NUEVO: Tap - Historias en forma de chat para tu 📲 . Disponibles en español
Obtenlo ya

Reto 39

34 2 9

Consigna: Escribe un relato en el cual dos personas totalmente opuestas se conozcan de forma poco corriente.



MUNDOS OPUESTOS

—¡Devuélveme mi zapato! —ordené mientras intentaba sostenerme en un pie, en el pie que no estaba descalzo.

—¿Por qué? —preguntó sosteniendo mi zapato en su mano—, si tú me lo aventaste —y lo levantó más alto para que yo no pudiera alcanzarlo ni brincando.

—Que... me... des... mi... zapato... —pedí mientras brincaba en una pierna intentando alcanzarlo, pero ese sujeto era más alto que yo. Con su mano levantada no lo lograría jamás. Desistí. Estaba demasiado avergonzada y furiosa conmigo misma por haberme puesto en esta situación.

Recientemente mi mejor amiga había llegado llorando porque el idiota de su novio se había burlado de ella. El sujeto era un niño rico e idiota que se fingió empleado del bar donde mi amiga recién había empezado a trabajar y la enamoró hasta que la muy idiota soñadora cayó.

Yo no era chica de problemas. Mantenerme bajo perfil era mi filosofía de buena vida. Pero justo ahora estaba bastante furiosa como para ir a un bar al que antes no entraría por no tener el estatus que requería un cliente de dicho lugar.

¿Por qué estaba enojada?, simple. Mi muy idiota novio y yo también nos habíamos separado. Pero no porque el fuera un niño rico disfrazado de empleado, sino porque él se había acostado con mi compañera de trabajo en horas laborales. Yo los descubrí. Entonces claro que estaba furiosa, y ver a mi amiga con el alma rota me empujó a hacer algo que no pensé haría nunca.

Llegué al bar y me salté al sujeto fortachón de la entrada que no quería dejarme pasar, pero que no me siguió una vez que me escabullí entre los chiquillos perfumados y de ropa ridículamente cara. 

En la barra pregunté por el dueño del lugar y señalaron a uno de los privados en el área vip. Sonreí sintiéndome idiota, ¿en qué otra parte podría estar el dueño del lugar?.

—¿El dueño? —pregunté de pie ante la mesa donde tres chicos y dos chicas bebían licor absurdamente costoso. Todos ellos me revisaron de arriba abajo, haciéndome molestar, y uno de ellos levantó la mano diciendo: —No estoy contratando conserjes. —Todos rieron. Yo también.

—Igual no quiero trabajar aquí —dije sonriendo—, no creo soportar ver tu cara por mucho tiempo —y el molesto fue él.

—¿Qué quieres entonces? —preguntó con seriedad.

—Cierto, me estaba olvidando —dije y, sacándome una de las flats se la tiré en la solapa de la chamarra de cuero—. Eso fue por burlarte de Briana —dije furiosa.

—Ah —hizo un chico en la mesa—, ese fui yo —levantando la mano como minutos antes lo hiciera el verdadero dueño del bar—. La engañé dos veces —soltó entre carcajadas— primero le dije que yo era un empleado y luego que era el dueño.

—Eres... —comencé a hablar intentando recuperar mi zapato en el piso. Pero el verdadero dueño del bar lo levantó y me sonrió. Eso me hizo desistir de pedir una disculpa. Solo exigí que me diera mi zapato y él se negó.

—Pues quédatelo —dije resignada y aún molesta—, es más... te regalo ambos —y le tiré la otra flats intentando golpearlo. Pero él la atrapó en el aire con esa expresión de burla que me crispaba los nervios—. Idiota —resoplé y me fui sintiendo asco por todo lo que iba pisado de salida del bar. 

Ya en la calle no me atreví a mirar mis pies, debían ser un asco peor al que yo estaba sintiendo. Y además debían estar morados por el par de pisotones que me gané de algunos que tropezaron conmigo y por el tremendo frío que estaba haciendo.

Refunfuñando y con los pies lastimados escuché una sexy voz opacada por el sonido de una motocicleta.

—Se te cayeron cenicienta —dijo mientras me extendía mis zapatos en su mano. Se los arrebaté y seguí caminando descalza. Él soltó una sonora carcajada que me enfureció hasta la médula.

»Ya, no te enojes —dijo mientras avanzaba a mi lado sin apagar su moto—. Te llevaré a tu casa, sube —pidió pero yo seguí fingiendo que no lo escuchaba. Estaba furiosa, solo quería desaparecer su estúpida y perfecta sonrisa. Pero como no podía comencé a caminar más rápido.

Él volvió a reír e insistió en llevarme pero yo no quería estar con él, estaba furiosa porque sin tener ninguna razón válida fui a meterme donde nadie me llamaba; y ahora tenía que soportar todos los incómodos y desagradables sentimientos que estaba cargando.

Mis lágrimas comenzaron a mojar mis mejillas. Me sentía humillada y eso era algo que no disfrutaba. Además había tropezado con algo y uno de mis dedos dolía demasiado. Cuando dejé de escuchar el sonido de la motocicleta pensé que él se había ido. Por eso, doblando las rodillas, me hice una especie de ovillo y lloré un poco más.

La calle estaba sola, no tenía nadie que atestiguara el lamentable espectáculo que estaba montando. O eso pensé hasta que vi sus lujosos zapatos aparecer frente a mí.

—Lo lamento —dijo—, mi amigo es un idiota —y yo no contesté nada. No quería tener que hablar con él. Mucho menos cuando me sentía tan apenada de haberlo confundido y golpeado con mis zapatos. Además mi rostro era un desastre seguro, y odiaba que alguien me viera llorar.

Negué con la cabeza, tratando de indicar que no había problema, pero no estoy segura de que mi mensaje llegara como yo lo pretendía. Igual me levanté y seguí caminando sin tomar a consideración al chico que se quedaba atrás.

»Me llamo Roberto —dijo y pensé: «A mí no me importa». Pero cuando sus brazos me atraparon y me levantó del suelo, pensé que sería bueno saber también su apellido. Necesitaba saber el nombre del responsable de mi desaparición del mundo—. En mi mundo las cosas se hacen como yo quiero —dijo sonriendo mientras me llevaba hasta su motocicleta.

Pensé que no era diferente conmigo. En el mundo que yo vivía las cosas también se hacían como el de dinero quería. Así que lo dejé llevarme hasta mi casa. Si las cosas ya iban tan mal, ¿qué más daba que ese chico rico pisoteara un poco más de mi orgullo?... No era tan malo teniendo en cuenta que yo no pisaría más porquerías, al menos por hoy.

—¿Qué te pasó? —preguntó Briana al verme llegar al departamento que compartía con ella.

—Cosas —dije y agradecí al chico que me había devuelto a casa. Él habló con Briana de cosas que yo no escuché. Yo fui al baño a lavar mis pies. Allí me encontró mi amiga que se burló.

—Venías en carroza princesa. —dijo y suspiré. Como princesa en carroza no era justo como me sentí—. Creo que le gustaste —señaló mi compañera de piso y suspiré.

—Es una pena que vivamos en mundos tan diferentes... no funcionaría —dije resuelta a no pensar en ese chico nunca más. Briana asintió. Ellos y nosotros éramos tan diferentes que siempre que coincidíamos uno de los dos salía lastimado. Y nunca eran ellos.



Reto completado \(n.n)/... Deseo hayan disfrutado esta pesimista historia. Y bueno, yo escribo de lo que imagino y lo que vivo. Recién entré a trabajar a uno de los hoteles de una de las familias más ricas de mi ciudad; y me ha tocado presenciar esa parte elitista que uno piensa solo está en las telenovelas. La verdad es que los de dinero se codean con los de dinero y sus vidas son totalmente diferentes a la mía que no soy de dinero. Yo no soy pobre, pero entre yo trabajadora y ellos dueños hay una barrera invisible que se puede sentir. Además me ha tocado ver como ellos mismos señalan esas diferencias a quienes intentan ignorar dicha linea. Es un poco feito, pero la realidad es la realidad.

Gracias por leer. Besos hermosuras. 

52 RETOS DE ESCRITURA 2016¡Lee esta historia GRATIS!