"CAPÍTULO 33"

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Haberla apartado de su vida era como perder el alma

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Haberla apartado de su vida era como perder el alma. Sí realmente la tenía. Ella lo era todo para él: su amiga, su amante, su confidente, su pasión. No podía entender. Cómo era posible que alguien que era su polo opuesto le hubiese entendido tan bien, sentía que todo a su lado había sido lo más cercano a la felicidad. Lo había hecho tocar el cielo con las manos, les había mostrado frente a sus ojos una vida diferente, y él, él simplemente se había negado aceptar lo que su corazón le decía cada vez que estaba junto a ella.

Caín había decidido no creer en él amor nunca, y había funcionado por mucho tiempo, sin embargo, ahora era demasiado tarde, su amor honesto había hecho efecto en él. Aquéllos latidos constantes, aquélla felicidad instantánea y su estúpida sonrisa sobre su rostro, todo era más que obvio.

Había transcurrido una semana desde qué había partido. Estaba envuelto en sentimientos de culpa y odio por sí mismo, por no haberse dado cuenta de sus verdaderos sentimientos, ¿Sí tan solo lo hubiese hecho?

Visitó a Pamela, Bonnie, Oscar y Bárbara, solo para que le cerraran la puerta en las narices. Lenz por su parte, ni siquiera habló cuándo le encontró al salir de su departamento y subir a su auto. Lidia y Naedeline parecían haber desaparecido, pensó que quizás ambas estaban con Maya. Jerry por su parte, le soltó un sermón, pero se negó rotundamente a decir algo más. Hasta ahora, su orgullo le había impedido visitar tanto a Sebastián como a Esther, pero su frustración y su ego, ya no importaban más, no sí era por volver a verla.

Bajó de su coche y caminó por el empedrado sendero hacia la puerta de la casa de Sebastián. Estaba ubicada en la zona más prestigiosa de Los Ángeles.

Una enorme puerta de caoba se podía apreciar mientras caminaba, pasto cuidadosamente cuidado sobre los costados al igual que flores. La casa era minimalista y moderna, color blanco con tejas de color marrón.

«Era de esperarse con la fortuna qué ganaba representando a jugadores», pensó.

Tocó el timbre, de inmediatamente se escuchó la voz de una mujer adulta detrás y un chillido de bebé.

En segundos le abrió una mujer delgada, rubia, de unos cincuenta años, con ojos parecidos a los de Sebastián. Sin duda era su madre.

—Buenas tardes— dijo con el ceño fruncido—. Buscó a Sebastián.

—Claro, claro, pasa...Está en su despacho— se hizo a un costado para dejarle entrar—. Le habló en un segundo, por cierto, buenas tardes, me llamó Luciana.

Ella le extendió la mano para saludarle, él la tomó de inmediato dejando a un lado lo descortés.

Se alejó de inmediato, dejándole en la sala con la hija de Sebastián sentada sobre un columpio portátil. La pequeña le observaba con un chupón en su boca. Él retrocedió un pasó, pero su rostro se llenó de ternura cuándo la bebé le mostró unos hoyuelos sobre las mejillas al sonreírle.

EN LAS MANOS DE UN ÁNGEL © [SCD#1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora