00: prologue.

5.6K 481 58

                  

Prólogo.

«Sé que de algún modo iba a tu encuentro, con cada paso que di desde que aprendí a andar.                         Estábamos destinados a estar juntos.»

La noche era fría, una sinuosidad afligida. 

De un modo que sólo el más salvaje de los inviernos podía provocar. De una manera que era capaz de helarte el corazón. Y de una forma que perforaba tu aliento y lo transformaba en vaho, revoloteando a tu alrededor, haciendo poco por reconfortarte.

Al menos, eso pensaba él.

Ni siquiera con el enorme abrigo de piel de visón que llevaba, Magnus dejaba de sentir el temblor de sus articulaciones. Parecía asombroso, que un verano pudiera resultar tan frío. Mucho más en una ciudad con un clima tan cálido como Florencia y a pesar de ello, y por la neblina que se arremolinaba a su alrededor y sobre su cabeza, Magnus pudo adivinar que faltaba poco para que comenzara a nevar.

Se maldijo una vez más por haber aceptado aquel desafortunado trato con el Duque, quien, paranoico como nunca, le había convocado a la ciudad para erradicar a los demonios que estaban atormentándola. Pues bien, tras dos exhaustivas semanas de búsqueda y de poner mil y un indicadores y pentagramas para convocar a los supuestos demonios, nada había aparecido.

Cuando comunicó al Gran Duque dicha noticia, este se puso fúrico, afirmando que el Brujo no estaba haciendo bien su trabajo, y obligándolo, bajo amenaza de acusarlo de hereje, a revisar de nuevo una zona particular de la ciudad. Magnus sabía que, con un pasado tan sangriento como el que poseía su familia, Fernando I de Médici no se tocaría el corazón al arrojarlo a una hoguera, así que, carente de opciones, se decidió a terminar el trabajo de una vez por todas.

Atravesó la verja de metal que protegía la entrada a los Jardines Bobóli y esperó. Intentó percibir algo a través del frío que le perforaba los huesos, pero sus esfuerzos fueron vanos. Estaba seguro que en ese lugar no había más que árboles y estructuras arquitectónicas para admirar.

Al menos, así fue por un segundo.

Después, un grito tan atormentado que impidió que diera otro paso, destrozó el silencio como un cuchillo. Al instante, y yendo en contra del repeler de su cuerpo, comenzó a correr en dirección al sonido, forzando sus articulaciones con tal pericia, que estas comenzaron a arder.

Un segundo lamento flotó a sus oídos, más fuerte, más cerca.

Apenas giró entre una multitud de árboles, se encontró frente a frente con una escena que le resultó de lo más perturbadora.

Una mujer, vestida con ropas de servicio, se debatía vanamente contra una criatura que la mantenía firmemente afianzada contra la tierra húmeda del jardín.

Un demonio Cerbero.

Apenas un segundo, consiguió alejarle  para volver a gritar. Esta vez, sin embargo, no profirió sólo sonidos, sino que consiguió conjeturar una oración:

                –¡Corre! ¡Vete! ¡Corre, Lith!

Magnus, conmovido, creyó que se refería a él y, a pesar de que entre sus posibilidades no se encontraba enfrentar a un Cerbero, agitó las manos para dirigir las ondas de magia purpura hacia él. La criatura rugió al primer impacto, mostrándole al brujo una clara imagen de su enorme mandíbula, apenas comparable en tamaño a la de un tiburón, repleta de dientes que escurrían sangre. La manera en que la mujer temblaba le hizo saber a Magnus que la sangre no pertenecía al demonio.

Angel [Alec Lightwood]¡Lee esta historia GRATIS!