"CAPÍTULO 35"

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Cuánto tiempo había esperado para verla de nuevo

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Cuánto tiempo había esperado para verla de nuevo. Al fin estaba frente a ella, y sin embargo, jamás pensó ver aquélla mirada fría sobre sus ojos. Dolió. La esperanza de que aún le amara se esfumo. Tal Vez era cierto, había conseguido que le odiara, incluso que le olvidará. Dejó de sentirse herido por mentirle, en su lugar solo había confusión.

Maya no solo había cambiado por dentro, sí no qué su exterior era distinto. Los rizos color miel fueron reemplazados por un cabello liso, largó y oscuro. Estaba más delgada de lo que recordaba, pero seguía desprendiendo seducción y seguridad por cada poro de su piel.

Ella se puso de pie con la niña en sus brazos y levantó la barbilla airosa.

Vestía un vestido rojo que se ceñía a su cuerpo y mostraba sus pechos con un escote pronunciado, sus labios estaban delineados de un tinto, pasión.

Hasta ese momento no fue consciente de que Sebastián estaba ahí y se había colocado frente a ellas protectoramente. Esther, Lidia y Peter hicieron lo mismo, era como sí le creyera un monstruo y les fuese hacer daño. Él solo deseaba correr abrazarla y poder saber sí aquélla hermosa niña era fruto de su amor, saber sí era sangre de su sangre.

Sintió la presencia de Aarón tras él.

—Vámonos Caín, no es el momento— siseo él, colocando su mano sobre su hombro.

Tal vez Aarón tenía algo de cierto. No era el momento. Pero ya no podía regresar atrás, no podía esperar más tiempo, necesitaba decirle todo lo que su pecho gritaba, decirle que la amaba.

—Pensé que ya te habías ido Caín— dijo Esther con voz cargada de reproche.

—Supones mal, como me vez estoy aquí— se deshizo del agarré de Aarón y caminó más al interior—. Por cierto, gracias por avisarme— repuso viéndola por el rabillo del ojo.

Los presentes eran conscientes de las constantes preguntas de Caín por saber de ella, sin embargo, ellos siempre callaron.

no podía apartar su vista de Maya ni de la niña. Sus palabras salieron sin pensar:

—Volviste...

—No está aquí por ti, porqué mejor no te vas— soltó con voz irritada un molestó Sebastián.

—Evítame la pena de ofenderte y no te metas en esto Sebastián— dijo viéndolo con dureza.

Lidia caminó hacia Maya y tomó a la niña para sacarla de ahí. Mila no había apartado su mirada de él desde que había entrado por la puerta, y Caín la siguió con la mirada hasta que al pasar por su lado ella dijo adiós con su pequeña mano. Él le imito, y dijo adiós hasta que salió por la puerta.

—Quisiera que me des la oportunidad de hablarte— dijo solo hacia Maya al volverse, como sí nadie estuviese presente.

—Ella no tiene nada que hablar contigo— se escuchó decir a Esther.

EN LAS MANOS DE UN ÁNGEL © [SCD#1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora