Tercer Día: Todo Sale A La Luz

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¿Cómo decirle a alguien que lo engañaste fingiendo que eras mujer? Definitivamente, Shoyo no tenía la respuesta en ese momento y tampoco planeaba hallarla, no podía ir de frente y decir de manera casual "Amm hola, soy la mujer de la que supuestamente estas enamorado, ¡oh! Espera, soy un chico". No, no usaría esa opción, pero el tiempo corría y Tsukishima leería la carta. No había alternativa, tenía que decirle directamente la verdad a Kageyama.

Salió de su hogar, despidiéndose de su madre, a quien le dijo que iría a dar una vuelta. Se dirigió lo más rápido posible al castillo y al llegar encontró al pelinegro en la fuente en la que estaban ayer.

—¡Kageyama! —soltó con torpeza.

—¿Eh? —el pelinegro se volteó al escuchar esa voz tan conocida, pero se sorprendió al encontrarse con un chico— ¿Disculpa? ¿Necesitas algo?

—Soy yo...Ai —vio la cara de sorpresa de Kageyama, ya suponía que no le creería de inmediato, el pelinaranja tomó su cabello en una pequeña coleta, como solía hacerlo, al ver la cara de expresión del pelinegro no pudo evitar sentirse mal— Te mentí... Todo este tiempo te mentí... Yo fui enviado a matarte porque...

—¡Cállate! Es mentira —exclama el pelinegro al interrumpirlo— no es verdad...¡no es verdad!

—Yo lo lamento de verdad...pero es la verdad, alguien quiere matarte Kageyama, ¡estás en peligro! —murmura acercándose al más alto.

—Largo...quiero que te vayas...—la voz del pelinegro era tan lejana que provocó que el corazón de Hinata se estrujara.

«De seguro me odia»

—Pero... Por favor...no me odies —soltó Shoyo.

—¡Vete de aquí! —el pelinaranja estaba al borde de las lágrimas, no le quedó otra alternativa que irse del lugar. Kageyama cayó al suelo de rodillas, aún sin poder creer lo que había pasado. Se sentía demasiado mal, no por el hecho de que le hubieran mentido, sino que todo este tiempo se estaba comenzando a enamorar de un chico y el sentimiento seguía ahí, sin tener intenciones de desaparecer.

Entró al castillo y subió las escaleras a toda velocidad, chocando con su hermano al llegar arriba.

—¡Ah! Lo siento..—se disculpó el pelinegro.

—Descuida...está bien —respondió el menor.

—Ah...Kei, te ves algo mal...¿Estás bien? —su hermano menor era nadie más ni nadie menos que Tsukishima Kei, quien mostraba cara de pocos amigos.

—No es necesario que te preocupes, hermanito, yo resuelvo mis problemas solo —contestó de manera seria para después dirigirse a su habitación.

"Genial, como siempre, mi hermano es el más amable de todo el universo". Suspiró, dirigiéndose a paso lento a su habitación, cuando llegó, cerró la puerta tras de si, y se hizo un ovillo apoyado en la puerta, sintiéndose fuera de si.

—No puede ser... —se dijo a si mismo.

No le molestaba que su querida "Ai" no fuera una chica, le molestaba el hecho de haberse enamorado de un hombre sin darse cuenta, porque a pesar de todo, el corazón de Kageyama seguía latiendo rápidamente al pensar en él, en su sonrisa, en su timidez, en todo. Había mencionado que alguien quería matarlo, pero hasta ahora no había mostrado en ningún interés en saber quién podría haberle pedido eso al pelinaranja, ni que razones tendría, le era difícil pensar en algo que no fuera aquel muchacho.

—¿Cómo termino con estos sentimientos...?

A pesar de pensar mil formas de cómo olvidarse del muchacho, en lo más profundo de su corazón deseaba añorar todo lo que ese pequeño le había hecho sentir, a pesar de que no fuera una chica, las sonrisas se las brindo él, esos maravillosos momentos los compartieron juntos, ¿por qué debería olvidar todo eso? ¿Era eso lo que realmente deseaba?.

Quiero besarlo...

Dio un pequeño saltó al darse cuenta de lo que estaba pensando, ¿realmente quería besar a un chico?. Su cabeza comenzó a dar vueltas y sentía el calor subir a sus mejillas, odiaba aquello, pero a la vez le gustaba el sentimiento, es como lo que llaman, "un dolor gustoso". Se levantó de donde estaba y se miró en el espejo que se encontraba a un costado de la puerta.

—Kageyama Tobio. Centrate y piensa bien lo que quieres —dijo en voz alta y cerró los ojos, nuevamente la imagen de él besando al pelinaranja cruzó por su mente y provocó que diera un brinco— Mierda... ¿De verdad lo quiero tanto?. El mismo me dio a entender que era ilógico que te gustara una persona si apenas la conocías —se reprochó a si mismo— Yo... De verdad que quiero verle...

Si era lo que su corazón quería, no podía desobedecer. Buscó en su armario una capucha y se cambió de ropa, poniéndose prendas poco llamativas, no podía creer lo que estaba apunto de hacer.

Iba a salir del castillo, rompiendo la regla que le impuso su padre.

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Hola cosotas *A* lamento que el cap sea tan corto, pero les juro que trataré de subir más seguido, eso es todo, bye bye

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