muchacho estaba hablando en serio. Todo lo que alcanzó a hacer Ro fue retroceder, y cuando estuvo cerca de la puerta salió corriendo al tiempo que gritaba a todo pulmón.

—¡Lo siento!... ¡Ya no te vuelvo a decir gringo!

—Vaya. Creí que tendría que intervenir, pero veo que esos dos se llevan bastante pesado —. A los pocos minutos, Anna entró al comedor seguida por Stella y Lartër. Las mujeres iban riendo, y cuando notaron a los chicos la joven cuidadora no tardó en señalar el acceso. — Oigan, ¿Ustedes no se meten cuando esos dos están peleando, verdad? Porque el muy crédulo de Lumbërt quería separarlos, y terminó con la manga toca chamuscada.

—Es típico de Steve el perder el control de esa forma —, dijo Jenn, llevándose un pequeño bocado a los labios. —Es un inmaduro.

—Mira quien lo dice, señorita madurez.

Desde la entrada, el pelirrojo estaba viéndolos comer. Unas cuantas manchas de tierra se habían adherido a su rostro y ropa, pero cuando Robin asomó la cabeza por el acceso, todos pudieron comprobar quien se había llevado la peor parte del asunto.

—Jenn, ¿Me ayudas?

La castaña tenía una enorme mancha de tizne en la cara, y un fuerte olor a chamuscado entró junto con ella. Su amiga no tardó en acercarse a ella, al tiempo que la revisaba con la mirada, en busca de alguna herida.

—¡Eres un bruto, Steve! Le quemaste una parte del cabello.

—Ella se lo busco... Si no va a aguantarse, entonces que no se lleve.

—No...

—Cálmate, Jenn. Yo también me la cobre —. Para señalar su punto, la chica señaló la pierna del muchacho. Desde adelante no podía verse, pero atrás, las dos pudieron comprobar el estado en el que había quedado el pantalón del pelirrojo. Se hallaba tan rasgado que podía verse parte de su bóxer. — No me pude quedar con las ganas.

La risa de ambas retumbó en las paredes del lugar, llevando el despreocupado sonido hasta sus amigos y las mujeres. Madison no pudo resistir la curiosidad y se puso en pie, lo que le gano que cierto morocho siguiera su andar hasta donde se encontraban sus amigas.

—Deja de verla así. Se ve a dar cuenta de que no le quitas la mirada de encima...

Aquel susurró por parte de Lartër hizo que Elliot saltara sobre su asiento, al tiempo que posaba sus ojos en la comida frente a él. Sus movimientos habían sido tan rápidos que nadie notó su cambio de humor, pero las manchas rojas en su cuello y la repentina aceleración de su respiración, sacaron una sonrisa de la mujer.

—Cállate... Te van a escuchar.

—¿Qué tiene de malo? Ella es muy bonita. Sí, tiene un carácter un tanto errático, y medio temerario a veces, pero eso no le quita lo amable.

El muchacho lanzó un suspiro y negó.

—No la estaba viendo a ella.

—Entonces, ¿Cómo sabes que hablo de una ella?

La pregunta surtió el efecto que Lartër esperaba causar. En últimos días se había fijado que Elliot le prestaba demasiada atención a lo que hacía Madison. Al principio creyó que se trataba de un gesto de amistad, pero cuando lo vio seguir sus pasos, decidió tentar a la suerte y ver si no era algo más.

Por fortuna no había errado en sus observaciones, aunque una parte de ella sentía lastima por el chico y por la otra persona que estaba al pendiente de la joven. Gracias a Fata, sabía que la morocha solo tenía ojos para Carter.

Elliot hizo un amago de levantarse, pero la mujer puso su mano sobre el hombro del chico y lo detuvó.

—Yo que tu no haría eso. Algunos de tus amigos ya comienzan a sospechar, y si ven que te sales todo rojo del comedor, van a terminar preguntándote... Y no creo que quieras contestan nada ahorita, ¿o sí?

El chico resopló y volvió a tomar asiento. Seguía sin ver a la mujer, pero cuando su voz se dejo escuchar esta pudo oír lo que decía a la perfección.

—No se lo digas a nadie, ¿Quieres?... Steve puede llegar a ser igual de chismoso que Jenn y que Robin, si se lo propone.

—No te preocupes. Tu secreto está a salvo conmigo... Aunque yo soy de la idea de que deberías decírselo. No creo que...

Elliot fijó su vista en Lartër y negó, con la boca tirante.

—Ahórrate los consejos, y solo no les digas.

—De acuerdo. No diré nada.

La leyenda de la dama de la noche Vol.I - ANCÖR ©¡Lee esta historia GRATIS!